“Sacábamos los trabajos en tiempo récord y nos sentíamos respetados”

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De izquierda a derecha, Daniel Macpherson, Francisco José Vázquez , Víctor Mendoza, Maxi Zinno, José Alcantará, Israel Moreno, Ricardo Soares y Álvaro Gárate

Héroes en el Costa Concordia

Al canto de “buongirono alla mattina, alé alé; Vici” el equipo de buzos españoles zarpaba cada día del puerto de la isla de Giglio rumbo al Vicenzo Consentino, la pontona desde donde operaban a las órdenes de Jim Conroy. La tonada contrastaba casi siempre con la hora del comienzo de su turno, ya que cubrir el turno de noche fue lo más habitual para ellos. Pero el espíritu de superación del grupo dejó su impronta en toda el área de operaciones de rescate del Costa Concordia desde su llegada y el resto de buzos miraban con admiración a aquel grupo de aguerridos buzos, que se ganaron a pulso su notoriedad dentro del proyecto.
Una nueva jornada de 12 horas en la que afrontar complicadas maniobras que requerían de una exquisita planificación, una perfecta coordinación y grandes dosis de profesionalidad y templanza.
Así lo recuerdan sus protagonistas, que a pesar de la experiencia que muchos acumulaban a su llegada, se enfrentarían a la operación de rescate más complicada hasta el momento: reflotar un buque de más de 114.000 toneladas de una pieza, no sin antes adrizarlo para hacerlo navegar hasta Génova.

“Lo que hicimos fue una proeza que quedará marcada en nuestras carreras profesionales y en nuestras vidas”

“Todas las inmersiones eran muy complicadas y un simple grillete podía llegar a pesar 200 kilos. Además nos sentíamos examinados a diario, tanto por la disciplina del salvage master como por los ROVs que nos grababan en todo momento. La responsabilidad era máxima. Pero siempre dábamos el callo y nos comíamos los marrones que otros no querían; Así era trabajar con Jim Conroy al frente. Era un tipo muy duro y nos hizo currar mucho, pero estoy orgulloso de haber colaborado con él y compartir aquello con mis compañeros que considero que son ‘la creme de la creme’ en este sector”, confiesa David Salvador. “En nuestra retina quedan imágenes espectaculares, como bajar y ver decenas de puertas ondeando bajo el agua, con sábanas a la deriva por el recinto del naufragio. Era todo como sacado de una película de Hollywood, como en Titanic”.
Pero el esfuerzo y la entereza se premiaban también con la satisfacción de cumplir con cada reto y ejecutar misiones imposibles que en muchos casos resultaban emocionantes. “Una de las primeras operaciones consistió en pasar cables y cadenas por debajo de la quilla del barco, por unos angostos huecos. Había que pasar desde la costa hacia mar abierto, para encontrarse con aguas cristalinas en aquel parque natural donde encalló. Fue una experiencia muy guapa”, rememora José Alcántara ‘Pepe’. “Introducirnos por aquellos huecos para conectar los cables, engrilletar, cortar obstáculos o soldar piezas, mientras pasábamos bajo el barco en zonas con poco espacio fue una maniobra que no olvidaré”, rememora Juan Miguel Selma.
“Lo que hicimos fue una proeza que queda marcada en nuestras vidas y nuestra experiencia profesional. Buceábamos a 30 metros de profundidad con grandes pesos; nos poníamos al límite a diario. Pero cuidábamos mucho el uno del otro y eso nos ha unido de por vida”, coinciden los buzos. “Hacíamos descompresiones a diario en la cámara hiperbárica y la exigencia de nuestro trabajo fue brutal”, recuerdan, entre otros, Maximiliano Zinno, Maxi.

“Aprendimos no solo a hacer piña, sino a trabajar en equipo, es decir, no había espacio para los individualismos; tenías que contar con tus compañeros. Los turnos eran de 12 horas con un ritmo de trabajo intenso y continuas rotaciones de todos los buzos del equipo. No tuvimos un día de descanso y nuestras campañas se prolongaban hasta los 4 meses, trabajando de lunes a lunes. Esto forjó unos lazos de unión entre nosotros que difícilmente romperá el paso del tiempo”, confiesan sus protagonistas.
“El trabajo en cubierta fue espectacular y los compañeros montaban unas maniobras impresionantes. La experiencia de David Salvador en trabajos verticales fue de gran ayuda. Tuve la suerte de trabajar con este grupo de grandes profesionales del buceo. Sacábamos los trabajos adelante en tiempo récord y nos sentíamos respetados por toda la comunidad de buzos”, dice Benito Ledesma.

