Somos agua: la importancia de la hidratación en el buceo comercial
Un artículo de Jesús Barrionuevo Rodríguez, Especialista en Medicina Hiperbárica y Subacuática
Hidratación y buceo: agua bajo el agua
Debido a la amplia gama de funciones que cumple el agua en el metabolismo humano, es necesario el mantenimiento de la homeostasis de líquidos y electrolitos (una forma de equilibrio dinámico gracias a una red de sistema de control realimentados que constituyen los mecanismos de autorregulación de los seres vivos) para asegurar una función fisiológica normalizada.
La hipohidratación (pérdida de agua) ocurre durante el proceso de deshidratación, por el cual la pérdida de líquidos es mayor que su ingesta. Una deshidratación moderada (de entorno al 2 por ciento de la masa muscular), puede comprometer funciones fisiológicas básicas y afectar al rendimiento físico y cognitivo.
El nivel hídrico del cuerpo humano se pierde de forma constante, al exhalar el aire, a través de la piel, a través de la orina y las heces, del enfriamiento fisiológico del cuerpo y a través de la sudoración. La pérdida de líquidos corporales durante cualquier actividad física a través de la transpiración, incluidas las propias del buceo puede llegar hasta los 4 ó 5 litros, que es hasta 50 veces mayor que en situación de reposo. Por tanto, siempre perdemos agua, aunque existen elementos fisiológicos compensatorios para reducir dicha pérdida.
Estudios médicos evidencian que la deshidratación es un factor que aumenta el riesgo potencial de padecer enfermedad descompresiva
Existe una marcada y creciente evidencia médica de que una disminución del agua corporal desde los niveles normales (a menudo denominada deshidratación o hipohidratación) provoca cambios en la función termorreguladora, metabólica y nerviosa central.
Asimismo, induce la inflamación, reduce la función del endotelio (capa que protege, entre otras funciones, los vasos sanguíneos) y puede producir cambios en la función vascular (muy implícita en los procesos descompresivos) y en la regulación de la presión arterial, con un agravamiento progresivo proporcionalmente directo al nivel de deshidratación.
Realizar un trabajo físicamente exigente en inmersión y usar un traje de buceo de agua caliente puede crear un estado de estrés térmico, que indudablemente amplifica la pérdida de fluidos debido al aumento de la tasa de sudoración.
Por ello, se determina que en un estado transitorio de deshidratación previo a la inmersión y durante la inmersión, ya sea profesional de intervención, saturación, o técnico, estas condiciones predisponen a una hemoconcentración e hipovolemia (disminución del volumen circulante de sangre u otros líquidos dentro del sistema cardiovascular). Se trata de factores que pueden provocar enfermedad por descompresión en cualquiera de sus manifestaciones clínicas.
Esta situación provoca un aumento de la viscosidad de la sangre y del plasma, así como un aumento de la viscoelasticidad de la sangre. En definitiva, se produce una alteración casi total de la física del flujo sanguíneo, que termina en un proceso sintomático, originado cuando las burbujas ejercen un efecto de masa en los tejidos u obstruyen el flujo venoso o arterial.
Esta expansión de las burbujas se produce en dos fases. La primera de ellas, es una fase de iniciación extendida, durante la que las nanoburbujas se transforman en micronúcleos de gas y comienzan a expandirse.
La segunda, la fase más corta, es de crecimiento impulsado por difusión simple. La tensión de gas inerte en la sangre permanece casi constante durante la expansión de la burbuja.
La deshidratación es un factor potencial y evidenciado que aumenta el riesgo de la enfermedad por descompresión y la gravedad de su pronóstico. Asimismo, la hidratación puede mejorar la eliminación de los gases inertes y aumentar la tensión superficial de la sangre.
Cualquier grado de deshidratación, específicamente, aumenta el riesgo de una enfermedad descompresiva cardiopulmonar, mostrando una tendencia al aumento de la misma hacia un disbarismo descompresivo neurológico.
Además, los estados de deshidratación manifiestan la enfermedad por descompresión cardiopulmonar de forma prematura, mostrando siempre una tendencia hacia el agravamiento del cuadro. Igualmente, cualquier grado de deshidratación en el proceso descompresivo influye significativamente en la incidencia, el tiempo de aparición y variabilidad de su gravedad.
