Mi primera inmersión a 1.000 metros fue uno de los días más hermosos de mi vida
Muriel Sivazlian es una de las figuras pioneras del buceo profesional y la exploración submarina en Francia. Buzo profesional y piloto de submarinos civiles, desarrolló una trayectoria extraordinaria en un mundo entonces casi exclusivamente masculino, trabajando junto a algunos de los grandes nombres de una generación que llevó la actividad y la exploración submarina hasta nuevas profundidades.
Su historia comenzó mucho antes. Tenía apenas seis años cuando descubrió en televisión las expediciones del comandante Cousteau y comprendió que, bajo la superficie del mar, existía un mundo más misterioso y apasionante que el que la rodeaba. Creció en Marsella, con el Mediterráneo como parte natural de su vida, y muy pronto comenzó a explorar sus fondos.
La curiosidad de aquella niña acabaría convirtiéndose en una vocación y en una vida fuera de lo común, que la llevaría desde sus primeras inmersiones hasta las grandes profundidades.
¿Qué estudios o formación realizó para iniciar su carrera en el ámbito marítimo?
Mis padres, que eran comerciantes, me matricularon en una escuela de comercio porque imaginaban para mí una vida estable. Pero yo sabía que aquello no era lo que buscaba. Quería descubrir ese mundo inmenso, hermoso y salvaje que existía más allá de las ciudades.
“Mis verdaderos profesores fueron aventureros como Bernard Moitessier, Alain Gerbault o Henri de Monfreid. Ellos me enseñaron que un explorador debía ser autosuficiente: saber escribir para contar, fotografiar para dar testimonio y reparar para no depender de nadie”
Aprendí fotografía con un profesional y muchas habilidades prácticas junto a mi padre. Cuando me sentí preparada, vendí todo lo que tenía y compré un velero. Aquel viaje confirmó que el mar sería el hilo conductor de mi vida.
En Marsella descubrí COMEX y vi trabajar a los buzos profesionales. De repente, todo aquello que había alimentado mi imaginación cobraba vida. Comprendí que podía ganarme la vida trabajando bajo el mar, viajando por el mundo y participando en misiones extraordinarias. Iban a pagarme por viajar y vivir mis sueños.
En aquella época, prácticamente no había mujeres en el buceo profesional. No existían modelos ni un camino trazado. Así que tuve que construir el mío. Aprendí, luché y creé mi propio lugar en un universo exclusivamente masculino. No recorrí aquel camino porque existiera; lo abrí precisamente porque no existía.
¿Cómo fueron sus primeros pasos en el mundo marítimo y submarino?
Primero obtuve mi titulación de la Marina Mercante y después mis certificaciones de buceo deportivo. Necesitaba adquirir las competencias que algún día me permitirían vivir del mar.
Durante un viaje a Polinesia ocurrió algo inesperado. Una noche, en un motu tabu, una anciana polinesia me dijo que debía regresar cuanto antes a Francia para no perderme mi destino. Según ella, recorrería el mundo, trabajaría bajo el mar y regresaría muchas veces al Pacífico.
Pocos meses después de volver a Francia, aquella predicción comenzó a hacerse realidad. Durante las celebraciones del Bicentenario de Estados Unidos, en el castillo de Tarascon, conocí a Henri Germain Delauze, fundador de COMEX. Le hablé de mi pasión con tal convicción que decidió darme una oportunidad.
Me contrataron como timonel y buceadora de a bordo en el buque de investigación Minibex, donde también me ocupaba de la vigilancia, el mantenimiento y la cocina durante las misiones.
“Delauze creía en la polivalencia y pidió a Yvan Tchernomordik, especialista en vehículos submarinos, que me transmitiera sus conocimientos. Las jornadas eran largas y el trabajo enorme, pero había entrado en la que, para mí, era la empresa de trabajos submarinos más prestigiosa del mundo. Aprendí a mantener barcos, submarinos, equipos de buceo y sistemas utilizados en misiones científicas e industriales”
Tuve el privilegio de formarme junto a Henri Germain Delauze y Yvan Tchernomordik. Con el tiempo comprendí que había entrado en la mejor escuela hiperbárica posible: mis profesores eran los pioneros de la exploración y los trabajos submarinos.
¿Qué la impulsó a elegir una profesión tan poco habitual para una mujer en aquella época?
El mar me fascinaba y representaba para mí la mejor escuela de la vida. Con él no había medias tintas: me sacudía, me sorprendía, me alimentaba y también me consolaba. Primero aprendí a conocerlo desde la superficie, pero muy pronto quise romper aquel espejo y recorrerlo también en profundidad.
Nunca vi ninguna razón para que una mujer no pudiera ocupar su lugar allí. Conocíamos a los astronautas, que buscaban otros mundos más allá de las estrellas, mientras que justo bajo el nivel del mar existía otro universo igualmente desconocido y mucho más accesible.
