El buceo comercial se desarrolla en escenarios donde los riesgos propios del medio hiperbárico conviven con los específicos de cada operación. Enfermedad descompresiva, ahogamiento, atrapamientos, baja visibilidad, corrientes, cargas suspendidas, uso de herramientas hidráulicas, trabajos de corte y soldadura, contaminación, maquinaria en movimiento o proximidad a sistemas de propulsión forman parte de una actividad en la que el entorno puede cambiar con rapidez y las consecuencias de un error pueden ser especialmente graves.
La presión diferencial continúa siendo uno de los riesgos más graves del buceo comercial en presas, centrales hidroeléctricas, estaciones de bombeo, conducciones, sistemas offshore y operaciones de mantenimiento subacuático de buques.
Su prevención depende todas las acciones que se hayan hecho antes de autorizar la inmersión. Conocer el sistema hidráulico completo, eliminar o aislar las fuentes de energía, verificar que el flujo peligroso ha desaparecido y disponer de un plan de emergencia adaptado a la instalación son actualmente las principales barreras frente a un accidente producido por Delta P.
Este fenómeno físico reúne, además, una característica que condiciona por completo su gestión. No necesita mostrar una corriente evidente ni una turbulencia apreciable para convertirse en un peligro potencial.
El agua puede parecer prácticamente inmóvil mientras, a pocos metros, una toma, una conducción, una compuerta o una válvula están generando fuerzas suficientemente elevadas como para inmovilizar a un buzo contra una estructura o arrastrarlo hacia una abertura con consecuencias fatales.
Planificación de la inmersión y estudio del lugar de trabajo
El fenómeno del Delta P o presión diferencial aparece cuando el agua se desplaza desde una zona sometida a mayor presión hacia otra de menor presión. Puede producirse por diferencias de nivel, por gravedad, por el funcionamiento de bombas, por la apertura de una comunicación entre dos espacios o por cambios de configuración en un sistema hidráulico.
La profundidad, por sí sola, tampoco permite valorar el riesgo. Se han registrado accidentes graves en aguas relativamente someras porque una diferencia de presión moderada, aplicada sobre una abertura suficientemente grande, puede desarrollar fuerzas imposibles de contrarrestar físicamente por un buzo.
La dificultad aparece cuando esa definición sencilla se traslada a una instalación real. Una presa, una estación de bombeo o un buque no son elementos aislados, sino conjuntos de tuberías, válvulas, bombas, depósitos, automatismos y rutas alternativas de flujo. Por eso, la prevención efectiva del Delta P no comienza identificando únicamente una abertura junto al buzo, sino comprendiendo cómo puede moverse el agua a través de todo el sistema.
La parte propietaria de la instalación y el contratista de buceo han de trabajar de forma conjunta en la fase de prevención
La identificación del peligro debería comenzar con documentación actualizada. Planos de proceso, diagramas de tuberías, válvulas, fotografías, esquemas de control y procedimientos de operación permiten conocer las posibles rutas que puede seguir el agua y localizar elementos cuya activación condicionen la zona de trabajo.
Esta revisión necesita la participación del propietario u operador de la instalación o buque. El supervisor de buceo puede conocer perfectamente la maniobra subacuática y, sin embargo, no tener acceso a todas las configuraciones posibles de una planta hidráulica o de una central. Del mismo modo, el operador puede conocer sus bombas y válvulas, pero no valorar correctamente cómo afectaría una determinada corriente a un buzo y a su umbilical. La prevención depende de combinar ambos conocimientos.
La ‘Delta-P Diving Checklist’ de ADCI, desarrollada con participación de OSHA, U.S. Army Corps of Engineers, contratistas, operadores de instalaciones y especialistas técnicos, establece precisamente esa revisión conjunta como uno de los primeros pasos de la planificación. El documento surgió después de cinco fallecimientos ocurridos entre junio de 2019 y julio de 2021 en instalaciones de generación eléctrica y está concebido como una herramienta práctica para preparar procedimientos de buceo y analizar riesgos.
Durante esa fase deben localizarse todas las fuentes capaces de producir movimiento de agua. Bombas principales y auxiliares, equipos contra incendios, válvulas, compuertas, depósitos interconectados, conducciones o sistemas automáticos deben formar parte del análisis, incluso cuando normalmente permanezcan inactivos.
