“Mi objetivo es trabajar para que el buceo comercial sea aún más seguro que cuando empecé. La cultura de la seguridad tiene que ser un elemento vivo”
“Mi objetivo es trabajar para que el buceo comercial sea aún más seguro que cuando empecé. La cultura de la seguridad tiene que ser un elemento vivo”

La evolución del buceo comercial pasa, en gran medida, por la mejora continua de la seguridad y de los estándares técnicos que regulan la profesión. En ese ámbito, la Asociación Internacional de Contratistas de Buceo (ADCI) desempeña un papel de referencia a nivel mundial.
Al frente de esa labor se encuentra ahora Jeffrey Gazarek, un profesional con más de 22 años de experiencia en operaciones de buceo comercial, supervisión y gestión del riesgo, que recientemente ha asumido la presidencia del Comité de Seguridad y Técnico de la ADCI. Desde este puesto lidera la revisión y desarrollo del Consenso De Normas Internacionales de la asociación, coordina el trabajo de expertos de toda la industria y contribuye a definir las mejores prácticas que marcarán el futuro del sector.
En esta entrevista, Gazarek reflexiona sobre su trayectoria, los desafíos de la seguridad en el buceo comercial y las prioridades de un comité llamado a seguir impulsando la evolución técnica y profesional de la industria.
Pregunta- Usted lleva más de dos décadas dedicado al buceo comercial, evolucionando desde las operaciones en campo hasta el liderazgo en seguridad y el desarrollo de estándares para la industria. Mirando atrás, ¿cuáles han sido los momentos que más han marcado esa trayectoria?
Respuesta- A lo largo de mi carrera he vivido varios momentos decisivos que han marcado mi desarrollo profesional. Sin embargo, si tuviera que destacar uno por encima del resto, sería haber completado con éxito mi primera campaña de buceo en saturación (SAT).
Desde que comencé la escuela de buceo, obtener la cualificación como buzo de saturación era mi gran objetivo. Representaba la máxima expresión de la especialización técnica y un hito fundamental en mi desarrollo como buzo comercial. Alcanzarlo con tan solo 26 años fue enormemente gratificante y supuso un punto de inflexión en mi carrera.
Con el paso del tiempo y el desempeño de nuevas responsabilidades, mis objetivos han ido evolucionando de forma natural. Aquello que antes giraba en torno a logros técnicos personales ha dado paso a una visión centrada en el liderazgo, el impacto sobre la industria y la mejora de sus estándares.
En mi puesto actual, haber sido elegido por el Consejo de Administración de la ADCI para presidir el Comité de Seguridad y Técnico constituye otro de esos grandes momentos. Esta responsabilidad me brinda la oportunidad de contribuir a definir el futuro de la seguridad y de las prácticas técnicas del buceo comercial a una escala mucho mayor. Resulta especialmente gratificante contar con el respaldo y la confianza de referentes tan respetados dentro del sector. Esa confianza me honra, me motiva y refuerza mi compromiso con el desarrollo de unos estándares de seguridad y técnicos cada vez más sólidos para toda la industria.
P- Su carrera le ha llevado desde las operaciones de buceo hasta la gestión del riesgo y el cumplimiento normativo. ¿Cómo cambia la percepción de la industria cuando el foco deja de estar únicamente en la inmersión para abarcar todo el sistema que la hace posible?
R– Viví un incidente en el que sentí que no tenía ningún control sobre lo que estaba ocurriendo. Aquella experiencia me llevó a dar el paso hacia el puesto de supervisor de buceo a tiempo completo, porque quería evitar que otros tuvieran que pasar por una situación similar.
Una vez asumí ese cargo, dediqué mucho tiempo a estudiar el manual de prácticas seguras de mi empresa. Lo comparé con los estándares de la industria, detecté discrepancias y las puse sobre la mesa. Ese proceso despertó en mí un enorme interés por la gestión del riesgo y el cumplimiento normativo.
Ese cambio transformó completamente mi perspectiva. Mientras que como buzo uno se concentra en ejecutar correctamente el trabajo bajo el agua, al asumir funciones de supervisión y gestión del riesgo comprendí la importancia de todo el sistema de apoyo: la planificación, los procedimientos, la cultura organizativa y la toma de decisiones
Aprendí que la mayoría de los incidentes no tienen su origen en el buzo que está en el agua, sino en las deficiencias del sistema que lo respalda.
