Los coraleros se extinguirán pero el coral rojo continuará poblando los fondos marinos

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Toni García Fuentes a bordo del submarino Jago

El Coral Rojo en la vida de Toni García Fuentes

Con alegría y bastante buen humor, así es como descuelga nuestro protagonista el teléfono cuando nos disponemos a entrevistarle para este perfil de buzo. A Toni le conocemos en SubaQuatica Magazine por más de una conversación con él, en la que hemos solicitado su ayuda. Servicial y colaborador, como siempre, iniciamos juntos un recorrido por su ‘Historia de buzo’

Antonio García Fuentes (Barcelona, 1967) vive a caballo entre la localidad de Cadaqués y la estación de esquí de la Molina, en la Cerdaña. La montaña es una de sus pasiones además del buceo, faceta de la que vamos a hablar en estas líneas.

Se crio  en el barrio pesquero de la Barceloneta, lugar estrechamente ligado al crecimiento y desarrollo del puerto de la ciudad condal y en el que su familia trabajó buena parte de su vida. Toni pertenece a la tercera generación de una saga de buzos locales.

“Mi abuelo comenzó a hacer trabajos de buzo, participando en obras hidráulicas y construcción de puertos. Más tarde montó una empresa de construcción en la que mi padre se encargaba de los trabajos submarinos. Yo me sumé a la actividad de la empresa allá por el año 1985, ya que con 16 años no me gustaba mucho estudiar”.

A Toni no le gustaba mucho estudiar, así que optó por conocer la profesión de su padre a los 16 años. Hizo el servicio militar y a mediados de los años 80 completó su primer curso de buceo, que le sirvió en la vida civil para dar sus primeros pasos como buceador de primera clase. Más tarde también se certificó como buzo en saturación en Brasil. En el país carioca pasó algunos años trabajando en Petrobras, haciendo inspecciones de las estructuras, reparaciones o construcción de oleoductos (pipelines) entre otros trabajos. Allí pasó 4 años de su vida bajo el mar, para volver más tarde otros dos años tras un paréntesis que hizo para volver a Barcelona.

“La primera vez que volví de Brasil fue cuando tuve mis primeros contactos con la pesca del coral. Mi padre ya era entonces coralero con su licencia y yo le acompañaba al Cap de Creus. Eran los años 90 y compaginábamos la pesca del coral rojo con la obra hidráulica. Por aquel entonces fue cuando me instalé en Cadaqués, donde actualmente resido, y en aquella época inauguré Diving Center Cadaques”, recuerda.

Tras un periplo de idas y venidas a Brasil, Angola o Egipto, fue en el año 1992 cuando comenzó a dedicarse definitivamente a pescar coral e hizo de esta actividad su profesión y su dedicación diaria.

Después de realizar el servicio militar y posteriormente trabajar como buzo comercial en varios países en África y Latinoamérica, Toni se centró en la pesca del coral, siendo el Cap de Creus el lugar donde desarrolló esta actividad.

A partir del año 2000 comenzó una época de bonanza para Toni en el mundo del buceo.  “Por aquel entonces se ganaba mucho dinero y nosotros supimos compaginar los trabajos de buceo comercial, la pesca de coral y otros trabajos de buceo científico”. Diving Center Cadaqués, que hoy es un centro de buceo deportivo, pero que en aquellos años también era una empresa industrial, fue el epicentro de todo aquello.

“En aquellos años comenzamos a hacer trabajos para el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), desde la sección de biología marina y medio ambiente de nuestra empresa. Fue mi época potente como pescador de coral, una actividad lucrativa, que además me sirvió para abrirme las puertas a colaborar en trabajos de investigación que más adelante describiré”.

Si en los 90 Toni comenzó a pescar coral con su padre para ‘ganarse las garrofas’, como dicen en Cataluña, en los primeros compases del siglo XXI sería en compañía de los buzos compañeros de progenitor, con quien continuó pescando esta especie en el Cap de Creus. Aquel grupo de experimentados buceadores fueron una fuente de inspiración y aprendizaje para nuestro entrevistado que dice haber “aprendido más de buceo con ellos que con las grandes compañías de la industria o incluso haciendo saturación. Me trataron como a un hijo”.

“Para pescar coral hacía falta tener un espíritu aventurero; era una forma de vida. Bajábamos a profundidades de hasta 90 metros sin chaleco y con bibotellas. Los coraleros éramos los pata negra de buceo” sentencia Toni con orgullo y buen humor.