La pregunta importante no es únicamente qué está funcionando en ese momento, sino qué podría llegar a activarse o comunicarse durante la inmersión de los buzos.
Área de peligro
Una abertura susceptible de generar Delta P no representa un riesgo únicamente cuando el buzo se encuentra directamente sobre ella. Alrededor puede formarse una zona donde la velocidad del agua aumenta progresivamente hasta comprometer su capacidad de movimiento o arrastrar el umbilical.
ADCI utiliza el concepto de capture zone, o zona de captura, para definir el área de influencia de ese flujo. HSE emplea una denominación similar, Differential Pressure Danger Zone (DPDZ), que puede traducirse como zona de peligro por presión diferencial. Ambas determinan a qué distancia debe mantenerse el buzo para permanecer fuera de la influencia hidráulica.
Su extensión depende de variables como la diferencia de presión, el tamaño y geometría de la abertura, el caudal, las obstrucciones y las características de la instalación. Los cálculos hidráulicos pueden ayudar a estimarla, pero deben contrastarse siempre que sea posible con las condiciones reales. Una rejilla cubierta de crecimiento marino, una conducción parcialmente obstruida o un cambio en la configuración del sistema pueden modificar de forma considerable la velocidad del agua.
Entidades como OSHA o ADCI aconsejan el despliegue de un ROV en las operaciones donde exista un alto riesgo de accidente por Delta P
Por ello, el reconocimiento remoto tiene un papel especialmente útil. Un ROV, sonar, cámaras sumergibles y medidores de flujo permiten comprobar el estado de una estructura y obtener información antes de exponer a una persona. OSHA recomienda expresamente considerar una inspección previa mediante ROV en operaciones con riesgo de Delta P, junto con el cálculo de las fuerzas previsibles y la comprobación del estado real de las instalaciones.
El uso de un ROV no debe contemplarse únicamente como una ayuda previa al buceo. Cuando la inspección puede completarse remotamente sin reducir la calidad técnica del trabajo, elimina directamente la exposición y se convierte en una medida preventiva de primer nivel.
Una operación bien planificada no debería comenzar preguntándose cómo mantener al buzo alejado del Delta P, sino si existe alguna forma razonablemente practicable de eliminar previamente la condición que lo genera.
Igualar niveles, vaciar o llenar un espacio, instalar barreras físicas, colocar rejillas de protección, establecer aislamiento mecánico positivo, modificar temporalmente la configuración hidráulica o recurrir a métodos remotos son medidas que reducen la posibilidad de fallos humanos.
La ingeniería actual trata por ello de introducir cada vez más seguridad en el propio diseño de los activos. Pantallas permanentes sobre determinadas tomas, puntos de aislamiento accesibles, protecciones específicas, posibilidades de inspección remota y configuraciones que permitan efectuar mantenimiento sin exponer directamente a un buzo forman parte de esa filosofía de Safety in Design, o seguridad incorporada al diseño de elementos y sistemas.
Un mismo peligro en instalaciones y operaciones muy diferentes
Las presas y centrales hidroeléctricas son probablemente los entornos más asociados al Delta P, pero el riesgo está presente en muchos otros trabajos de buceo comercial.
Esclusas, canales, depósitos, plantas de tratamiento y desalación, colectores, estaciones de bombeo, conducciones submarinas, infraestructuras offshore y determinadas operaciones de mantenimiento de buques reúnen condiciones capaces de producir diferencias de presión peligrosas.
Un buzo comercial de STS durante trabajos de mantenimiento en una presa | STS SPAIN
En una presa puede existir flujo a través de compuertas, desagües de fondo, conducciones de toma o tuberías comunicadas con otras masas de agua. En una estación de bombeo, la activación de un equipo puede generar de forma inmediata una zona de aspiración.
En una conducción offshore, una diferencia de presión entre su interior y el entorno puede desencadenar un desplazamiento súbito de agua cuando se retira un tapón o se abre una comunicación.
Por su parte, bajo un buque, una caja de mar, una descarga, una bomba o una hélice pueden darse condiciones similares.
