“Mi experiencia como buzo comercial me ha ayudado a mejorar como piloto ROV”
Buzo comercial y piloto ROV, una simbiosis perfecta
La cercanía con el mar en su ciudad natal le empujó desde muy joven a mantener una relación constante con el entorno marítimo, aunque él mismo reconoce entre risas que se trata de una “relación amor-odio” de la que, probablemente, ya nunca podrá desligarse.
“El mar te atrapa para toda la vida. Puedes alejarte un tiempo, cambiar de rumbo o dedicarte a otras cosas, pero siempre terminas volviendo de una manera u otra”, reconoce Jorge Bobes Montemayor, uno de esos perfiles difíciles de encasillar dentro de la industria subacuática española.
Buzo comercial, piloto ROV, supervisor, técnico, observador pesquero formador y actualmente profesor de matemáticas, Jorge pertenece a aquella primera generación de profesionales que comenzó a familiarizarse con los vehículos operados remotamente cuando todavía eran sistemas poco conocidos en España y la palabra ROV apenas comenzaba a sonar dentro de determinados círculos offshore y submarinos.
Su trayectoria no responde al típico recorrido lineal. Al contrario. Su carrera está marcada por la curiosidad técnica, la capacidad de adaptación y una necesidad constante de aprender y diversificar conocimientos. Quizá por eso resulta complicado resumir todo lo que ha hecho durante las últimas dos décadas.
“Siempre me gustó moverme, probar cosas distintas y entender cómo funcionaban”, explica. “Nunca fui de quedarme quieto en un único ámbito”.
“El pilotaje es únicamente un peldaño. Lo realmente importante es entender el entorno, saber solucionar problemas y tener una gran capacidad técnica”
Primeros pasos entre el buceo y el mar
Aunque en este artículo vamos a destacar aspectos suyos relacionados con el pilotaje ROV, sus inicios estuvieron vinculados al buceo comercial. Como muchos profesionales de su generación, encontró en el mar un entorno laboral tan atractivo como exigente.
“Yo empecé sacándome el título de pequeña profundidad y poco a poco fui entrando en el sector”, recuerda. “En aquel momento mi idea principal estaba enfocada al offshore, aunque coincidió con una época complicada”.
Bobes pertenece además a una de las primeras promociones de la licenciatura de Ciencias del Mar de la Universidad de las Palmas de Gran Canaria ( U.L.P.G.C.), una formación que terminó moldeando gran parte de su perfil profesional posterior. Aquella combinación entre conocimientos marinos, interés técnico y capacidad analítica acabaría resultando fundamental en su evolución dentro del mundo ROV.
“Siempre tuve claro que el mar no era solo bucear. Me interesaban también muchos otros aspectos relacionados con el entorno marino a nivel general y siempre puse la vista en el horizonte de la industria offshore”, explica.
Su formación continuó posteriormente en Escocia, concretamente en The Underwater Centre en Fort William, una escuela que durante mucho tiempo fue uno de los grandes referentes internacionales en formación submarina, hasta su clausura en 2018. Allí se especializó como piloto en una época en la que estos sistemas todavía estaban lejos de la popularización de la que gozan actualmente.
“Hoy cualquier observation class pequeño prácticamente lo manejas desde un móvil y existen equipos relativamente económicos, pero entonces todo esto era muy distinto”, recuerda. “Cuando nosotros empezábamos, los sistemas eran mucho más complejos y el acceso al sector también. De hecho cuando regresé con mi título de piloto ROV, llegué a sentir que me había equivocado con mi formación como piloto. Llamé a muchas puertas y envié mi currículo a muchas empresas, dentro y fuera de España, sin éxito. Eran tiempos en los que las compañías de la industria no contaban con el apoyo de los vehículos submarinos”.
Un perfil técnico y multidisciplinar
Jorge Bobes fue uno de aquellos pioneros del joysticks en operaciones submarinas en tierras españolas, aunque reconoce que en Fort William ya había varias promociones anteriores a la suya. “Era una época en la que aún había una parte muy artesanal y aprendizaje constante para ser autosuficiente en todos los sentidos”.
“Nosotros entrenábamos principalmente con Seaeye Falcon. En aquella época eran sistemas muy habituales para formación”, relata. “Y aunque pilotar podía parecer sencillo desde fuera, enseguida descubrías que el trabajo real iba muchísimo más allá de saber manejar el mando”.
Aquella formación en Escocia dejó además una profunda huella en su manera de entender el sector. Allí comprobó la enorme importancia que las compañías otorgaban al perfil técnico de los pilotos. “Miraban muchísimo el background técnico”, explica. “Les interesaba que tuvieras conocimientos de electricidad, electrónica, mecánica o incluso ingeniería. Querían gente capaz de entender realmente los sistemas”. Esa filosofía marcaría posteriormente toda su carrera. “Al final, el pilotaje es casi lo de menos”, afirma. “Lo realmente importante es entender el entorno, el vehículo, saber solucionar problemas y tener capacidad técnica”.
Precisamente, uno de los aspectos más interesantes de la trayectoria de Jorge Bobes es su visión multidisciplinar de la profesión, o como a él le guta decir, “una visión 360º de la profesión”. Y es que a diferencia de otros perfiles más especializados exclusivamente en offshore, él ha desarrollado trabajos en ámbitos muy diferentes.
Acuicultura, observación oceanográfica, inspecciones submarinas, emisarios, operaciones combinadas con buzos comerciales, embalses, presas o trabajos para compañías eléctricas forman parte de un recorrido profesional enormemente variado.
Durante años trabajó junto a empresas vinculadas al buceo comercial realizando tareas como piloto y supervisor en proyectos repartidos por distintos puntos de España, especialmente en el norte y centro peninsular.“He tocado muchos sectores distintos y creo que eso termina aportándote una visión muy amplia de la profesión”, explica.