Reemplazo de fluidos
La reposición de fluidos, tanto previa a la inmersión como tras la intervención, más si cabe con un componente técnico y de esfuerzo exigentes, debería ser una condición obligatoria dentro del briefing rutinario, debiendo abordarse de forma diligente y pormenorizada. A modo orientativo, el buzo precisaría unos 500-600 cc de líquido entre 1 y 2 horas antes de la inmersión. Y un volumen similar tras volver a superficie.
La rehidratación oral con agua reduce la pérdida de volumen plasmático y disminuye la deriva de la frecuencia cardíaca y la hipertermia. Además, la inclusión de sodio en la solución de rehidratación a niveles que duplican los del sudor (es decir, alrededor de 90 mmol / l de Na+) restaura y expande el volumen de plasma si se ingiere antes de la inmersión.
La administración de líquidos preferentemente isotónicos ( aquellos cuya concentración osmótica es similar a la de la sangre ) reduce la viscosidad de la sangre como consecuencia de los efectos contrarrestantes de hematocrito y la osmolalidad (niveles de concentración) en la viscosidad y viscoelasticidad de la sangre, antes descrita.
Es importante para la rehidratación completa, sobre todo después de una inmersión de gran requerimiento técnico, el consumo tanto de un volumen adecuado de líquido como de la cantidad de sodio. Sin ambos, la rehidratación no será rápida, completa ni estable.

La hidratación en buceo en saturación
El entorno hiperbárico e hiperóxico implícito del buceo de saturación desencadena una serie de cambios fisiológicos que pueden contribuir a romper el estado de euhidratacion (hidratacion normofuncional), propiciando la hipohidratación.
El factor principal que puede desafiar la homeostasis de líquidos (estado de equilibrio, debido a la interacción de los procesos reguladores del cuerpo) en el buceo de saturación es la diuresis hiperbárica. Esto se refiere a un exceso de producción de orina, constatado en condiciones de hiperoxia hiperbárica, que puede producir hasta un aumento del 54% en la excreción de sodio (el aumento de la pérdida de sodio puede contribuir a un estado de hipovolemia ya mencionado) y una reducción del 32% en la osmolalidad de la orina (concentración de partículas en la orina, mOsm / Kg).
El objetivo principal previo al inicio de la inmersión de saturación es garantizar que los buceadores comiencen ya en un estado lo más euhidratado posible, y que el consumo de alimentos y líquidos que contengan sodio se utilice antes de la inmersión de saturación, para facilitar la retención de líquidos. La ingesta de sodio en este caso es fundamental para la restauración eficaz del equilibrio de líquidos dentro de los rangos de euhidratación.
Debido a la composición isoosmótica de la pérdida de líquidos en inmersión, se recomienda de forma preferente una bebida isotónica con electrolitos durante la inmersión para reemplazar su pérdida, reduciendo así la probabilidad de hiponatremia (nivel insuficiente de sodio en sangre) o grandes reducciones en el volumen plasmático, que como hemos dicho, son determinantes en la enfermedad descompresiva. Después, sería recomendable realizar una hidratación más extensa con el fin de una recuperación rápida y sin alteraciones significativas.
Conclusiones
La hidratación oral previa a la inmersión reduce la volumetría y recuento de burbujas circulatorias, lo que ofrece una táctica determinante y sencilla de reducir el potencial riesgo de enfermedad por descompresión. La condición de prehidratación permite atenuar la deshidratación, por consiguiente, prevenir la hipovolemia inducida por la inmersión, máxime si ésta es una inmersión profunda y extensa en el tiempo. En definitiva, la finalidad es preacondicionar la normodinámica de la sangre, en toda su magnitud e implicación de la enfermedad descompresiva.
Hay que tener en cuenta que la hidratación no es solo todo lo que se bebe, sino también todo lo que se retiene.
Sobre el autor
El doctor Jesús Barrionuevo Rodríguez (Málaga, 1967) tiene una maestría en Medicina Subacuática e Hiperbárica; Actualmente, ejerce profesionalmente en la Unidad de Medicina Subacuática e Hiperbárica del Hospital Vithas Xanit Internacional (Benalmádena, Málaga).
Además, es instructor de buceo profesional y buceo técnico. En los últimos años ha trabajado en el campo de la termodinámica vinculada al buceo de saturación, materia en la que es especialista. Igualmente, ha realizado el Máster de Ingeniería Biomédica, sobre mezclas Heliox en la Oxigenoterapia Hiperbárica.


Reemplazo de fluidos