Recomendaciones para evitar sufrir un edema pulmonar por inmersión (IPE)
Uno de los riesgos menos conocidos en el buceo
Cuando se habla de accidentes graves en el buceo, la atención suele centrarse en la enfermedad descompresiva, el embolismo gaseoso arterial, los barotraumas, los fallos de equipo o los errores de procedimiento. Sin embargo, en los últimos años ha ganado visibilidad una entidad médica menos conocida, pero de gran interés para buceadores, nadadores de aguas abiertas, equipos militares, personal de rescate y profesionales que trabajan en entornos acuáticos: el edema pulmonar por inmersión, conocido internacionalmente como IPE por sus siglas en inglés, Immersion Pulmonary Edema.
El artículo ‘The Heart Underwater: Mechanisms and Treatments of Immersion Pulmonary Edema‘, publicado en 2025 en Current Treatment Options in Cardiovascular Medicine, revisa la fisiopatología, la presentación clínica, el reconocimiento temprano y las estrategias de prevención del IPE en nadadores y buceadores. El estudio presta especial atención a perfiles tácticos, militares u ocupacionales sometidos a exposiciones exigentes en el agua.
Su interés radica en que el IPE no responde al patrón clásico de accidente de buceo. No se trata de una burbuja de nitrógeno durante el ascenso ni de un barotrauma pulmonar por expansión gaseosa. Es una acumulación aguda de líquido en los pulmones desencadenada por la inmersión, el esfuerzo, el frío y determinadas condiciones cardiovasculares.

Qué es el edema pulmonar por inmersión
El edema pulmonar por inmersión es una situación aguda en la que se acumula líquido en los pulmones mientras una persona nada, bucea o realiza una actividad en el agua. La persona afectada puede experimentar dificultad respiratoria, tos, opresión torácica, fatiga intensa o incluso expectoración con sangre. En los casos graves, el cuadro puede comprometer rápidamente la seguridad del buceador o nadador.
Dicho de forma sencilla, el IPE aparece cuando las condiciones de la inmersión provocan una presión excesiva en la circulación pulmonar. Esa presión favorece el paso de líquido desde los capilares hacia los espacios donde debería producirse el intercambio normal de oxígeno. Como consecuencia, respirar se vuelve difícil, el rendimiento cae de forma brusca y puede aparecer una sensación de ahogo.
Uno de los aspectos más importantes es que puede desarrollarse sin que exista un fallo evidente del equipo, una mala planificación de la inmersión o un error técnico. Puede afectar a personas entrenadas, con experiencia y aparentemente preparadas para la actividad que realizan. Por eso, su reconocimiento resulta clave en cualquier cultura de seguridad vinculada al medio acuático.
El corazón bajo el agua
Una de las ideas centrales del estudio es que la inmersión no es una situación neutra para el organismo. Al entrar en el agua, especialmente si está fría, se produce un desplazamiento de sangre desde las extremidades hacia el tórax. Este fenómeno aumenta el retorno venoso, eleva la carga sobre el corazón y somete a los vasos pulmonares a una presión adicional.
A ello se suma la vasoconstricción provocada por el frío. El cuerpo reduce el flujo sanguíneo hacia la piel y las extremidades para conservar temperatura, lo que concentra todavía más volumen sanguíneo en la zona torácica. Si además existe esfuerzo físico, el sistema cardiopulmonar trabaja bajo una exigencia mayor.
En el caso del buceo, la presión ambiental añade complejidad. La respiración se produce en un entorno diferente al de la superficie, con cambios en la densidad del gas, en la mecánica respiratoria y en las condiciones de trabajo del corazón y los pulmones. En la mayoría de los individuos, estos cambios son tolerables. Pero en personas predispuestas, especialmente si existen factores cardiovasculares no diagnosticados, el equilibrio puede romperse.

Factores de riesgo: frío, esfuerzo, edad e hipertensión
El estudio sitúa el problema en el cruce entre ambiente, esfuerzo y salud cardiovascular. El agua fría, el ejercicio intenso, la presión ambiental y determinadas características individuales pueden actuar de forma conjunta. Ningún factor explica por sí solo todos los casos, pero la combinación de varios elementos puede aumentar el riesgo.
Entre los factores más destacados se encuentra la hipertensión arterial. Una presión arterial elevada incrementa la carga de trabajo del corazón y puede favorecer una mayor presión en la circulación pulmonar durante la inmersión. También se mencionan la edad, especialmente en personas mayores de 50 años, la enfermedad cardiovascular previa, la diabetes y otros factores de riesgo acumulados.
La sobrehidratación es otro punto relevante. Mantener una hidratación adecuada es necesario, pero beber cantidades excesivas de líquido antes de una actividad intensa en agua fría puede aumentar la carga de volumen en el organismo. También se ha señalado el posible papel de los trajes demasiado ajustados, ya que pueden dificultar la respiración y aumentar la sensación de restricción.
Síntomas y diagnóstico
Uno de los grandes retos del edema pulmonar por inmersión es reconocerlo a tiempo. Sus síntomas pueden confundirse con cansancio, ansiedad, mala condición física, frío, esfuerzo excesivo o incluso con otros accidentes de buceo. La persona afectada puede empezar con una sensación de falta de aire que no mejora, tos persistente, opresión en el pecho, fatiga desproporcionada o expectoración espumosa o con sangre.
En un entorno acuático, estos síntomas nunca deben minimizarse. La dificultad respiratoria bajo el agua o durante una actividad de superficie no es un signo menor. Puede comprometer la capacidad de tomar decisiones, aumentar el consumo de gas, provocar pánico o impedir que el buceador complete con seguridad la tarea o el retorno.
El IPE también puede confundirse con la enfermedad descompresiva o con el embolismo gaseoso arterial, aunque sus mecanismos son diferentes. La enfermedad descompresiva está relacionada con la formación de burbujas durante o después del ascenso. El embolismo gaseoso arterial suele tener una presentación brusca y potencialmente neurológica. El IPE, en cambio, es fundamentalmente un problema cardiopulmonar.
Otra dificultad añadida es que, en algunos casos, los síntomas pueden mejorar al salir del agua. Esto puede provocar que el episodio se infravalore o que, cuando la persona llega a un servicio médico, parte de los signos iniciales ya hayan remitido. Por eso es fundamental que equipos, instructores, supervisores y servicios médicos conozcan el cuadro.
Por qué importa al buceo profesional
Aunque el estudio aborda el IPE en nadadores, buceadores y perfiles tácticos, sus conclusiones tienen una lectura directa para el buceo profesional. El buzo comercial puede trabajar en agua fría, con esfuerzo físico, bajo presión ambiental aumentada, con equipamiento pesado y en operaciones donde la evacuación médica no siempre es inmediata.