También había seguido las aventuras de los primeros oceanautas de Précontinent I, II y III, dirigidas por el comandante Cousteau. Hombres como Claude Wesly y Albert Falco habían vivido durante días bajo el mar, y aquello me fascinaba. Más adelante tuve la suerte de conocerlos a través de mi trabajo y este año tendré el inmenso privilegio de unirme a ellos en el Muro de los Oceanautas de la Cité de la Mer, en Cherburgo.
¿Qué recuerdos conserva de sus primeras inmersiones profesionales?
A bordo del buque oceanográfico Minibex solo éramos tres personas encargadas del funcionamiento habitual del barco. El resto del tiempo recorríamos el Mediterráneo con el patrón en busca de pecios y otros hallazgos.
Junto a Henri Germain Delauze y Yvan Tchernomordik realicé numerosas inmersiones, desde el estrecho de Mesina hasta Gibraltar. Cada una respondía a una misión concreta y exigía preparación, rigor y dominio técnico.
Ya no se trataba de pasear u observar el mundo submarino, sino de investigación científica, exploración y, en ocasiones, recuperación de pecios, utilizando algunas de las tecnologías más avanzadas de la época. Trabajaba con profesionales de altísimo nivel y cada inmersión tenía un objetivo definido. El buceo había dejado de ser solo una pasión para convertirse en una profesión exigente y de una extraordinaria riqueza humana y técnica.
“Después llegó mi primera inmersión en submarino, a bordo del Rémora 600, y mis comienzos como buzo profesional tras ingresar en el Institut National de Plongée Professionnelle. Fue una revelación”
Con la cabeza dentro del casco, me comunicaba permanentemente con la superficie mientras avanzaba lentamente por el fondo y realizaba mi trabajo con una sorprendente sensación de naturalidad, como si siempre hubiera pertenecido a aquel universo.
Había encontrado mi lugar. Bajo el mar, me sentía en casa.
¿Existía ya una verdadera cultura de la seguridad?
En COMEX, la seguridad y la profesionalidad no eran simples principios: formaban parte de la vida cotidiana. Estaba rodeada de algunos de los mejores buzos del mundo y formábamos una verdadera familia.
Henri Germain Delauze era una referencia indiscutible del buceo profesional. Su nivel de exigencia estaba a la altura de su propia trayectoria. Exigía mucho porque él mismo había dado muchísimo. Era un gigante del mundo submarino, pero también un hombre accesible, humano y cercano a sus equipos. ¡Atención, no he dicho que fuera un santo! Era un jefe.
Cuando dejé aquel universo para trabajar con empresas de obras públicas y portuarias, descubrí una realidad muy diferente. Había compañías extraordinarias y otras que lo eran bastante menos. Dependiendo de la empresa y de sus responsables, la seguridad podía ser una prioridad absoluta… o quedar relegada a un segundo plano.
SER MUJER EN EL SECTOR
¿Encontró obstáculos por ser mujer en el mundo del buceo profesional? ¿Le sorprendía la reacción de otros profesionales cuando la veían trabajar?
Por supuesto. Muchos hombres no querían a una mujer en su terreno porque deseaban preservar un universo exclusivamente masculino. El buceo profesional era un oficio de riesgo, un trabajo duro asociado a una imagen heroica. Para algunos, la llegada de una mujer alteraba aquel equilibrio e incluso representaba una amenaza: podía demostrar que era capaz de hacerlo tan bien como ellos, o incluso mejor.
Muchos tenían una visión muy estereotipada de la mujer. La veían como esposa, objeto de atracción o conquista, rara vez como una profesional capaz de compartir los mismos riesgos y responsabilidades.
“He conocido a unos cuantos groseros, pero mi pasión estaba muy por encima de todo aquello. Algunos llegaron a llamarme “vagina” para humillarme. Otros me asignaban deliberadamente largas listas de trabajos mientras el resto del equipo disfrutaba de las escalas en tierra. Incluso llegaron a cortarme el suministro de aire mientras me decían que el lugar de una mujer estaba bajo las sábanas y no bajo el mar”
En una profesión en la que dependes del aire que respiras, aquello no tenía nada de broma. Pero lo que ellos no sabían era cuánto había aprendido junto a los mejores. Por supuesto, todo esto ocurrió fuera de COMEX.
Tuve que luchar cada día para hacerme un lugar. Sabía que, para algunos, la menor dificultad de una mujer serviría para confirmar que no pertenecía a aquel mundo. Pero nada ni nadie conseguiría hacerme renunciar a mis sueños. Intentaron intimidarme y hacer que acabara aborreciendo el oficio. No lo consiguieron.
Con el tiempo me convertí en la mascota, en la hermana pequeña. Había entrado a formar parte de la gran familia de la gente de mar.
