“El salvamento del Costa Concordia ha sido la operación con más presión en mis 40 años de carrera”

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Nicholas Sloane, senior salvage master en la operación de salvamento del Costa Concordia

Costa Concordia: «La operación de salvamento con más presión de mi carrera»

Los trabajos que se llevan a cabo en el mar siempre tienen un plus de peligrosidad añadido. El entorno marino no es un laboratorio controlado en el que puedan aplicarse fórmulas matemáticas ni las leyes de la física con la tranquilidad de que no haya un margen de error.
Por ello, una operación como la que se planteó frente a las costas de Giglio precisaba de un líder experimentado, con determinación y que supiera gestionar un despliegue de medios nunca visto hasta la fecha.
Cuando Titan Salvage se hizo con el contrato para ejecutar el salvamento del Costa Concordia, un nombre salió rápidamente a la palestra.
Nicholas Sloane (Zambia, 1961) era un reputado profesional del sector, que atesoraba más de tres décadas de experiencia en aquel momento y que había desarrollado su carrera principalmente en las costas de Sudáfrica.
SubaQuatica Magazine ha entrevistado a este “auténtico héroe” de Giglio para que nos cuente su experiencia en esta titánica operación de salvamento.

P – Hasta el año 2012 usted había realizado muchos salvamentos de buques ¿qué tenía de diferente la operación del Costa Concordia?
R – Esta operación fue totalmente distinta a cualquier trabajo de salvamento que había hecho en los más de 40 años que llevo en el sector del salvamento marítimo y la industria offshore. Se trataba de uno de los cruceros más grandes del mundo, con una eslora equivalente a tres campos de fútbol, que había quedado hundido sobre uno de sus costados, sutilmente equilibrado sobre dos arrecifes.
El área del accidente, bajo la jurisdicción del Fiscal del Estado de Toscana/Grosetto, era impresionante. Habían muerto 32 personas y aún quedaban 2 cuerpos sin rescatar.
La población local estaba en estado de shock, y quería que se sacara el barco; el gobierno quería que se sacara; los operadores de cruceros querían que se sacara, y las familias de las 2 personas desaparecidas querían que les devolvieran sus cuerpos. Así que definitivamente nos encontramos ante la operación de rescate con más presión a la que nos habíamos enfrentado.
Teníamos ante nosotros un reto enorme. Los cruceros no están diseñados para permanecer recostados. La masa efectiva de estos gigantes se encuentra desde la línea de los botes salvavidas hasta la quilla. Todo lo que queda por encima es una construcción muy liviana, para minimizar el peso y maximizar los espacios para los pasajeros, por lo que en ese espacio no hay nada realmente con lo que trabajar para las empresas de salvamento.

-¿Por qué no se desguazó el crucero en el lugar del accidente?
-El buque no fue desguazado en el mismo lugar del accidente porque tanto su posición de costado como la falta de una estabilidad integral complicaban cualquier tarea de despiece. Corríamos el riesgo de que se deslizase más al fondo o que se rompiese de forma aleatoria al descompensar la estructura.
No podemos olvidar que se trataba del escenario de un siniestro marítimo, con dos personas aún dadas por desaparecidas y una investigación pendiente. La prioridad era reflotar el barco de manera íntegra.
Además, el impacto medioambiental de una operación de desguace es muy alto. Esto fue un aspecto muy importante, ya que la isla de Giglio obtiene el 85 por ciento de sus ingresos del turismo. No podíamos permitir que su entorno y su reputación se vieran empañadas por tener una gran cantidad de contaminantes en su costa.

“La única forma de reflotar el barco de una pieza era devolverlo a su posición vertical y crear una estructura de flotabilidad alrededor del casco para que pudiera navegar”

 

-La operación que usted planteo para enderezar el barco (parbuckling) parecía muy arriesgada ¿por qué eligió esa maniobra?
-La única forma de reflotar el barco de una pieza era devolverlo a su posición vertical y luego crear una estructura de flotabilidad externa alrededor del casco, para poder levantarlo del lecho marino.
Aunque sabíamos que se trataba de una maniobra arriesgada, no contemplamos ninguna otra alternativa viable.
Nadie creía realmente que el barco podría aguantar a las enormes fuerzas que se ejercen en una operación de parbuckling.

