Purisima: la primera campana seca diseñada para buceo comercial
El intrépido Hugh ‘Danny’ Wilson
Hugh ‘Danny’ Wilson era un inquieto recolector de abulones de la costa de California con una amplia experiencia como buzo de la US Navy. Inconformista por naturaleza, pronto comenzó a cuestionar las limitaciones del buceo profundo de la época y acabó convirtiéndose en uno de los grandes pioneros del empleo de mezclas respiratorias y de los sistemas que darían origen al buceo comercial moderno.
A comienzos de la década de 1960, la industria petrolera iniciaba la explotación de nuevos yacimientos frente a la costa de Santa Bárbara. Las plataformas se alejaban progresivamente de tierra y las profundidades aumentaban, obligando a los buzos a trabajar cada vez más allá de los límites donde el aire podía utilizarse con seguridad. La narcosis por nitrógeno se había convertido en uno de los principales enemigos de las operaciones submarinas.

Wilson estaba convencido de que el helio era la respuesta. Mientras muchos consideraban inviable su utilización en trabajos comerciales, él defendía que, empleado en las proporciones adecuadas, permitiría realizar inmersiones mucho más profundas con un margen de seguridad muy superior.
En 1962 decidió demostrarlo. Modificó personalmente su casco de buceo para recibir una mezcla HELIOX suministrada desde superficie y descendió hasta los 120 metros de profundidad (400 pies). Tras completar todas las paradas de descompresión establecidas por la US Navy, regresó a superficie sin incidentes, protagonizando una inmersión que marcaría un antes y un después en la historia del buceo profundo. Aquella experiencia confirmó la viabilidad operativa del helio y sentó las bases del uso de mezclas respiratorias en el buceo comercial.
El problema que quedaba por resolver
Sin embargo, el empleo de helio planteaba un nuevo desafío. A diferencia del nitrógeno, el helio conduce el calor con mucha mayor rapidez, provocando una importante pérdida de temperatura corporal durante las inmersiones prolongadas. A ello se sumaban las bajas temperaturas del agua y las largas horas que los buzos debían permanecer sometidos a presión.
Wilson comprendió que el futuro del buceo profundo no dependía únicamente de las mezclas respiratorias. Era necesario desarrollar sistemas capaces de transportar al buzo hasta el fondo protegido del agua, reducir su exposición al frío y permitirle trabajar con mayor seguridad.
Con esa idea comenzó a diseñar una innovadora campana de buceo presurizable que bautizó con el nombre de Purisima.

Un concepto adelantado a su tiempo
La Purisima representaba un concepto completamente nuevo para la época. Su diseño contemplaba dos compartimentos esféricos comunicados entre sí. La esfera superior estaba destinada a alojar a un ingeniero o supervisor que pudiera controlar visualmente las operaciones desde el interior, mientras que la inferior constituía el compartimento presurizado desde el que los buzos accederían al fondo marino.
La campana había sido concebida para operar hasta 1.000 pies de profundidad (unos 305 metros), una cifra extraordinaria para comienzos de los años sesenta. Su objetivo era transportar a los buzos bajo presión hasta la zona de trabajo, permitiéndoles abandonar la campana únicamente durante el tiempo necesario para realizar la intervención y regresar posteriormente al interior sin perder la presión.
Ese principio operativo, conocido hoy como lock-out bell, constituye uno de los fundamentos del actual buceo de saturación. Aunque los sistemas modernos han evolucionado enormemente, continúan utilizando la misma filosofía concebida por Wilson hace más de seis décadas.
El nacimiento de la Purisima
En 1964, Wilson y la compañía General Offshore botaron la Purisima en el puerto de Santa Bárbara. La estructura, con un peso cercano a las cinco toneladas, despertó una enorme expectación entre la comunidad de buceadores.
Sin embargo, las primeras pruebas pusieron de manifiesto varios problemas importantes. La campana tendía a descender inclinada y necesitaba incorporar una tercera esfera que actuara como contrapeso para mantener la verticalidad. Esa solución incrementaba considerablemente el peso total del conjunto, complicando tanto su lanzamiento como su recuperación desde la superficie.
También se detectó otro inconveniente de carácter práctico: las escotillas resultaban demasiado pequeñas para que un buzo equipado con los voluminosos cascos y equipos de la época pudiera entrar y salir con comodidad.
Aquellas limitaciones impidieron que la Purisima llegara a convertirse en un sistema operativo plenamente funcional, pero sus conceptos de diseño demostraron que el futuro del buceo profundo pasaba por el desarrollo de campanas presurizadas y sistemas integrados de soporte vital.
Una influencia decisiva
El proyecto tuvo además una consecuencia inesperada. La necesidad de utilizar equipos más compactos llevó a Wilson a colaborar con varios jóvenes inventores y buzos de Santa Bárbara, entre ellos Bev Morgan, Bob Ratcliffe y Bob Christensen, que por entonces experimentaban con nuevos cascos ligeros y máscaras faciales.
Aquellas colaboraciones acabarían convirtiéndose en uno de los primeros pasos hacia el desarrollo de los cascos de buceo comercial modernos y, pocos años más tarde, desembocarían en el nacimiento de Kirby Morgan Dive Systems, una empresa que transformaría para siempre la tecnología del buceo profesional.
Un legado que sigue vivo
La Purisima nunca llegó a convertirse en el sistema operativo que Hugh ‘Danny’ Wilson había imaginado. Las limitaciones detectadas durante las pruebas y la vertiginosa evolución tecnológica del buceo profundo hicieron que, pocos años después, otros diseños más avanzados tomaran el relevo.
Sin embargo, el verdadero valor de la Purisima no reside en el número de inmersiones que realizó, sino en las ideas que introdujo. Fue uno de los primeros intentos de desarrollar una auténtica campana comercial de tipo lock-out, un concepto revolucionario para su época que acabaría convirtiéndose en la base de los sistemas de buceo de saturación utilizados hoy en las operaciones offshore de todo el mundo.

Más allá de su aportación técnica, la Purisima fue también el punto de encuentro de algunos de los nombres que marcarían el futuro del buceo comercial. Junto a Wilson trabajaron pioneros como Bev Morgan, Bob Ratcliffe y Bob Christensen, protagonistas de una generación de innovadores que, desde Santa Bárbara, impulsó el desarrollo de nuevos cascos, equipos y procedimientos que transformarían para siempre la industria.
Tras el fallecimiento de Danny Wilson en 2007, su hijo Dan decidió donar la campana al Santa Barbara Maritime Museum, donde fue sometida a un minucioso proceso de restauración antes de incorporarse a la colección permanente del museo en 2011.
Hoy, expuesta a escasos metros del mismo puerto desde el que fue botada en 1964, la Purisima se ha convertido en mucho más que una pieza de museo. Es el símbolo de una época en la que un reducido grupo de buzos e ingenieros desafió los límites conocidos para abrir el camino del buceo profundo moderno. Su historia demuestra que muchos de los avances que hoy forman parte de la rutina diaria del buceo comercial nacieron gracias a la visión, la perseverancia y el ingenio de pioneros como Hugh “Danny” Wilson, cuyo legado continúa descendiendo al fondo del mar en cada operación realizada desde una campana de buceo moderna.