¿Tuvo la sensación de que debía demostrar más que sus compañeros? ¿Hubo momentos en los que pensó en abandonar?
No, nunca. Mi pasión era demasiado fuerte. Estaba por encima de todo. Por supuesto. Tenía que demostrar más y hacer más que los hombres.
En mi primer trabajo me dijeron: «He visto en tu currículum que has llevado un restaurante. Durante las misiones te encargarás de la cocina y del mantenimiento del barco».
Dependiendo del lugar donde estuviera amarrado el barco, a veces también me quedaba a bordo para vigilarlo. Tenía que ganarme mi lugar y nada me daba miedo.
¿Cómo ha evolucionado la presencia de las mujeres en el sector submarino?
Afortunadamente, la sociedad ha evolucionado. Las mujeres han ganado terreno en prácticamente todos los ámbitos, incluidos aquellos que antes se consideraban exclusivamente masculinos. Las mentalidades han cambiado, a veces lentamente, pero han cambiado.
“Las mujeres son hoy más independientes y libres para elegir su camino. Han accedido a profesiones que durante mucho tiempo se consideraron inaccesibles y han demostrado, con su trabajo, resistencia y capacidad para enfrentarse a la adversidad, de lo que son capaces”
Más adelante, cuando me convertí en instructora de buzos profesionales y submarinistas en el Institut National de Plongée Professionnelle, tuve la oportunidad de formar a otras mujeres.
Todavía persisten algunos prejuicios, pero hoy resulta mucho más difícil afirmar que una mujer es incapaz de ejercer una profesión simplemente por ser mujer. Han sido las propias mujeres quienes, con su valor, perseverancia y resultados, han cambiado la forma de mirar las cosas.
¿Considera que el buceo profesional sigue siendo hoy un entorno difícil para las mujeres?
El buceo profesional sigue siendo un entorno muy exigente, tanto para los hombres como para las mujeres. Las exigencias físicas, técnicas y psicológicas son las mismas para todos.
Sin embargo, mientras las mujeres sigan siendo minoría, a menudo tendrán que esforzarse más para que se reconozca su verdadero valor y demostrar una legitimidad que se concede con mayor facilidad a sus compañeros varones.
Bajo el mar, como en el espacio, la fuerza física no es lo más importante. Bajo el agua, el principio de Arquímedes nos libera en gran medida del peso del cuerpo. Lo que realmente marca la diferencia son el dominio técnico, la precisión y la sangre fría.
COMEX Y EL BUCEO PROFUNDO
¿Qué significó para usted trabajar con COMEX?
COMEX era la NASA del mundo submarino. Trabajar para ella, junto a los mejores buzos, ingenieros y técnicos, era tanto un honor como un privilegio. Me sentía inmensamente orgullosa.
COMEX me había dado una oportunidad. Es cierto que el precio que había que pagar era alto, pero, sobre todo, me había abierto las puertas de un universo excepcional, un mundo al que probablemente nunca habría podido acceder sin ella.
Allí aprendí mi profesión junto a quienes cada día ampliaban sus límites. Aquella experiencia marcó profundamente mi vida y dio forma a la profesional en la que me convertí.
¿Qué es lo que más recuerda de aquella etapa?
Había entrado en la más prestigiosa de las escuelas. Era un hecho. Junto a mis dos mentores aprendí lo que ningún club de buceo habría podido enseñarme jamás.
Allí aprendí a conocerme, a superarme y a ampliar mis propios límites. Descubrí la fuerza, pero también la humildad. Me enfrenté a mis miedos, superé mis incertidumbres y comprendí que la confianza no se decreta: se construye, inmersión tras inmersión, prueba tras prueba.
“Crecí como se crece dentro de una familia exigente, donde todos te empujan a dar lo mejor de ti misma mientras te transmiten sus valores. Ese aprendizaje me ha acompañado durante toda mi vida”
COMEX me había forjado. Me había preparado para el mundo de los trabajos offshore, las obras públicas, la arqueología y todo tipo de proyectos submarinos. Me había proporcionado la confianza necesaria para ejercer esta profesión, con la certeza de haber sido formada por los mejores.

¿Cómo describiría la filosofía operativa y la cultura de seguridad de COMEX?
Como ya he señalado, en COMEX la seguridad y la profesionalidad no eran simples principios: formaban parte de la vida cotidiana. Estaba rodeada de algunos de los mejores buzos del mundo y formábamos una verdadera familia.
“Henri Germain Delauze era una referencia indiscutible del buceo profesional. Su nivel de exigencia estaba a la altura de su propia trayectoria. Exigía mucho porque él mismo había dado muchísimo. Era un gigante del mundo submarino, pero también un hombre accesible, humano y cercano a sus equipos. ¡Atención, no he dicho que fuera un santo! Era un jefe”
Cuando dejé aquel universo para trabajar con empresas de obras públicas y portuarias, descubrí una realidad muy diferente. Había compañías extraordinarias y otras que lo eran bastante menos. Dependiendo de la empresa y de sus responsables, la seguridad podía ser una prioridad absoluta… o quedar relegada a un segundo plano.
