Vuelven las llamas al Lago de Maracaibo y el silencio de PDVSA
Explosión, incendio y llamas en el Maracaibo
Una nueva explosión seguida de un incendio volvió a sacudir la infraestructura energética del Lago de Maracaibo, en Venezuela, dejando al menos seis trabajadores heridos, dos de gravedad, y reabriendo el debate sobre el deterioro y la falta de mantenimiento en una de las zonas petroleras más importantes del planeta. El incidente se produjo el pasado viernes 15 de mayo en la planta compresora de gas Lamargas, ubicada en las costas del municipio Lagunillas y operada dentro de la estructura de PDVSA junto a la firma china Chinaconcord.
Las primeras informaciones apuntaron a que una fuerte explosión precedió al incendio, generando escenas de gran tensión entre los trabajadores de la instalación. Algunos operarios tuvieron incluso que lanzarse al agua para escapar de las llamas, mientras otros intentaban contener el fuego en medio de enormes columnas de humo visibles desde distintos puntos del lago.

Falta de información e incertidumbre
Aunque las autoridades venezolanas no han ofrecido demasiados detalles oficiales, distintos medios locales y sindicatos petroleros elevaron a seis el número de heridos, varios de ellos con quemaduras de consideración. PDVSA aseguró haber activado los protocolos de emergencia e iniciado una investigación técnica para esclarecer las causas del accidente.
Sin embargo, para muchos profesionales del sector, este nuevo siniestro no supone una sorpresa. El Lago de Maracaibo arrastra desde hace años graves problemas estructurales derivados del envejecimiento de sus instalaciones submarinas, la falta de inversión y el deficiente mantenimiento de buena parte de sus redes de conducción de hidrocarburos y gas.
Precisamente, SubaQuatica Magazine ya alertó sobre esta situación en 2020, tras otro espectacular incendio provocado por la fuga de una tubería submarina en el área de Bajo Grande. En aquella ocasión, una filtración de combustible acabó incendiando una embarcación pesquera artesanal después de que el hidrocarburo entrara en contacto con una chispa del motor. La rápida actuación de buzos comerciales venezolanos evitó entonces una tragedia mayor.

Aquella intervención mostró imágenes impactantes de profesionales trabajando literalmente bajo las llamas para grapar la tubería y detener la fuga. Fuentes locales consultadas entonces por esta revista advertían de que “la falta de mantenimiento en las líneas submarinas es una constante” y que las filtraciones eran relativamente frecuentes en el lago.
Fuentes consultadas por Subaquatica Magazine señalan el “silencio de la empresa estatal en casos como estos” y la “desinformación” que sospechosamente esconde las deficiencias de seguridad en las que se ven obligados a operar los profesionales de la industria Offshore en Venezuela.
Una zona con serios riesgos
El Lago de Maracaibo alberga una de las mayores concentraciones de tuberías submarinas de combustible del mundo, una compleja red de infraestructuras que durante décadas ha sustentado buena parte de la producción petrolera venezolana. Sin embargo, numerosos trabajadores y colectivos profesionales denuncian desde hace años el deterioro progresivo de estas instalaciones y las deficientes condiciones de seguridad en muchas operaciones industriales y subacuáticas.
El Lago de Maracaibo alberga una de las mayores concentraciones de tuberías submarinas de combustible del planeta y arrastra desde hace años graves problemas de mantenimiento y seguridad industrial
La Asociación de Buzos Comerciales de Venezuela (ABCV) ya reclamó en su momento mejoras urgentes en procedimientos, equipamiento y estándares de seguridad, alertando del riesgo constante al que se enfrentan los profesionales que trabajan en estas aguas contaminadas y altamente industrializadas.
El nuevo accidente en Lamargas vuelve ahora a poner el foco sobre una problemática histórica que sigue sin resolverse en uno de los entornos offshore más complejos y sensibles de América Latina.


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