 

-Usted tuvo que organizar un enrome equipo de profesionales ¿qué fue lo más difícil en esto?
-Sin duda, conseguir un trabajo en equipo armonioso durante todas las fases.
Tuvimos a más de 500 personas (de más de 15 nacionalidades distintas) trabajando en el proyecto, con 6 empresas de ingeniería involucradas.
Al principio, todos dijeron que no querían correr riesgos ni comprometer su reputación diciendo que el barco podía enderezarse.
Aceptamos asumir dichos riesgos y si algo salía mal, también aceptaríamos las responsabilidades.
Pero tras analizar la situación concluimos que si no lo intentábamos, el barco definitivamente se rompería y generaría un gran desastre, un fracaso para todos los miembros de la operación y, sobre todo, la pérdida de los dos cuerpos desaparecidos.
Tuvimos que hacer que el equipo confiara en que el plan podría funcionar, a pesar de las opiniones contrarias que recibíamos desde fuera.

“Todos los que estuvimos en Giglio hemos crecido como personas y hemos aprendido a creer aún más en nuestras capacidades como profesionales”

-¿Qué fase fue para usted la más complicada de la operación de rescate?
-La operación de enderezado (parbuckling), por supuesto. Sin ella, no hubiera sido posible el rescate del Costa Concordia.
Nos faltaba flotabilidad y puntos de apoyo alrededor de la proa, por lo que diseñamos un tanque de flotabilidad externo, de casi 200 metros cúbicos, que tendría que colocarse de forma similar a un collarín (blister) en una persona accidentada, apoyándose en el arco de proa con la maniobra de rotación.

Una vez que habíamos terminado su construcción, sabíamos que teníamos una muy buena oportunidad de hacer que el giro se completase con éxito y dejara el barco estable.

-¿Qué cosas importantes aprendió de esta exitosa operación y de los profesionales con los que compartió tanto tiempo?
-Aprendí que si nunca te rindes y haces que las personas que trabajan contigo tampoco lo hagan y crean en sí mismos, el equipo en conjunto se vuelve mucho más poderoso y las posibilidades de éxito aumentan considerablemente.

 

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-En Giglio está considerado un héroe por el gran trabajo realizado ¿Qué sensaciones le produce?
-Nos sentimos muy arropados por la gente de Giglio durante todo ese tiempo.
En primer lugar, se les dijo que nuestro plan era una locura, y que no podía funcionar. Luego, a medida que lográbamos completar cada fase, comenzaron a creer que el barco podría resistir a la maniobra más complicada, y finalmente, lograr que pudiera ser remolcado para que la pesadilla acabase y pudieran seguir con sus vidas.
La gente de Giglio estaba conmocionada por el accidente, así que cuando empezamos a tener cierto éxito, nos dieron todo su apoyo y nos hicimos grandes amigos.
Quedé enamorado de la Isla y de su gente. Me siento muy privilegiado de haberlos conocido y haber contribuido a que recuperaran la normalidad.

– ¿Le ha cambiado en algo a nivel profesional y personal el salvamento del Costa Concordia?
– Sin duda. Esta operación marcó un cambio en mi vida. Pasé 30 meses en la isla, un tiempo en el que apenas pude estar con mi mujer y mis hijos. Fue increíblemente difícil.

Sin embargo, creo que el éxito de la operación supuso cambios sustanciales para la gente de Giglio. Puso fin al drama de las familias que esperaban la devolución de los restos de sus familiares para que pudieran tener un final digno. Eso es reconfortante a nivel personal.
El enorme equipo que formamos todos salió reforzado tras trabajar durante largos períodos en un proyecto en el que desde el principio pocas personas creyeron.
Y sin embargo tuvo éxito, por lo que todos los que estuvimos en la isla hemos crecido como personas y creemos aún más en nuestras propias capacidades.
Han quedado grabados en mi memoria cada uno de los desafíos que nos fuimos encontrando y que fuimos resolviendo. Cuando creo que las cosas no son posibles, recuerdo que el Costa Concordia fue reflotado y llevado a Génova como si fuera navegando de nuevo.
También me ha hecho valorar aún más el tiempo que paso con mi familia. Trato de aprovechar al máximo todo el que podemos compartir juntos.

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