¿Qué enseñanzas le dejó el trabajo a grandes profundidades?
En los abismos comprendí el poder de nuestro planeta: su belleza, su riqueza y su fuerza, pero también nuestra infinita pequeñez. Frente a la inmensidad de los océanos, nuestras disputas, ambiciones y certezas pueden parecer insignificantes.
Comprendí que un planeta tan extraordinario es casi un milagro y que, antes de saquearlo, deberíamos aprender a conocerlo, comprenderlo y protegerlo. Las profundidades me enseñaron a respetar la vida y me mostraron hasta qué punto la actividad humana puede ser destructiva cuando la codicia, el beneficio y el poder se imponen a la inteligencia y la responsabilidad.
Allí descubrí la verdadera riqueza de nuestro mundo: la infinita diversidad de la vida, moldeada durante millones de años. A menudo he pensado que el mayor de los artistas no es un pintor, un escultor o un arquitecto, sino la propia naturaleza. Ningún genio puede competir con la complejidad y la belleza del mundo vivo.
Los abismos me enseñaron que no somos los propietarios de este planeta, sino únicamente sus huéspedes, con el deber de transmitirlo tan hermoso —o al menos menos dañado— como lo encontramos. Algo que estamos muy lejos de conseguir.
¿Qué diferencias existían entre el buceo comercial de aquella época y el actual? ¿Hasta qué punto ha evolucionado la tecnología submarina desde aquellos años?
El buceo comercial de antaño dependía, ante todo, del ser humano: de su experiencia, de su valor y de sus conocimientos. Lo empujaba a ser protagonista de sus propias experiencias.
“Hoy, las máquinas, los robots y la inteligencia artificial están tomando progresivamente el relevo. Es una evolución inevitable que aporta avances, especialmente en materia de seguridad, eficiencia y acceso a profundidades cada vez mayores”
Sin embargo, temo que, a largo plazo, pueda alejar al ser humano de lo que es en esencia. No puedo evitar pensar que esta revolución tecnológica nos distancia poco a poco del mundo real al que pertenecemos. A fuerza de delegar en las máquinas aquello que antes hacía el ser humano, corremos el riesgo de perder todas esas sensaciones que construyen la experiencia humana.
Nada podrá sustituir jamás lo que siente un buzo cuando desciende bajo el mar. Ningún robot experimentará la emoción de un encuentro con el mundo submarino ni la humildad que inspira el silencio de las profundidades.
La tecnología es una herramienta extraordinaria, pero nunca debería hacernos olvidar que la mayor riqueza sigue estando en la mirada, la inteligencia, la sensibilidad y la capacidad de asombro del ser humano.
Al querer delegarlo todo en las máquinas, quizá corramos el riesgo de dejar de vivir el mundo para limitarnos a observarlo a través de ellas.
Porque una vida no se resume en lo que uno ve. Se construye, sobre todo, a partir de lo que uno siente.
SUBMARINOS CIVILES Y EXPLORACIÓN
También trabajó como piloto de submarinos civiles. ¿Cómo se produjo esa transición?
Mi sueño siempre fue recorrer el mundo y descubrir el planeta en el que había comenzado mi vida.
Cuando me planteé convertirme en buzo de saturación para descender cada vez a mayor profundidad, los médicos hiperbáricos me advirtieron de los riesgos. Yo era la primera mujer que quería seguir ese camino y no existían conocimientos suficientes sobre los efectos de las inmersiones con mezclas de gases, especialmente helio o hidrógeno, sobre el organismo femenino.
“Un médico de COMEX me dijo: «Si quieres tener hijos, no corras ese riesgo. No tenemos experiencia suficiente sobre sus efectos». Aquella frase quedó grabada en mi memoria”
También sabía que el cuerpo humano tenía sus límites. Un buzo depende de su fisiología, mientras que un submarino permite superar esas limitaciones con una seguridad y unas posibilidades incomparables.
Había participado en el mantenimiento del submarino de Henri Germain Delauze. El día que lo piloté y realicé mi primera inmersión fue una revelación. A partir de entonces solo pensé en obtener mis titulaciones como piloto de submarinos y superar, a mi manera, los límites impuestos al ser humano.
¿Cuál fue su primera experiencia de inmersión en un submarino?
Mi primera inmersión en submarino tuvo lugar en COMEX, sobre el pecio del Sainte-Dorothéa, frente a Villefranche-sur-Mer. Por entonces me encargaba del mantenimiento del submarino junto a Yvan Tchernomordik.