Y es que la pesca del coral desde los 90 en adelante adquiere gran auge en la zona de Cap de Creus y Cap de Begur, dos importantes zonas de cría en el Mediterráneo, con muchas similitudes con el coral que se cría también en el norte de Córcega.

“El coral rojo que se cría en Córcega, así como el que se cría en Cap de Creus, se considera el mejor del mundo y es conocido como ‘Sangre de Toro’. Éste es muy cotizado en Torre del Greco, municipio italiano en Nápoles donde se concentra una destacada industria orfebre con este material. La afluencia de aguas dulces subterráneas de los Alpes provoca corrientes ideales para la alimentación del coral y esto mismo pasa en Cap de Creus por la afluencia de aguas de los Pirineos, de ahí la calidad del coral catalán”, explica.

La industria de la  joyería del coral en Torre del Greco

El coral rojo (Corallium rubrum) es considerado el oro rojo del Mediterráneo y muchos pueblos antiguos han atribuido propiedades mágicas a este singular animal marino, muy presente en el Mare Nostrum.

Usado desde siglos como una piedra preciosa para la industria de la joyería, es un material altamente cotizado en el mercado en la actualidad.

Hoy en día es la ciudad de Torre del Greco en Nápoles (Italia) donde mejor han sabido recoger esa tradición y llevarla hasta los límites de su profesionalización.

En esta localidad se encuentran los más afamados orfebres que trabajan el coral rojo y las colecciones más ostentosas, que alcanzan un incalculable valor en el mercado y que han sido objeto de atención de las personalidades más famosas y adineradas del planeta. 

La belleza y la complejidad de las piezas talladas en Torre del Greco  son conocidas en todo el mundo y sus colecciones atraen cientos de visitas hasta este lugar situado entre el Vesubio y el mar. Desde tiempos remotos, esta localidad ha generado un volumen de negocios tan grande que Fernando IV de Borbón en el siglo XVIII le dio el nombre de “esponja de oro” del reino.

Auge del Coral y furtivismo

Técnicamente la pesca del coral ha tenido poca evolución. Hasta el 2005 aproximadamente se usaban bibotellas y no había muchas condiciones técnicas, aunque sí muchos conocimientos de las mareas, las corrientes y las condiciones del mar en general. Sobre todo muchas ganas de aventura y coraje. 

A partir de 2005 se dispara el precio del coral rojo con la entrada de empresarios chinos en este mercado. Los asiáticos comienzan a extraer coral de menor calidad y a hacer un tráfico poco fiable del producto. La reacción de los joyeros de Torre del Greco, fue comprar toda la producción de coral rojo del Mediterráneo hasta 2014 y esto disparó el precio del coral.

“En 2005 se disparó el precio del coral por la entrada de los chinos en el mercado y los joyeros de Torre del Greco comenzaron a comprar todo el coral rojo del Mediterráneo”

Fue una época como de novela oscura porque todo el mundo comenzó a pescar coral, tuviera licencia o no. Aun así nos respetábamos y no invadíamos las zonas de pesca del otro.  Dejábamos barbecho y respetábamos la pesca con tamaño”, explica Toni.

También fue un momento de evolución técnica dentro de esta práctica, ya que comenzaron a usarse rebreather en torno al año 2010, para bajar a más profundidad y estar más tiempo que con la botella. Pero sobre todo  fue la época en la que comienzan a aparecer los furtivos que tanto daño han hecho a la profesión y al fondo del mar. 

“Ante aquella situación nos dimos cuenta que aquello debía ser regulado, ya que las colonias mermaban y el fondo, con el ritmo de crecimiento del coral, lógicamente no se regeneraba”, indica 

En 2016, con la presión que sufrió el fondo por la sobreexplotación, se derogaron las licencias para la pesca de coral rojo en Cataluña dentro de sus competencias en aguas interiores.

En el CSIC

“Fue en aquel momento en el que saltan las alarmas por la extracción descontrolada de coral rojo, cuando los más conscientes comenzaron a sentir que las colonias estaban en grave peligro. En 2007 contactó con científicos del CSIC ubicados en la Barceloneta y compartió con ellos la preocupación común por el ecosistema marino.  “Fue un momento en el que sentí que mi medio de vida y el de otros amigos coraleros, peligraba en gran medida y me sentí en la responsabilidad de reaccionar ante esta situación.  Es por eso que respondí a la llamada de los investigadores del centro ubicado en Barcelona”, relata

“Dentro de la comunidad científica existen partidarios de la pesca de coral de manera sostenible y con ellos comencé a participar en estudios sobre esta especie, especialmente con Lorenzo Bramantti, del Observatoire Oceanologique Banyuls sur Mer (Francia), quien me lo enseñó todo sobre el coral a esos niveles de conocimiento”, recuerda.