Al final, todo consiste en avanzar paso a paso. Cada puesto, desde el tender hasta el superintendente, desempeña un papel en la gestión del riesgo. Siempre he mantenido una visión global del riesgo, incluso antes de ser plenamente consciente de ello. Construir una verdadera cultura de seguridad exige trabajar con todos los niveles de la organización para fomentar una formación homogénea y una toma de decisiones coherente. Es responsabilidad del sistema de apoyo transmitir un mensaje claro sobre cómo deben mitigarse los riesgos.

P- Después de tantos años trabajando sobre el terreno, ¿hubo ideas preconcebidas sobre la seguridad que tuvo que abandonar al asumir responsabilidades de liderazgo y cumplimiento normativo?
R– No creo que haya tenido que desaprender las lecciones de seguridad adquiridas en el campo. De hecho, nunca querría hacerlo. Mi experiencia práctica sigue siendo una de las herramientas más valiosas que tengo para evaluar procedimientos y mejorar la seguridad.
La parte más difícil fue el cambio en las relaciones personales. Pasar de ser uno más del equipo a tener que decir: “Así es como debemos hacerlo”, supone un cambio importante.
No existe una formación que te prepare para perder esa camaradería cuando pasas del equipo de buceo a un puesto de liderazgo o cumplimiento normativo. Encontrar el equilibrio entre ser una persona cercana y, al mismo tiempo, exigir responsabilidades requiere un proceso de adaptación.
Mi experiencia en el campo me ayuda precisamente a tender ese puente y a asegurar que los sistemas que desarrollamos sean eficaces, pero también realistas y aplicables.
P- Mirando atrás ¿qué experiencias en operaciones le hicieron comprender que la seguridad no puede depender únicamente de la experiencia individual, sino que debe sustentarse sobre un sistema sólido y bien diseñado?
R- Uno de los episodios que más me marcó fue un incidente en el que sentí que no tenía ningún control sobre la situación, pese a estar haciendo exactamente lo que se me había indicado y desempeñar correctamente mi función.
Aquello me hizo comprender que la experiencia y la competencia individuales nunca son suficientes cuando el sistema que sostiene una operación presenta debilidades.
Un sistema de seguridad sólido debe ser capaz de registrar eficazmente los incidentes y los cuasi accidentes, reunir al equipo para analizarlos abiertamente y establecer las mejores medidas para reducir esos riesgos en el futuro.
Creo que los sistemas de seguridad más eficaces se construyen a partir de la experiencia colectiva de quienes trabajan en el terreno.
Durante muchos años existió en nuestra industria una cultura que favorecía ocultar los incidentes y los cuasi accidentes. Afortunadamente eso ha cambiado. Diversas organizaciones han trabajado para crear un entorno en el que las personas puedan compartir estas experiencias sin miedo a ser culpabilizadas o juzgadas a posteriori, permitiendo así que toda la industria aprenda y mejore continuamente.

P- En Moffatt & Nichol trabaja en un entorno donde convergen ingeniería, construcción, inspección y operaciones de buceo comercial. ¿Cómo se gestiona la seguridad cuando intervienen tantas disciplinas y actores diferentes en un mismo proyecto?
R- En Moffatt & Nichol gestiono la seguridad promoviendo una colaboración temprana y una comunicación clara entre todos los participantes: ingenieros, equipos de construcción, inspectores y personal de buceo.
He comprobado que la seguridad se gestiona mejor cuando todas las disciplinas participan desde las primeras fases de planificación para identificar conjuntamente los riesgos desde todos los puntos de vista.
No soy especialista en todas las áreas, por lo que considero fundamental implicar a los expertos adecuados —ingeniería costera, estructuras, mecánica, construcción y buceo— para garantizar que todas las perspectivas sean tenidas en cuenta y que los riesgos se mitiguen correctamente.
También presto especial atención a que los contratos y la definición del alcance sean claros, especialmente en lo referente a los requisitos de seguridad, convirtiendo cuando es necesario las recomendaciones de la industria en exigencias contractuales.