“Un día, Michel L’Hour, que dirigía la misión arqueológica, me dijo: Hoy eres tú quien baja. Cada vez que haces el mantenimiento de este submarino se te iluminan los ojos. Como hoy el cliente soy yo, te regalo esta inmersión“
Solo descendimos hasta los 72 metros, pero aquella experiencia cambió el rumbo de mi vida.
Fue también en aquel pecio donde, después de bucear conmigo con equipo autónomo, Henri Germain Delauze decidió enviarme al INPP para formarme como buzo profesional. Hay que decir que, bajo los efectos de la narcosis, me había quitado varias veces el regulador para gritarle que quería ser buzo profesional. Por mi insolencia me despidió varias veces allí abajo… aunque, una vez en superficie, terminó aceptando.
Aquella decisión marcó el comienzo de mi carrera como buzo profesional. Y cuando me encontré a los mandos del submarino, descendiendo hacia el pecio, comprendí que mi siguiente objetivo sería convertirme en piloto. Para conseguirlo, tendría que abandonar COMEX y ampliar mi experiencia en otros ámbitos del mundo submarino
¿Cómo fueron sus primeros pasos como piloto de submarinos civiles?
Más adelante embarqué en el buque oceanográfico Ocean Voyager, que llevaba dos submarinos civiles capaces de descender hasta los 1.000 metros. El proyecto, impulsado por el grupo Canal+, exploraba los grandes fondos marinos siguiendo el legado del comandante Cousteau.
Había presentado mi candidatura como buzo profesional, pero finalmente fui contratada como piloto de submarinos, una cualificación muy poco común en el ámbito civil. Mi experiencia en COMEX y como buzo profesional jugó a mi favor.
Mis comienzos fueron difíciles. Un día, a unos 400 metros de profundidad, sufrimos una avería eléctrica y mi jefe perdió el control. Intenté tranquilizarlo recordándole que el submarino estaba diseñado para regresar de forma natural a la superficie.
Mi experiencia como buzo me había enseñado a gestionar el riesgo. Mientras él solo veía peligro, yo continuaba contemplando las profundidades y las criaturas que desfilaban ante nuestros ojos durante el ascenso. Aquel día comprendí que la sangre fría no depende de un rango ni de un título, sino de la experiencia adquirida frente al riesgo.
¿Cómo describiría la experiencia de descender a grandes profundidades en un submarino tripulado? ¿Qué se siente al descender varios cientos de metros bajo el agua?
Mi primera inmersión a 1.000 metros fue, sin duda, uno de los días más hermosos de mi vida. Si hubiera podido descender aún más, lo habría hecho sin dudarlo.
Cada criatura era una fuente de asombro. El pulpo Dumbo parecía flotar en la oscuridad como una nave espacial entre organismos bioluminiscentes. A través de la esfera del submarino, el fondo del océano dibujaba un horizonte curvado. Tenía la sensación de recorrer otro mundo, como un astronauta explorando un universo desconocido.
En el fondo, un tiburón dormido dejaba que un gran cangrejo caminara sobre él. Más lejos, una quimera se desplazaba con la gracia de una bailarina mientras unas gambas revoloteaban a su alrededor como en un ballet silencioso. Todo aquel mundo parecía susurrarme: “Mira… este espectáculo es para ti”.
El mar siempre ha ocupado un lugar esencial en mi vida. Cuando perdí a mi madre, a los veintisiete años, encontré refugio en el océano. De alguna manera, se convirtió en mi segunda madre: me acogió, me protegió y, sobre todo, me enseñó la vida.
Siempre he mantenido con el mar una relación casi íntima. Me enseñó que las mayores riquezas no son aquellas que poseemos, sino las que contemplamos con asombro.
¿Cuál ha sido el entorno submarino más impresionante que ha descubierto?
Todo es hermoso bajo el agua, desde los arrecifes de coral hasta los abismos. Lo que cambia son las especies a medida que aumenta la profundidad.
“Más allá de los 500 metros se abre un universo bioluminiscente, un mundo donde la luz es producida por los propios seres vivos. James Cameron se inspiró ampliamente en las grandes profundidades para crear el universo de Avatar. Cuando se ha tenido la oportunidad de sumergirse en los abismos, esa relación resulta evidente”
Bajo el mar encontramos montañas, acantilados, cuevas, cañones, volcanes, llanuras abisales y fuentes hidrotermales. Los fondos oceánicos constituyen un mundo tan rico, diverso y espectacular como los paisajes de la superficie.
Nuestro planeta es extraordinario, el único mundo conocido capaz de albergar semejante diversidad de vida. Es una auténtica joya y, sin embargo, con demasiada frecuencia somos incapaces de comprender el valor del patrimonio que se nos ha confiado.
¿Qué inmersiones y expediciones considera entre las más significativas de su trayectoria?
