“España fue de las pioneras en redactar una normativa que prohibía el uso del SCUBA”
Arturo Villazón Granda – Vicepresidente de la Asociación Nacional de Empresas de Buceo Profesional (ANEBP) y supervisor de buceo comercial IMCA
España es un país rodeado de mar que, paradójicamente, lleva demasiado tiempo viviendo de espaldas a él. También en el buceo profesional hemos tenido históricamente la tendencia a mirar fuera para buscar referencias, procedimientos y estándares que otros países y organizaciones internacionales habían desarrollado antes que nosotros.
Pero hubo una ocasión en la que no fuimos a remolque. Una ocasión en la que, modestamente, marcamos el camino. Entre 2015 y 2016, los sindicatos españoles que representaban a una parte de los trabajadores del sector y la Asociación Nacional de Empresas de Buceo Profesional (ANEBP) afrontamos una realidad difícil de ignorar. La elevada siniestralidad de nuestro sector y, particularmente, la presencia recurrente del buceo autónomo (SCUBA) en muchos accidentes graves y mortales.
Había llegado el momento de preguntarnos qué sentido tenía continuar utilizando SCUBA en trabajos subacuáticos cuando disponíamos de sistemas con suministro desde superficie que proporcionaban comunicaciones permanentes, suministro de gas, reserva de emergencia, umbilical y una capacidad mucho mayor de controlar y asistir al buceador.
Empresas y representantes de los trabajadores alcanzamos un acuerdo que, visto con la perspectiva que dan diez años, considero uno de los avances en seguridad más importantes del buceo profesional español. Se prohibió el empleo del buceo autónomo en las operaciones profesionales comprendidas en nuestro Convenio.
El acuerdo terminó incorporándose al Anexo I, Normas de seguridad en actividades subacuáticas, del II Convenio Colectivo de Buceo Profesional y Medios Hiperbáricos, mediante el acuerdo de 7 de septiembre de 2016 y la Resolución de 18 de octubre, publicada en el BOE el 1 de noviembre.Su redacción dejaba poco lugar a interpretaciones: “Prohibición del buceo autónomo para cualquier operación de buceo profesional o científico recogido en este Convenio”.
Aquella decisión no apareció de la nada. IMCA llevaba mucho tiempo señalando las importantes limitaciones del SCUBA en el buceo profesional y su modelo de buceo comercial se sustentaba fundamentalmente en sistemas con suministro desde superficie. Aquella experiencia internacional fue una de nuestras referencias.
Pero eso no resta valor a lo ocurrido en España. Fuimos capaces de observar hacia dónde apuntaban las mejores prácticas internacionales, analizar nuestra propia accidentalidad y adoptar una decisión preventiva antes de que la sucesión de accidentes en otros lugares situara esta cuestión en el centro del debate internacional.
Los años posteriores parecen habernos dado la razón. Especialmente preocupante ha sido la accidentalidad internacional relacionada con el Underwater Ship Husbandry (UWSH), que engloba inspecciones, limpiezas, mantenimiento y reparaciones subacuáticas en cascos de buques. IMCA ha llegado a describir este ámbito como uno de los sectores más peligrosos del buceo profesional. De los últimos veinte fallecimientos conocidos en operaciones de UWSH analizados por la organización, solamente uno correspondía a un buceador que utilizaba suministro desde superficie. Los otros 19 usaban SCUBA.
En este sentido, la asociación ha desarrollado incluso la guía específica IMCA D082 – Guidance on Diving Operations in Support of Underwater Ship Husbandry y mantiene su documento IMCA D033 – Limitations in the use of SCUBA.
La Association of Diving Contractors International (ADCI) ha recorrido un camino paralelo. Sus estándares son meridianos respecto al mantenimiento de buques. Sencillamente, el uso del SCUBA no está autorizado salvo excepciones muy estrictas.
Resulta difícil leer esas palabras sin recordar las discusiones que nosotros ya manteníamos en España casi una década antes. Pero después de más de treinta años trabajando bajo el agua, tengo pocas dudas sobre algo.
Aquella decisión salvó vidas, ya que obligó a profesionalizar determinadas operaciones, utilizar mejores equipos e incorporar comunicaciones, suministro desde superficie, reservas de emergencia y una estructura de supervisión y apoyo alrededor del buceador. Hizo, sencillamente, nuestro trabajo un poco más seguro.
Naturalmente, no todo el mundo la recibió con el mismo entusiasmo.La seguridad suele generar consensos mientras permanece en el terreno de del debate. Los problemas aparecen cuando aplicarla cuesta dinero. Resultó especialmente decepcionante comprobar cómo algunas personas que habían participado en el proceso e incluso votado favorablemente la medida trataron posteriormente de revertirla cuando descubrieron que su aplicación podía afectar a determinados intereses empresariales.
Es una vieja contradicción de nuestro sector. Todos estamos a favor de la seguridad hasta que la seguridad aparece en el presupuesto. Afortunadamente, la medida permaneció.
Hoy, cuando IMCA y ADCI alertan sobre determinadas prácticas de SCUBA y la mortalidad internacional en trabajos como el UWSH, merece la pena recordar lo que ocurrió aquí. No para colgarnos ninguna medalla.
Otros habían recorrido mucho camino antes que nosotros y aprendimos de ellos. Pero empresas y trabajadores españoles fuimos capaces de sentarnos en una mesa, reconocer un problema y adoptar una decisión que no era ni la más barata ni la más cómoda, pero sí la más segura.En una industria en la que tantas veces hemos mirado hacia Reino Unido, Estados Unidos o el Mar del Norte para conocer hacia dónde evolucionaba la seguridad, aquella vez miramos en la misma dirección y avanzamos al mismo tiempo. Quizá incluso dimos algún paso antes.
Por una vez, no fuimos a remolque. Por una vez, marcamos el camino.