HSE agrupa estos escenarios en varias categorías. Incluye diferencias de nivel a ambos lados de una barrera, estructuras huecas sumergidas con presiones internas distintas a las del agua exterior, aspiraciones mecánicas a través de tomas y fenómenos vinculados a propulsores y thrusters.
La primera dificultad para el equipo de buceo consiste en que la función aparente de una estructura no garantiza su comportamiento durante toda la intervención.
Una toma puede convertirse en una descarga si cambian los niveles de agua en otra parte de la instalación.
Una tubería supuestamente fuera de servicio puede mantener comunicación con un tramo presurizado.
Una bomba de emergencia puede arrancar automáticamente y una válvula remota puede modificar el circuito desde una sala de control situada lejos del punto de inmersión.
La evaluación debe contemplar, por tanto, no solo cómo funciona normalmente la instalación, sino cómo podría funcionar bajo todas las condiciones razonablemente previsibles.
Cambios de nivel, fallos de equipos, mantenimiento, automatismos, operación remota o rutas de bypass forman parte del análisis porque cualquiera de ellos puede modificar el movimiento del agua sin que la estructura visible junto al buzo haya cambiado.
Integrar el fallo en la planificación
Una vez identificado, eliminado o aislado el peligro, todavía queda una parte esencial de la preparación. El plan debe prever qué ocurriría si una de las medidas establecidas dejara de funcionar.
La gestión del umbilical constituye una de esas barreras adicionales. Su longitud puede limitarse físicamente para impedir que el buzo alcance determinadas zonas y su recorrido debe organizarse de manera que no pueda ser arrastrado hacia una toma o quedar enganchado en elementos estructurales.
En instalaciones complejas pueden utilizarse, además, un sonar u otros sistemas de seguimiento para mantener una referencia más precisa de posición.
La reunión previa debe trasladar al equipo una representación comprensible de la instalación. Un croquis sencillo con tomas, válvulas, dirección potencial del flujo y zonas de exclusión puede resultar más útil que una larga descripción verbal. El buzo necesita conocer qué elementos pueden generar Delta P, qué límites no debe superar y qué cambios obligan a suspender inmediatamente el trabajo.
En operaciones especialmente complejas resulta recomendable ensayar previamente determinados movimientos. Este simulacro permite comprobar, en seco, comunicaciones, posiciones del personal, recorrido del umbilical, tiempos de actuación y respuesta ante determinadas contingencias antes de trasladarlos al agua.
Los criterios Go/No-Go deben quedar definidos antes de comenzar.
La aparición de una fuga, el cambio de nivel de un depósito, la necesidad de accionar una válvula, la activación inesperada de un equipo o cualquier modificación de la configuración hidráulica obliga a detener el trabajo por completo y revisar nuevamente las condiciones. Una verificación solo es válida mientras se mantiene el escenario que se ha verificado.
Planificar un posible rescate
La presión diferencial introduce una dificultad adicional en cualquier plan de emergencia. El mismo peligro que mantiene atrapado al buzo puede afectar al equipo enviado para rescatarlo.
Esta circunstancia hace especialmente peligrosa la reacción automática de desplegar al buzo en stand by sin haber eliminado primero la fuente de Delta P. En este sentido, HSE advierte de que otros buzos han resultado heridos o han muerto durante intentos de rescate en los que continuaban presentes las mismas fuerzas hidráulicas que habían atrapado a la primera víctima.
También señala que intentar liberar físicamente al buzo mientras persiste la diferencia de presión puede agravar las lesiones.
La prioridad operativa debe ser detener o modificar la condición que mantiene el atrapamiento. Precisamente por ello, el procedimiento de rescate debe diseñarse teniendo en cuenta el sistema hidráulico que se pretende intervenir.
Dependiendo de la instalación puede ser necesario parar bombas, cerrar o abrir determinadas válvulas, modificar niveles o igualar presiones. Estas acciones requieren coordinación inmediata con el operador del activo y no deberían decidirse por primera vez durante la emergencia.
El plan debe contemplar también cómo se moverá físicamente a una persona lesionada desde el agua hasta una zona segura, qué dispositivos de izado están disponibles, quién prestará soporte vital básico, dónde se encuentra el oxígeno y qué recurso médico o hiperbárico recibirá al accidentado en caso necesario.