He tenido la suerte de sumergirme en pecios míticos: el Royal Captain, en Filipinas; el Yamato, el mayor acorazado japonés jamás construido; el junco de Brunéi, frente a Borneo; y el Britannic, buque hermano del Titanic, en Grecia. También tuve el privilegio de participar, en 1996, en una misión de exploración del Titanic.
Tanto con equipo de buceo como en submarino, exploré tesoros sumergidos, volcanes y cuevas, adentrándome en los misterios de la arqueología submarina y en la búsqueda de especies desconocidas. Cada misión era una aventura; cada inmersión, una página de la historia o un capítulo inédito de la vida en la Tierra.
A menudo me preguntan cuál fue mi inmersión más hermosa, pero soy incapaz de responder. Cuando descubres otro mundo, cada inmersión es única.
Solo deseo que algún día la humanidad comprenda la extraordinaria suerte de habitar este planeta. No es simplemente un mundo que explotar, sino un tesoro que debemos conocer, respetar y proteger. Temo que en apenas unas décadas hayamos destruido parte de lo que millones de años de evolución construyeron pacientemente
SEGURIDAD Y PROFESIÓN DE RIESGO
¿Considera que el buceo profesional sigue estando insuficientemente reconocido como una actividad de alto riesgo? ¿Qué opinión le merece la situación de las jubilaciones en las profesiones hiperbáricas?
El buceo profesional sigue siendo una de las profesiones más exigentes y peligrosas y, sin embargo, continúa estando muy mal reconocido cuando llega el momento de la jubilación.
Se habla mucho de penosidad laboral, pero años de exposición a los riesgos, inmersiones, trabajo en el mar y exigencias físicas parecen no tener hoy consecuencias sobre mis derechos. He pasado gran parte de mi vida bajo el agua, he perdido a amigos buzos y he ejercido una profesión en la que un error podía costarte la vida.
También trabajé a bordo de buques franceses bajo pabellón extranjero y en territorios franceses de ultramar, circunstancias que han complicado el reconocimiento de determinados derechos sociales. A solo cinco meses de mi jubilación, todavía tengo que luchar para que se reconozcan periodos de cotización que no aparecen en mi historial laboral.
“A pesar de tener más de 180 trimestres validados entre los diferentes regímenes de jubilación, me han aconsejado seguir trabajando hasta los sesenta y siete años para percibir una pensión completa. Después de una carrera dedicada a una de las profesiones más difíciles que existen, me cuesta comprender una respuesta semejante”
Sabemos reconocer y rendir homenaje a estas profesiones mientras están en activo. Sería justo que ese reconocimiento existiera también cuando llega el momento de la jubilación.
Después de una vida dedicada a una profesión tan exigente, ¿se arrepiente en algún momento del camino elegido?
Cuando me jubile, no tendré más derechos que una dependienta o un empleado de Correos, a pesar de haber pasado mi vida ejerciendo una de las profesiones más peligrosas que existen. Es una realidad difícil de aceptar.
Y, sin embargo, si tuviera que hacerlo de nuevo, elegiría exactamente el mismo camino.
“He explorado pecios míticos, recorrido los abismos y contemplado paisajes que muy pocos seres humanos tendrán la oportunidad de ver. Mientras algunos han dedicado su existencia a acumular bienes, privilegios o poder, yo perseguí otro tesoro: el conocimiento, la exploración y la cercanía con el mundo vivo. Quizá no haya llenado una cuenta bancaria, pero he llenado mi vida”
Mi único pesar es no haber alcanzado la fosa de las Marianas. A menudo he sentido que los abismos eran el alma de nuestro planeta y me habría gustado acercarme todavía más a ella.
Prefiero llevarme los recuerdos de las profundidades, el silencio de los abismos, la belleza del mundo vivo y la certeza de haber vivido de acuerdo con mis convicciones. Esa riqueza nadie podrá arrebatármela jamás.
¿Envejece de manera diferente el cuerpo de un buzo? ¿Qué secuelas físicas deja toda una vida trabajando bajo presión?
Por supuesto, el cuerpo termina llevando las huellas de una vida pasada bajo el agua. Hay que convivir con la presión, las descompresiones, el trabajo físico, las largas jornadas, las noches en el mar y, en ocasiones, condiciones extremas.
Hoy padezco enfisema. Durante mi carrera realicé trabajos de soldadura en espacios confinados sin las protecciones que hoy se considerarían indispensables. También he sufrido una doble hernia cervical, tengo dos vértebras fusionadas, sufrí una electrocución con 220 voltios mientras tenía los pies en el agua, un accidente de descompresión sin posibilidad de ser recomprimida en una cámara hiperbárica, innumerables cortes y una gangrena que estuvo a punto de costarme una pierna.