“Me ha tocado trabajar mucho en pantanos y embalses para compañías como Naturgy, Viesgo, Total Energies o diferentes eléctricas”, recuerda. “Y son trabajos bastante más complejos de lo que mucha gente imagina”.
Las virtudes de un piloto
Si existe un entorno que Jorge Bobes recuerda especialmente exigente dentro de su carrera, ese es el de las presas y embalses. “En mar abierto tienes unas referencias determinadas. Pero en un pantano puedes pasarte horas dando vueltas sin encontrar nada si no planificas bien”, explica.
Las dificultades operativas en este tipo de escenarios son enormes. Visibilidad extremadamente reducida, cartografía antigua o inexistente, estructuras sumergidas desconocidas, espacios confinados o maniobras que requieren mucha precisión, son algunas de sus particularidades.
“Muchas veces trabajábamos con planos de los años 60 o fotografías antiguas”, relata. “Te decían: aquí abajo debería haber una compuerta o una toma de fondo. Y a partir de ahí empezaba todo el trabajo de cálculo, intuición y planificación”.
Para Bobes, la planificación previa constituye una de las claves fundamentales del pilotaje ROV. “Ponerte a dar vueltas como un tonto es perder el tiempo y generar frustración tanto en ti como en el cliente”, asegura. “Tienes que imaginarte el entorno antes de sumergir el ROV. Visualizar lo que buscas, los problemas que puedes encontrar y cómo vas a resolverlos”.
A lo largo de la conversación aparece constantemente la idea de la destreza con el joystick en el pilotaje ROV. “Hay gente que piensa que esto es como jugar a la PlayStation”, comenta entre risas. “Y sí, hoy se utilizan gamepads o mandos similares, es porque son fiables y muy prácticos. Pero el trabajo real no tiene nada que ver con un videojuego”.
Para él, las principales cualidades de un piloto pasan por tener un perfil técnico adecuado, además de otras virtudes como la paciencia, organización, intuición y muchísima prudencia. Además, insiste especialmente en la importancia del cuidado del material. “Una pequeña fuga en un equipo de buceo ya es mala. Pero una fuga en un ROV puede ser fatal. Ahí cualquier despiste termina en avería casi segura”.
Durante años, además de pilotar, tuvo que desarrollar tareas de mantenimiento, reparación y adaptación de equipos. “Hacíamos un poco de todo”, recuerda. “Montábamos cámaras, fabricábamos maletines, adaptábamos sistemas… muchas veces el trabajo era más técnico que de pilotaje”.
Nuestro protagonista ha vivido además la enorme transformación tecnológica del sector durante los últimos años.“ Cuando nosotros empezábamos no existía la facilidad que hay hoy”, explica. “Ahora los observation class están muchísimo más extendidos y son mucho más accesibles”.
Uno de los ámbitos donde más claramente percibió ese crecimiento fue la acuicultura. “Fue un sector que adoptó muy rápido los ROV”, señala. “Había muchas inspecciones que podían hacerse mejor y de forma más segura con estos equipos”.
Según explica, el desarrollo de estas tecnologías ha permitido reducir riesgos para los buzos en determinadas operaciones. “El ROV puede aportar un nivel de detalle enorme y evitar muchas intervenciones innecesarias”, afirma. “Pero eso no significa que vaya a sustituir al buzo”, puntualiza de forma tajante.“El trabajo humano sigue siendo imprescindible. El ROV es una herramienta de apoyo fantástica, pero nunca podrá reemplazar completamente al profesional bajo el agua”.
Del offshore a las aulas
Actualmente, Jorge Bobes compagina de forma puntual trabajos de asesoramiento, formación y operaciones específicas con su labor como profesor de matemáticas en un instituto. Una transición profesional que, lejos de alejarlo del mar, parece haber ampliado todavía más su visión sobre la formación técnica. “Siempre me gustó enseñar”, reconoce. “Y con el tiempo vi que podía aportar también desde la docencia”.
Aun así, el vínculo con la industria submarina continúa intacto. “Me siguen llamando para formación, para asesoramiento o para determinados trabajos cuando puedo colaborar”, explica. “Y la verdad es que nunca me he desvinculado del todo”.
Esa mezcla entre educación y experiencia técnica le ha llevado también a reflexionar mucho sobre la preparación de las nuevas generaciones. “Siempre les digo a los alumnos que necesitan perfiles muy diversos”, afirma. “No basta con una única formación. Hoy tienes que ser flexible y entender distintos ámbitos”.
Quizá esa frase resume mejor que ninguna otra su manera de entender la profesión. “En esta vida hay que ser un profesional 360; tienes que entender hacia dónde vas y qué necesita realmente el sector”. Por eso defiende, y recomienda a las nuevas generaciones, la importancia de combinar formación técnica, experiencia práctica, conocimientos marítimos y capacidad de adaptación.
También reivindica modelos laborales más amplios y menos estacionales dentro del sector marítimo y submarino.“Siempre me llamó mucho la atención el modelo chileno ligado a la acuicultura”, explica. “Allí los profesionales se mueven entre distintas actividades a lo largo del año y aprovechan mejor sus capacidades”.
Después de más de dos décadas vinculado al mar, Jorge Bobes sigue manteniendo intacta la misma curiosidad técnica que lo llevó a Escocia cuando el mundo ROV apenas comenzaba a desarrollarse en España. Y aunque hoy las aulas formen parte importante de su día a día, resulta evidente que el mar continúa ocupando un lugar esencial en su vida.
“Creo que nunca me desvincularé del todo”, reconoce. “Son demasiados años acumulando experiencias, conocimiento y vivencias. Al final, el mar siempre termina llamándote otra vez”, concluye