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Los niveles de calidad de aquel megaproyecto de salvamento, en el que todo el público internacional tenía puesto el foco, eran inusuales para los buzos españoles y los técnicos disponían de todos los medios posibles en el mercado. “Las prestaciones eran espectaculares; allí había de todo lo que podías necesitar. Nuestro día a día era un permanente aprendizaje y eso nos ha abierto las puertas en nivel laboral en el ámbito del salvage. Eso sí, el trabajo era especialmente duro con turnos de noche continuos, non stop. Cuando no había que bucear, nos llevaban a desguazar a la parte seca del barco. A nivel profesional fue algo espectacular, a nivel humano es difícil de explicar, pero me llevé de allí a una familia a pesar de perder a un gran amigo”, trasmite con emoción Jesús Marcos, Suso.

“Aprendimos a trabajar bajo mucha presión y a tener la moral siempre alta; a sobreponernos a la pérdida de Isra”

Desde tierra, se seguía a diario lo que ocurría en el naufragio y la población de la isla se puso al servicio de los operarios del rescate. El cariño y la respuesta humana de la gente en Giglio fue algo que todos coinciden en destacar. “Nos trataron muy bien y las señoras enlutadas de la isla se acercaban a la ribera para darnos las gracias por el trabajo diario que hacíamos, fue una experiencia inolvidable”, recuerdan algunos como Benito.
La pérdida de Israel Moreno fue un duro golpe al que hacer frente, ya que era un pilar a nivel humano y uno de los más experimentados bajo el agua. “Su fallecimiento nos golpeó fuertemente, pero estoy seguro de que también unió al grupo”, afirman sus colegas en el Costa Concordia. “Aprendimos a sobreponernos a la adversidad y a tener la moral siempre alta, pues la pérdida de Isra generó un gran vacío; el que deja la gran persona y el gran compañero que fue. Era un grande. Nunca olvidaré la ofrenda de flores en su memoria y toda la flota alrededor del crucero haciendo sonar las sirenas”, rememora Maxi Zinno.
Su impronta quedó para siempre en el lugar y la mayoría de los locales hosteleros de la isla tienen colgada una entrañable foto del buzo español que entregó su vida por recuperar el Parque Natural Marino de Giglio, afectado por el hundimiento del titánico crucero.
Israel fue el artífice de un proyecto de ayuda para un joven vecino de la isla, con una discapacidad que le impedía caminar con normalidad. “Recogió miles de tapones de plástico de las botellas que consumíamos a diario para combatir el calor en el tajo y consiguió entregarle a aquel chaval una silla de ruedas mecánica para que pudiera pasear en ella. Así era Isra, un tipo con una gran conciencia de ayuda a los demás, además de ser un crack en su trabajo y un hermano mayor para muchos que trabajamos junto a él a lo largo de su carrera”, recuerdan sus compañeros.

En Memoria de Israel Moreno Franco

Hoy me desperté en la oscuridad, aún no había amanecido y tenía los ojos húmedos en lágrimas. Estuve soñando contigo. Lo que no pude llorar cuando estaba despierto lo lloré mientras dormía, lo sentía como un río de tristeza frío y espeso que atravesaba mi alma.
Ya queda menos para vernos amigo; fuerza y honor.
Te fuiste a una guerra en la que no te puedo ayudar y como tú me decías, ahora sólo queda batirse a diente de lobo hermano. Nos veremos al otro lado, no te olvidaremos nunca porque te llevas una parte de nosotros mismos.
Sólo ese reducido número de personas que trabajamos bajo el mar podemos comprender su oscuridad total, el sentimiento de lucha que desarrollamos contra las adversidades ahí abajo, en contra de nuestras propias limitaciones. El espíritu de combatir el miedo cuando llega, el frío, el cansancio, la falta de respiración, ignorar todas las señales de alerta que te manda tu propio cerebro y completar nuestro objetivo.
Ser buzo no es un trabajo, ser buzo es un modo de vivir la vida, quizás a la antigua… como si de un antiguo Tercio español de soldados se tratara.
Los buzos, esos locos inconscientes, que no piensan en el futuro porque lo importante es sobrevivir un día más.
Siempre en nuestro recuerdo, Israel Moreno Franco. Ferrol 1972 – Giglio 2012

Arístides Sánchez Najarro

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