Desde su perspectiva en materia de seguridad y cumplimiento normativo, ¿cuáles son las carencias más habituales que observa durante la fase de planificación de las operaciones de buceo comercial?
He observado una tendencia creciente a copiar y pegar medidas de mitigación procedentes de proyectos anteriores o a utilizar plantillas ya predefinidas.
Cuando comencé en esta industria, recibíamos un análisis de riesgos (JSA/AHA/JHA) completamente en blanco y todo el equipo trabajaba conjuntamente para identificar los peligros específicos que íbamos a afrontar. Hoy veo mucho menos de ese enfoque colaborativo.
Muchas empresas recurren actualmente a programas informáticos, incluidas herramientas basadas en inteligencia artificial, para generar la documentación de seguridad. Aunque estas herramientas pueden resultar útiles, debemos permanecer vigilantes. La inteligencia artificial es tan buena como las personas que la utilizan, y la mayoría de los usuarios solo conocen instrucciones básicas para interactuar con ella.
Es fundamental comprender de dónde proceden los datos que genera y contrastarlos con los procedimientos reales y con las condiciones específicas de cada trabajo. No podemos permitir que la tecnología elimine completamente el factor humano, porque el trabajo sigue requiriendo criterio, experiencia y capacidad de decisión.
Existe además una práctica muy sencilla que considero extremadamente útil para cualquier supervisor durante la reunión previa al trabajo. Basta con formular una pregunta abierta: “Explícame cómo lo vas a hacer.”
Esa simple pregunta consigue tres cosas muy importantes. En primer lugar, no resulta acusatoria. En segundo lugar, permite comprobar si la persona está mentalmente preparada para afrontar la jornada. Y, en tercer lugar, confirma que realmente comprende la tarea y sabe ejecutarla correctamente.
Por ejemplo, pedir a un buzo que explique cómo prepara su casco de buceo puede revelar mucha información. Si describe con claridad todos los pasos, comenzando por la comprobación de la válvula antirretorno, el purgado de la manguera y el resto del procedimiento, demuestra que está mentalmente preparado y que la configuración del equipo se ha realizado correctamente.
P- Muchas empresas hablan de tener una “cultura de seguridad”, aunque ese concepto suele significar cosas distintas según quién lo utilice. ¿Cómo definiría usted una auténtica cultura de seguridad?
R- Para mí, una verdadera cultura de seguridad nunca está terminada; es un proceso de mejora continua. Requiere aprender constantemente de los incidentes y de los cuasi accidentes.
El elemento más importante consiste en crear un entorno donde las personas se sientan cómodas para expresar sus preocupaciones sin miedo a represalias.
Eso debe ir acompañado de responsabilidad en todos los niveles de la organización, desde la alta dirección hasta el personal que trabaja en primera línea, asumiendo cada uno sus propios errores cuando se producen.
En definitiva, el principio que debe guiar toda organización es muy sencillo: hacer el trabajo de forma segura es la única forma aceptable de hacerlo.

P- ¿Qué papel deben desempeñar los supervisores de buceo para fomentar esa cultura de seguridad y qué cualidades considera imprescindibles en un buen supervisor?
R- Los supervisores y superintendentes de buceo desempeñan un papel absolutamente esencial porque constituyen el vínculo directo entre las políticas de la empresa y el trabajo que realmente se desarrolla sobre el terreno.
Son ellos quienes marcan el tono de cada jornada y quienes ejercen una mayor influencia sobre la importancia que el equipo concede a la seguridad.
Las cualidades fundamentales de un buen supervisor o superintendente son liderar con el ejemplo, crear un entorno psicológicamente seguro en el que cualquiera pueda expresar sus inquietudes, mantener una disciplina firme pero justa, valorar el factor humano asegurándose de que la tecnología y los procedimientos apoyen el criterio del buzo sin sustituirlo, y promover la mejora continua mediante el análisis abierto de los cuasi accidentes.
Un buen supervisor es quien consigue transformar las políticas de seguridad en operaciones realmente seguras, tanto en cubierta como bajo el agua.
P- Lleva varios años implicado en la ADCI y actualmente preside su Comité de Seguridad y Técnico. ¿Qué significa para usted, tanto a nivel personal como profesional, contribuir al trabajo técnico de la Asociación?