“Mi experiencia como pescador me sirvió para participar en proyectos científicos aportando  datos sobre el ritmo de crecimiento de los corales y la talla que pueden llegar a alcanzar en diferentes lugares. En los años posteriores emprendimos acciones para intentar acelerar el crecimiento del coral rojo, trasplantando corales de diferentes zonas del Mediterráneo, para criarlos en acuarios artificiales. Experimentamos con su dieta en busca de fórmulas para el engorde de los ejemplares en estudio”.

Toni García sobre el submarino Jago.

Uno de los mayores problemas que plantea la sobreexplotación del coral es la regeneración de las colonias debido a su lento crecimiento. Si bien algunos estudios del coral sostienen que éste crece 0,5 milímetros de diámetro al año, Toni conoce zonas donde llegan a alcanzar hasta 4 milímetros de crecimiento anual.

“Existen zonas donde, por sus condiciones medioambientales, crecen bastante más que en otras, aunque es cierto que esto ocurre en muy pocos lugares. Compartí esta información con ellos y comenzamos a extraer coral de Cap de Creus, entre otros lugares, y a llevarlo al Museo Oceanográfico de Mónaco, donde aún se sigue experimentando con su dieta, para poder repoblar las zonas más afectadas por la pesca descontrolada”.

“Fue así como entablé contacto con Bramantti, con quien me une gran amistad y a quien acompañé en una expedición para el estudio del coral por buena parte del Mediterráneo, desde la costa  brava hasta Cinque Terre, en la región de Liguria. Finalmente, acabamos en Roma, donde Lorenzo expuso el estudio que habíamos realizado bajo el auspicio de la UNESCO. Para aquella aventura subacuática sugerí el uso de un submarino y así fue como comenzó mi relación con el Jago, con el que tanto se me ha retratado en revistas especializadas y reportajes sobre el tema”.

“Uno de los principales problemas que plantea la sobreexplotación del coral es la difícil regeneración de las colonias por su lento crecimiento”

“Mi papel dentro de la misión era de jefe de seguridad y acompañante del científico alemán Jürgen Schauer en varias inmersiones. Inspeccionamos todo el fondo del cañón del Cap de Creus y bajamos hasta 400 metros. La profundidad no me inquietaba, pero no estar conectado a superficie sí me tenía en tensión. En una ocasión no enganchamos a un palangre (el fondo estaba completamente lleno de artes de pesca) y tuvimos que activar el plan de emergencia. En la superficie teníamos el apoyo del buque oceanográfico García del Cid al servicio del centro de investigación, además de otro buque francés que fue alertado, pero finalmente no tuvo que socorrernos. Nosotros desde el submarino, cortamos los suministros de energía, que nos permitían hasta 90 horas de alimentación de la nave y enviamos boyas a la superficie. El García del Cid localizó nuestra posición y probamos a desenganchar el submarino por nuestros propios medios y, con éxito, nos desenganchamos de parte aquella maraña, aunque un resto de cabos subió con nosotros a superficie. Nos llevamos un susto aquel día.

Entre 2007 y 2011 bajé hasta 8 veces en 4 campañas de investigación en el submarino Jago.

El Futuros del Coral Rojo

Sobre el futuro de la pesca del coral, Toni lo tiene claro: “los coraleros se extinguirán pero el coral rojo no. Soy coralero y me siento orgulloso de ello, pero reconozco que la única manera de conservar las colonias de coral es que se deje de pescar”.

Entre tanto, los científicos continúan con su labor de estudio para la recuperación del coral, una especie sin depredador conocido y con una importancia vital para la supervivencia de muchas especies en el fondo marino.

Nuestro protagonista, confiesa que ahora solo bucea por afición con su mujer y sus nietos, pero que siempre está atento a cualquier llamada de la comunidad científica para luchar por la protección del coral rojo en el Mediterráneo. “Siempre estaré dispuesto a apoyar cualquier proyecto de investigación que reclame mi ayuda”, concluye.

Imágenes de Toni García Fuentes en Cap de Creus pescando coral rojo

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