“En varias ocasiones, la muerte se sentó a mi lado. Cada una de aquellas pruebas me recordó lo preciosa que es la vida y reforzó mi determinación para seguir adelante. Mi fortaleza mental, forjada a través de esas experiencias, siempre ha sido mi mejor aliada”
Esta vida es la mía. Yo la elegí y la he vivido con pasión. Elegí las profundidades, la exploración y el descubrimiento de un mundo que muy pocos seres humanos tendrán la oportunidad de conocer. Mi cuerpo lleva hoy sus cicatrices, pero mi espíritu no tiene ningún arrepentimiento.
He tenido la suerte de vivir plenamente, de dar sentido a mi existencia y de hacer realidad el sueño que me acompañaba desde la infancia. Probablemente sea esa la más hermosa de las victorias.
TECNOLOGÍA Y FUTURO
¿Cómo percibe la llegada de la automatización y la inteligencia artificial al mundo submarino?
Si la inteligencia artificial se utiliza con discernimiento, podría ayudarnos a llegar de forma más directa a lo esencial. Todo dependerá de los objetivos que los seres humanos decidamos asignarle.
Me gusta pensar que podría contribuir a construir un mundo mejor si se pone al servicio del bien común, ayudándonos a proteger a la humanidad, la biodiversidad y los grandes equilibrios del planeta.
La tecnología no es buena ni mala por sí misma; refleja las intenciones de quienes la diseñan y utilizan. Si se emplea para explotar o destruir, amplificará esas desviaciones. Pero, si se pone al servicio del conocimiento, la cooperación y la protección de la vida, podría convertirse en uno de los grandes avances de nuestra civilización.
Quizá el verdadero desafío de la inteligencia artificial no sea saber qué será capaz de hacer, sino qué decidiremos nosotros pedirle que haga.
¿Acabarán los ROV sustituyendo una parte del trabajo humano?
Los ROV ya están sustituyendo a los buzos en intervenciones a grandes profundidades. No están sometidos a las limitaciones físicas y fisiológicas del ser humano, pueden trabajar día y noche y operar bajo presiones extremas y en entornos especialmente hostiles.
“En ámbitos como la industria offshore, la inspección de infraestructuras submarinas, las intervenciones técnicas o determinadas misiones científicas, ya son herramientas imprescindibles. Esta evolución mejora la seguridad al reducir la exposición humana a los riesgos y también permite reducir los costes de las operaciones”
Pero transforma profundamente la profesión. Poco a poco, el buzo se convierte en operador, supervisor o especialista en sistemas, allí donde antes era el protagonista directo de la intervención.
Una página de la historia del buceo profesional está empezando a cerrarse. Aunque esta evolución supone un progreso, también marca el final de una época: la de aquellos pioneros que arriesgaban su propio cuerpo para realizar misiones que hoy llevan a cabo las máquinas.
¿Qué papel seguirá desempeñando el buzo profesional en el futuro?
Creo que, como en muchos sectores industriales, los ROV sustituirán a los seres humanos en gran parte de las intervenciones submarinas. Probablemente sea solo cuestión de tiempo.
¿Qué opinión tiene de la nueva generación de pilotos de ROV y técnicos submarinos? ¿Cree que están suficientemente preparados para el futuro del sector?
Los futuros pilotos de ROV serán, ante todo, especialistas en sistemas robotizados, informática e inteligencia artificial. Su papel evolucionará más hacia el de técnicos o supervisores que hacia el de exploradores de los fondos marinos.
Se convertirán, sin duda, en excelentes profesionales, aunque no estoy segura de que posean el mismo conocimiento intuitivo de los ecosistemas, las corrientes, los relieves o el comportamiento de la fauna que tenían los buzos y pilotos de submarinos de mi generación. Parte de esas capacidades se integrará progresivamente en las propias máquinas.
La inteligencia artificial analizará los datos, guiará las intervenciones y optimizará las trayectorias. Será otra manera de explorar los océanos, probablemente más eficiente desde el punto de vista técnico, pero diferente en el plano humano. Ninguna inteligencia artificial podrá sentir el asombro de un piloto que descubre por primera vez las profundidades ni comprender el vínculo íntimo que puede surgir entre un ser humano y el mundo submarino.
Me siento feliz de haber pertenecido a esa última generación de oceanautas que todavía exploraba las profundidades con sus propios sentidos, su intuición y su experiencia. Para mí, esa generación marca el final de una época. Quizá sigan existiendo oceanautas bajo otra forma, pero aquellos que realmente vivían el océano, en contacto directo con sus profundidades, pronto pertenecerán a la historia.
LA JUBILACIÓN Y EL LEGADO
¿Cómo se prepara para la jubilación una pionera del mundo submarino?
Como ya le he dicho, cuando me jubile solo recibiré migajas. Teniendo en cuenta la carrera que he desarrollado, los riesgos que he asumido y los sacrificios que me ha exigido, siento que mi trabajo no está verdaderamente reconocido ni respetado.
Además, confié mi expediente de jubilación a una consultora supuestamente especializada. Cobró todos mis cheques, pero las gestiones prometidas no se realizaron correctamente. He perdido un año, 4.620 euros e incluso han desaparecido algunos documentos.