Además, el sector cuenta con trabajadores de edades diversas. Muchos profesionales acumulan años de experiencia, pero también pueden acumular factores de riesgo cardiovascular. Hipertensión, sobrepeso, antecedentes familiares, tabaquismo, diabetes o enfermedad coronaria pueden estar presentes en personas técnicamente competentes y laboralmente activas.
Por eso, el IPE invita a ampliar la mirada sobre la seguridad en el buceo. No basta con revisar el equipo, el suministro de gas, las comunicaciones, la planificación de la inmersión o los procedimientos de emergencia. También es necesario prestar atención al estado cardiovascular del buzo y a su evolución con el paso de los años.
En el ámbito profesional, este tema conecta con la aptitud médica, los reconocimientos periódicos, la vigilancia de la salud, la formación de supervisores y la capacidad de respuesta ante emergencias. Reconocer una dificultad respiratoria como posible IPE puede cambiar la forma de actuar y evitar que el buzo continúe expuesto a una situación potencialmente grave.
Prevención y respuesta
El tratamiento inmediato del IPE se basa en medidas de soporte y en una respuesta rápida. Lo primero es sacar a la persona del agua y detener la actividad. A partir de ahí, debe administrarse oxígeno, mantener al afectado caliente y colocarlo en una posición que facilite la respiración, normalmente erguida o semisentada.
También es importante activar la asistencia médica. Aunque algunos casos mejoran en poco tiempo, no debe asumirse que el problema está resuelto solo porque los síntomas disminuyan al salir del agua. El episodio puede revelar una predisposición cardiovascular o una condición médica que requiere valoración posterior.
Desde el punto de vista preventivo, el estudio insiste en medidas relativamente sencillas: controlar la hipertensión, evitar la sobrehidratación antes de una actividad exigente, no utilizar trajes excesivamente apretados, mantenerse caliente, realizar un calentamiento progresivo y evitar esfuerzos máximos innecesarios. La evaluación cardiovascular periódica también ocupa un lugar central, especialmente en buzos con edad avanzada, antecedentes médicos o años de actividad profesional.
Una nueva mirada sobre la seguridad del buceador
La conclusión general del artículo es que el edema pulmonar por inmersión debe entenderse como una condición cardiopulmonar seria, todavía insuficientemente conocida, pero cada vez más relevante para la seguridad en el agua. Su incidencia puede parecer baja, pero sus consecuencias pueden ser graves porque aparece en un entorno donde respirar con dificultad no es un síntoma menor: es una emergencia.
Para el buceo profesional, la gran lección no es convertir el IPE en una amenaza constante, sino incorporarlo a la cultura preventiva. La seguridad bajo el agua no depende únicamente del equipo, los gases, la descompresión o los procedimientos. También depende del estado físico y cardiovascular del buzo, de la capacidad del equipo para reconocer síntomas tempranos y de una respuesta operativa rápida.
Hablar de edema pulmonar por inmersión es hablar del corazón bajo el agua: de cómo el frío, la presión, el esfuerzo y los factores cardiovasculares pueden cruzarse en un medio que no perdona la improvisación. Y también de cómo la prevención moderna en buceo debe mirar más allá de la técnica para incluir una comprensión más completa del cuerpo humano en inmersión.

Fig. 1 Bucear en superficie (A) se asocia con una menor presión atmosférica que hacerlo en profundidad (B). Las presiones de llenado del lado izquierdo y derecho del corazón, así como el gasto cardíaco, también son menores en superficie (C) que en profundidad (D), debido a las diferencias en la precarga y la poscarga, derivadas principalmente de la vasoconstricción y la venoconstricción durante la natación activa en agua fría.
En los buceadores con riesgo de sufrir edema pulmonar por inmersión —por ejemplo, aquellos con factores de riesgo cardiovascular subyacentes, como hipertensión o enfermedad cardíaca conocida—, las fuerzas hidrostáticas dentro de los capilares pueden superar la presión en los alvéolos, lo que genera un gradiente neto de presión hacia el interior y favorece el desarrollo de edema pulmonar (E, F).
Cómo reducir el riesgo: recomendaciones prácticas para buzos
Los expertos en medicina hiperbárica han establecido una serie de prácticas recomendadas para minimizar los peligros en todas etapas de una operación subacuática.
Antes de la inmersión |
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Durante la inmersión |
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Ante un posible caso |
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Para el buceo comercial |
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