LOTO, una acción que implica mucho más que cerrar válvulas
Uno de los elementos fundamentales en la prevención del Delta P es el Lock-Out/Tag-Out (LOTO), procedimiento de bloqueo y etiquetado destinado a impedir que equipos o sistemas puedan ser activados mientras los trabajadores permanecen expuestos a ellos.
En buceo comercial adquiere especial importancia porque una bomba, válvula, propulsor o thruster puede encontrarse fuera del campo visual del supervisor y, sin embargo, modificar inmediatamente las condiciones bajo el agua.
Un LOTO correctamente ejecutado comienza identificando todos los sistemas que pueden afectar al trabajo. Después se detienen los equipos correspondientes, se establece un aislamiento físico, se instalan dispositivos de bloqueo en los elementos que controlan la energía y se colocan etiquetas que identifican claramente la prohibición de operar e informan sobre el profesional responsable.
La posible energía residual debe eliminarse o mantenerse controlada antes de efectuar la última fase, que consiste en comprobar que el aislamiento ha producido realmente la condición de seguridad prevista en la planificación. Esta última comprobación es la que diferencia un procedimiento realizado de un aislamiento completamente efectivo.
OSHA recomienda que el operador mantenga actualizados los planos de tuberías y válvulas, forme a su personal y al contratista en LOTO y verifique la condición de energía cero mediante instrumentos apropiados, como manómetros o caudalímetros.
Por su parte, el contratista de buceo debe confirmar que no existe flujo peligroso mediante métodos como tiras plásticas (tell-tales), medidores de velocidad de corriente, ROV o sonar. Al contratista de buceo le corresponde igualmente comprobar la configuración y disponer de evidencias de que no existe flujo peligroso antes de iniciar la inmersión.
Una luz que indica que una bomba está detenida, el cierre mostrado por un panel o la confirmación verbal de un operador no constituyen por sí solos una comprobación hidráulica. Una válvula puede dejar pasar agua y una compuerta puede no haber asentado completamente a pesar de alcanzar aparentemente su final de recorrido.
El accidente ocurrido en 2015 en la central mareomotriz de Annapolis Royal, Canadá, ilustra precisamente ese problema. La compuerta implicada en la operación había seguido el proceso previsto de cierre, pero permaneció parcialmente abierta y permitió un movimiento de agua suficiente para generar una presión diferencial mortal. El aislamiento había sido ejecutado administrativamente, aunque la energía hidráulica seguía presente.
Por eso, el procedimiento debería cubrir, como mínimo, la identificación conjunta de todos los equipos capaces de producir flujo, su parada controlada, el aislamiento físico de las fuentes de energía, la instalación de bloqueos y etiquetas, la eliminación o control de energía residual y una verificación independiente antes de autorizar al buzo.
Debe quedar igualmente establecido quién tiene autoridad para instalar o retirar cada bloqueo, cómo se gestiona un cambio de turno y qué sucede si durante la operación resulta necesario modificar la configuración de la instalación.
Ningún sistema relacionado con la zona de trabajo debería poder volver a servicio sin conocimiento y autorización del responsable de la operación de buceo.
Un patrón común
Los accidentes conocidos durante las últimas décadas muestran que el Delta P no pertenece a un único tipo de instalación ni responde siempre al mismo mecanismo operativo.
Sin embargo, cuando se comparan las investigaciones aparecen deficiencias recurrentes relacionadas con el conocimiento del sistema, el aislamiento, la verificación y la preparación de la emergencia.
En octubre de 2014, el buzo profesional español José Joaquín López Cruz, de 35 años, falleció durante una inspección en la central térmica de Los Barrios, en Cádiz. Se encontraba realizando trabajos para comprobar el estado de la instalación cuando fue succionado por una de las grandes conducciones del sistema de refrigeración, capaz de mover aproximadamente 65.000 toneladas de agua por hora.
La posterior sentencia consideró acreditadas graves deficiencias de coordinación, prevención y planificación de la emergencia y terminó con cuatro condenas por delitos relacionados con los derechos de los trabajadores y homicidio imprudente.
El caso puso el foco sobre una compuerta que no se había cerrado completamente y sobre la diferencia entre ejecutar un procedimiento de aislamiento y comprobar que el movimiento peligroso del agua ha desaparecido.