R- En el plano personal representa la culminación de toda mi trayectoria profesional. Poder influir en los estándares de seguridad de toda la industria supone cerrar un círculo. Resulta enormemente satisfactorio contribuir a definir el futuro de una profesión a la que he dedicado toda mi vida.
Aunque esta responsabilidad exige un esfuerzo adicional más allá del trabajo diario, el impacto que puede tener hace que merezca completamente la pena.
Desde el punto de vista profesional, me permite tender un puente entre la experiencia real del trabajo de campo y los estándares de la industria.
Sigo participando activamente como buzo y supervisor en distintos proyectos porque considero imprescindible conocer de primera mano los desafíos actuales del sector.
Me apasiona asegurar que las directrices y documentos técnicos de la ADCI sean realmente prácticos y contribuyan de forma efectiva a mejorar la seguridad de los buzos.
Quiero ayudar a impulsar la industria fomentando sistemas más sólidos, una mejor formación, una mayor difusión de las lecciones aprendidas y un uso inteligente de la tecnología, sin perder nunca de vista la importancia del factor humano.
En definitiva, colaborar con la ADCI representa mi forma de devolver a esta profesión todo lo que ella me ha dado. Es mi oportunidad para dejar el buceo comercial en mejores condiciones y con mayores niveles de seguridad de los que encontré.

P- Como presidente del Comité de Seguridad y Técnico de la ADCI ¿cuáles considera que son las principales prioridades y desafíos del comité en esta nueva etapa?
R- Una de mis principales prioridades consiste en aumentar la transparencia y asegurar que todas las partes interesadas sientan que sus aportaciones son realmente escuchadas.
Quiero que cualquier persona que presente comentarios durante los periodos de consulta pública tenga la certeza de que sus observaciones serán estudiadas con atención.
Por ejemplo, recientemente he reactivado el subcomité dedicado al oxígeno de emergencia. Recibimos alrededor de doce comentarios procedentes de ocho personas distintas y estamos respondiendo individualmente a cada uno de ellos.
Una vez finalizado ese trabajo, todas las observaciones y sus respuestas serán remitidas al Consejo de Administración para su revisión.
Mi intención es aplicar exactamente el mismo procedimiento con la norma sobre hidrodemolición (Water Blasting), cuyo subcomité volveré a convocar a mediados de julio.
Espero concluir la revisión del estándar sobre oxígeno antes de finalizar julio y la correspondiente a hidrodemolición antes de terminar agosto.
De cara al futuro también quiero incorporar un mayor número de profesionales de campo a los distintos subcomités: supervisores, buzos, técnicos, tanto del ámbito offshore como del buceo interior, además de personal de oficina.
La diversidad de puntos de vista resulta esencial para desarrollar estándares prácticos, eficaces y aceptados por toda la industria.
Entre los principales retos destaco avanzar con agilidad sin renunciar al rigor técnico, fomentar una mayor participación del sector y encontrar el equilibrio adecuado entre claridad y flexibilidad dentro de nuestros estándares.
También será importante resolver aquellas áreas donde todavía existe cierta ambigüedad mediante pequeños grupos de trabajo especializados que elaboren interpretaciones técnicas.
P-¿Cómo puede la ADCI seguir fortaleciendo la industria internacional del buceo comercial en un momento en el que el sector continúa expandiéndose, diversificándose y operando bajo marcos regulatorios muy diferentes?
R-La ADCI puede reforzar la industria internacional centrándose en tres pilares fundamentales: la educación, la formación y el apoyo tanto a los organismos reguladores como a nuestros contratistas en todo el mundo.
A medida que el sector crece y trabaja bajo normativas muy diferentes según cada país, la Asociación debe seguir desarrollando estándares prácticos, rigurosos y materiales formativos de alta calidad que puedan adoptarse o utilizarse como referencia internacional.
Al mismo tiempo, podemos aportar conocimiento técnico y buenas prácticas para ayudar a los reguladores a elaborar normas realistas y eficaces para el buceo comercial.
Impulsando la formación, la homogeneización de estándares y la colaboración con las autoridades reguladoras, la ADCI puede contribuir decisivamente a elevar los niveles de seguridad y profesionalidad en mercados muy diversos, siempre respetando las particularidades de cada país.
