“La integración entre los buzos y el ROV es el modelo hacia el que camina la industria”
Sergio Romero, Supervisor ROV y gerente de Deep Underwater Works
He tenido la oportunidad de trabajar con ROV en lugares muy diferentes, desde Sudamérica y el Estrecho de Magallanes hasta África, el Mar Rojo, el sudeste asiático o el norte de Europa. Y si algo he comprobado es que, internacionalmente, el ROV se ha convertido en una herramienta habitual.
Se utiliza para inspección, construcción, apoyo al buceo y muchas otras operaciones. Las diferencias entre países, sin embargo, siguen siendo enormes. En España utilizamos ROV, por supuesto, pero todavía cuesta incorporarlos con la naturalidad con la que se hace en otros mercados.
En operaciones offshore fuera de España he podido comprobar una integración prácticamente total entre ROV y buzos. No se trata de sustituir a uno por otro, sino de aprovechar las capacidades de ambos.
El ROV puede entrar primero, realizar un survey, inspeccionar el área y localizar los puntos donde posteriormente trabajará el buzo. Cuando este entra en el agua, el vehículo puede regresar para monitorizar la operación y proporcionar otra perspectiva de lo que está sucediendo. Para mí, esta combinación supone un gran avance.
Naturalmente, no siempre es posible. Hay que estudiar el planning, el espacio disponible y los riesgos para el buzo y para el propio vehículo. Pero cuando las condiciones son adecuadas, la integración buzo-ROV mejora enormemente las posibilidades de una operación.
Probablemente donde más claramente percibo la evolución tecnológica es en las inspecciones. Los ROV actuales pueden incorporar múltiples sensores y obtener información de enorme precisión.
El buzo conserva algo que una máquina no tiene, la percepción directa y el tacto. Puede observar una estructura en primera persona, tocar un cabo o comprobar físicamente el estado de un componente. Pero el ROV dispone de cámaras y sensores capaces de aportar datos objetivos que complementan esa percepción.
Un buen ejemplo es la protección catódica. Mediante una sonda CP (Cathodic Protection) podemos obtener mediciones directamente sobre la estructura. Lo mismo ocurre con otras herramientas de inspección.Cuando pasamos a vehículos work class, las posibilidades aumentan todavía más y permiten realizar determinadas operaciones de construcción e intervención evitando exponer innecesariamente a un buzo. Eso no significa que el ROV pueda hacerlo todo. Hay trabajos donde el buzo continúa siendo insustituible.
Uno de los mercados que más me sorprendió fue Chile. En las instalaciones de acuicultura del Estrecho de Magallanes encontré una auténtica cultura ROV. Los vehículos se utilizan habitualmente para inspeccionar las jaulas y existen incluso equipos capaces de realizar reparaciones de redes, reservando al buzo para aquellas tareas donde realmente es necesario.
Eso demuestra que incorporar ROV no depende únicamente de disponer de equipos. Depende también de cómo se plantea una operación.
No tiene sentido utilizar un work class para una inspección sencilla dentro de un puerto si un micro-ROV equipado con los sensores adecuados puede resolverla perfectamente. Para obra hidráulica o trabajos de mayor entidad necesitaremos otra plataforma. La profesionalidad consiste también en elegir la herramienta adecuada para cada misión.
Y aquí el cliente tiene una influencia enorme. Si una inspección con ROV no está contemplada en el contrato, difícilmente será remunerada. Muchas veces se sigue solicitando directamente una inspección con buzos porque es el sistema conocido.
Las propias empresas y quienes trabajamos con ROV también tenemos responsabilidad. Debemos explicar mejor qué podemos aportar, demostrarlo y conseguir que esta actividad tenga mayor reconocimiento profesional.
España dispone de grandes puertos, infraestructuras submarinas, actividad energética y un importante sector marítimo. Por tanto, potencial para incrementar la utilización de ROV existe de sobra.
Lo que falta, desde mi experiencia, es una cultura comparable a la que he encontrado trabajando fuera. También considero necesario avanzar en el reconocimiento de pilotos y supervisores ROV y en su formación. Tenemos profesionales y tenemos mercado, pero necesitamos que empresas, clientes y administraciones comprendan mejor estas capacidades.
La tecnología está ayudando. Los sensores son cada vez mejores y los vehículos resultan más sencillos de pilotar. Los sistemas de asistencia permiten mantener un mayor control incluso cuando las condiciones se complican. No significa que los ROV sean autónomos, porque seguimos necesitando al piloto, pero sí contamos con herramientas que facilitan mucho determinadas operaciones.
El siguiente gran cambio puede llegar de la mano de la inteligencia artificial. Durante una inspección, el piloto observa, interpreta lo que aparece en pantalla y transmite información al survey, al puente y al cliente. Una IA capaz de ayudar a reconocer anomalías y apoyar esa interpretación podría convertirse en una herramienta extraordinaria.
No creo que el futuro consista en elegir entre buzo o ROV. La experiencia internacional me ha demostrado precisamente lo contrario. El verdadero avance está en saber cuándo utilizar cada uno y, sobre todo, cuándo hacerlos trabajar juntos.