Entre 2019 y 2021, cinco buzos fallecieron en operaciones desarrolladas en instalaciones estadounidenses de generación eléctrica como consecuencia de presión diferencial. La sucesión de accidentes llevó a OSHA a solicitar la creación del grupo de trabajo que terminaría elaborando la actual ‘Delta-P Diving Checklist’ de ADCI.
En febrero de 2022, el accidente de Paria Fuel Trading Company en Trinidad y Tobago (analizado en esta página), volvió a mostrar el alcance del problema en una configuración completamente diferente.
En 2024, Alex Reed Paxton falleció durante trabajos asociados a una infraestructura sumergida en Lake Oliver Dam, Estados Unidos.
El accidente volvió a situar la presión diferencial entre los riesgos actuales del buceo en presas y sistemas hidráulicos, demostrando que la experiencia acumulada por la industria no ha eliminado todavía este tipo de sucesos.
Los escenarios cambian, pero las investigaciones tienden a localizar deficiencias similares. Sistemas hidráulicos que no son bien analizados, aislamientos que no eliminan completamente la energía, configuraciones aceptadas sin una comprobación independiente, cambios en el método de trabajo y respuestas de emergencia que tienen pocas posibilidades de éxito una vez que el buzo ha sido expuesto.
La prevención debe construirse precisamente alrededor de esas debilidades. Ninguna válvula, procedimiento, barrera o persona debería actuar como única defensa frente a un accidente.
Referencias internacionales
El marco internacional sobre Delta P se ha ido haciendo más específico a medida que las investigaciones han identificado patrones recurrentes.
ADCI dispone de una checklistdedicada a la preparación y ejecución de operaciones con presión diferencial y la integra dentro de sus actuales recursos de seguridad.
OSHA, mediante la alerta 4141, aborda de forma directa la cooperación entre operador y contratista, actualización de planos, cálculo de fuerzas, inspecciones mediante ROV, LOTO, formación y verificación de energía cero.
Estas referencias tienen alcances diferentes, pero comparten una misma dirección. La prevención no puede descansar en la percepción del buzo ni en una única válvula, procedimiento o persona. Necesita integrar ingeniería, cooperación entre la parte propietaria de la instalación y contratista, y una gestión integral de la inmersión dentro de un mismo sistema de seguridad.
El Delta P en el mantenimiento de buques: un peligro añadido
Los trabajos de mantenimiento de buques bajo el agua (UWSH) concentran algunos de los escenarios más complejos para la gestión del Delta P, ya que el buzo trabaja directamente sobre un casco atravesado por tomas, descargas y equipos que pueden mover agua.
Una operación aparentemente localizada sobre una rejilla o una caja de mar puede depender en realidad de bombas y válvulas situadas varias cubiertas por encima y controladas desde distintos puntos del buque.
Un buzo de la compañía Wärtsila durante una inspección del casco de un buque | WÄRTSILA
El riesgo aparece especialmente alrededor de sea chests, tomas de refrigeración, aliviaderos, válvulas de fondo, sistemas contra incendios, bombas, túneles de propulsión y hélices. También puede generarse durante la instalación o retirada de una caja de aislamiento (cofferdams) o de los tapones de aislamiento (plugs y bungs) utilizados para aislar temporalmente aberturas del casco mientras se realiza una reparación.
IMCA identifica tres patrones recurrentes en los accidentes de UWSH relacionados con presión diferencial. El primero corresponde a buzos arrastrados hacia aberturas que no habían sido correctamente aisladas. El segundo aparece cuando falla un plug o bung mal seleccionado, dimensionado o instalado. El tercero afecta a situaciones de Delta P mecánico en las que el sistema se consideraba aislado, aunque existían deficiencias en el proceso Lock-Out/Tag-Out (LOTO).
Este último escenario merece especial atención porque puede transmitir una falsa sensación de seguridad. Una bomba detenida desde el panel continúa conectada a un sistema y puede volver a ponerse en funcionamiento. Un propulsor desactivado desde el puente puede conservar otras fuentes de energía. Una válvula cerrada puede no aislar completamente una caja de mar. Por eso el LOTO, debe entenderse como un proceso técnico entre el buque y el contratista de buceo y no como una simple orden de no operar.