Ahora tengo que luchar para reparar ese perjuicio. Es una situación profundamente desalentadora, pero me niego a rendirme. Durante toda mi vida me he enfrentado a tempestades, profundidades, accidentes y dificultades. No voy a abandonar ahora. La misma determinación que me permitió hacer realidad mis sueños me ayudará a defender mis derechos.
¿Es realmente posible alejarse del mar después de toda una vida?
No, en absoluto. Sería como abandonar a una familia que me ha alimentado, formado y dado todo.
A pesar de las dificultades, las heridas y las desilusiones, nunca podría renegar de lo que esta profesión me ha aportado. Me convirtió en la mujer que soy y me dio mucho más que una carrera: me dio una razón para vivir.
¿Qué siente cuando mira atrás y recuerda todo lo que ha vivido?
Estoy orgullosa de haber mantenido intactas mis convicciones, de haber vivido mi pasión y de permanecer fiel a quien era.
A menudo he comparado mi vida con la de los grandes aventureros y, especialmente, con la de los piratas. Más allá de las leyendas, algunos defendían ideas de libertad, mérito y solidaridad que siempre encontraron un profundo eco en mí.
Entre ellos también hubo mujeres extraordinarias. Anne Bonny siempre me inspiró. Me decía que, si en el siglo XVIII había conseguido encontrar su lugar en un universo exclusivamente masculino, yo también podía hacerme respetar en el mundo del buceo profesional.
Son esas mujeres y hombres quienes hacen avanzar el mundo. No siguen los caminos trazados: abren otros nuevos. Si mi trayectoria puede inspirar a una joven a creer en sus sueños y a no rendirse ante los obstáculos, entonces todo lo que he vivido habrá tenido sentido.
¿De qué se siente más orgullosa?
De haber vivido la vida que elegí, sin renunciar a mis convicciones ni aceptar las concesiones que otros quisieron imponerme. Simplemente viví como una mujer libre.
Desde niña soñaba con la libertad y he tenido el privilegio de vivirla plenamente. Mi mayor felicidad no ha sido triunfar profesionalmente, sino permanecer fiel a mí misma.
Nunca quise negociar mi libertad. No entregué nada de mí para conseguir un lugar ni renuncié a mis convicciones para ser aceptada. Preferí avanzar sola antes que renunciar a mi identidad.
Nací libre y quiero seguir siéndolo hasta mi último aliento. No se me compra, no se me posee, no se me domina. Los obstáculos nunca consiguieron detenerme; simplemente me enseñaron a superarlos.
¿Qué consejo daría a una joven que hoy quisiera dedicarse al buceo profesional?
Le diría que nunca permita que nadie le haga creer que es menos capaz que los demás. Durante siglos, muchas mujeres tuvieron que luchar para ser reconocidas, escuchadas y respetadas, y abrieron puertas a costa de enormes sacrificios. Ahora corresponde a las nuevas generaciones continuar ese camino, sin olvidar que su valor no depende de la mirada de nadie.
También diría a los padres que el mundo del mañana comienza a construirse en casa. Educad a vuestros hijos y a vuestras hijas con los mismos derechos, deberes, exigencias y respeto. Enseñadles que ningún sueño tiene sexo y que el valor, la inteligencia, la sensibilidad y la libertad pertenecen a todos.
“Nunca abandonéis vuestros sueños. Atreveos a vivir una vida que se parezca a vosotros. La mayor victoria no consiste en parecerse a los demás, sino en tener el valor de ser uno mismo”
¿Qué legado le gustaría dejar en el sector submarino?
Me gustaría tener algún día el honor de reunirme con quienes me precedieron en el Muro de los Oceanautas y, a través de ese reconocimiento, seguir hablando a las nuevas generaciones, especialmente a las jóvenes.
Quisiera decirles que crean en sus sueños, que sean independientes y que nunca permitan que otros decidan por ellas lo que pueden o no pueden conseguir. La libertad se conquista; no se recibe.
También debemos educar a niños y niñas con los mismos derechos, deberes, respeto y responsabilidades. No debemos enseñar a unos que son superiores ni a otras que deben hacerse a un lado.
Las mujeres y los hombres no son adversarios. Son dos fuerzas que, cuando avanzan juntas desde el respeto, la inteligencia y la libertad, pueden construir una sociedad más justa, equilibrada y respetuosa con la vida.
Quizá sea así como podamos ofrecer a las generaciones futuras un mundo mejor que el que les estamos dejando.
Muriel Sivazlian
Buzo profesional y piloto de submarinos civiles




¿Cuál fue su primera experiencia de inmersión en un submarino?
¿Qué inmersiones y expediciones considera entre las más significativas de su trayectoria?
¿De qué se siente más orgullosa?