La secuencia recomendada comienza con una evaluación conjunta realizada por personal competente de ambas partes. Una vez identificados todos los equipos capaces de afectar a la zona de trabajo, se procede a su parada, aislamiento físico, bloqueo de cada dispositivo que pueda reintroducir energía, etiquetado y control de cualquier energía almacenada. Antes de entrar al agua debe verificarse que las condiciones previstas en el plan, se han alcanzado realmente.
En determinados trabajos, además, el aislamiento debe considerar instalaciones que aparentemente no guardan relación directa con el punto de intervención. Una bomba contra incendios, un sistema automático de refrigeración o una válvula operada remotamente pueden modificar el flujo a través de una caja de mar.
La evaluación necesita consultar los planos del buque, identificar todos los equipos conectados y establecer claramente quién tiene autoridad sobre ellos durante la inmersión.
Los tapones de aislamiento añaden otra variable. Estos elementos pueden utilizarse para cerrar temporalmente una toma o una penetración y permitir la intervención sobre componentes interiores, pero su fallo puede restablecer de forma súbita la diferencia de presión. La selección debe considerar dimensiones, geometría, presión prevista, estado de la superficie y método de fijación.
Los cofferdams utilizados para crear un espacio temporalmente seco o aislado presentan una problemática comparable. Si existe diferencia de presión entre su interior y el mar, cualquier pérdida de estanqueidad, retirada prematura de un elemento o modificación del circuito puede generar una rápida entrada de agua.
El análisis debe contemplar la secuencia completa de instalación, trabajo y retirada, y no únicamente una condición aparentemente estable durante la reparación. También resulta esencial definir qué sistemas deben permanecer bloqueados después de finalizar aparentemente el trabajo subacuático. Retirar un plug, abrir una válvula o devolver una bomba a servicio demasiado pronto puede crear un Delta P mientras todavía existen buzos o umbilicales dentro de la zona de influencia.
La documentación tampoco puede funcionar al margen de la operación real. Permisos de trabajo, evaluaciones de riesgo, procedimientos LOTO y planes de emergencia necesitan coincidir con la configuración efectiva del buque.
IMCA sitúa precisamente a buzos, documentación y equipos entre los tres elementos que aparecen de forma recurrente cuando analiza accidentes de UWSH. En 2023 contabilizó al menos nueve fallecimientos en este tipo de trabajos y en 2024 al menos otros cuatro, aunque la propia organización advierte de que los casos reportados probablemente no representan la totalidad.
La combinación entre Delta P y UWSH demuestra por qué el casco de un buque debe considerarse como una instalación industrial completa. Una simple rejilla forma parte deun complejo sistema de bombas, válvulas y equipos capaces de modificar el movimiento del agua en cuestión de segundos.
Referencias bibliográficas y fuentes
Jody Waters. Delta P and the Real Hazards. Commercial Diving Advisory, 2026.
Association of Diving Contractors International (ADCI). Delta-P Diving Checklist.
ADCI. International Consensus Standards for Commercial Diving and Underwater Operations.
Occupational Safety and Health Administration (OSHA). OSHA 4141 – Preventing Fatalities in Commercial Diving Operations Due to Differential Pressure.
Health and Safety Executive (HSE). Differential Pressure Hazards in Diving – Diving Information Sheet No. 13 (DVIS13).
International Marine Contractors Association (IMCA). IMCA D044 – Guidelines for Isolation and Intervention: Diver Access to Subsea Systems.
IMCA. IMCA D082 / HSS048 / M265 – Guidance on Diving Operations in Support of Underwater Ship Husbandry.
IMCA. Diving and Underwater Ship Husbandry: What Could Go Wrong?
IMCA. IMCA D019 – Diving Operations in Support of Intervention on Wellheads and Subsea Facilities.
International Association of Oil & Gas Producers (IOGP). Report 431 – Client Diving Personnel: Roles, Responsibilities and Development.
IOGP. Report 411 – Recommended Practices for Diving Operations.
Pedro Pérez Oliva es redactor, diseñador gráfico y maquetador en SubaQuatica Magazine. Licenciado en Historia por la Universidad de Huelva, lleva casi 20 años vinculado a distintos proyectos de comunicación y publicidad.
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