MARZO 2026 – Edición ADCI – Nº8


SUMARIO
ACTUALIDAD - El valor de estar presentes y poner voz al buceo comercial en los grandes foros internacionales - Santos Melgar, presidente del Capítulo LA&C de ADCI - Pág. 3
ENTREVISTA - "La importancia de las elecciones en el Board de ADCI para el desarrollo de la industria" - Don Wilkins, presidente de ADCI - Pág. 4
ACTUALIDAD - La apuesta de ADCI por una certificación de buzos más moderna y accesible a través de las nuevas tecnologías - Nancy Vu, responsable del área de administración y certificaciones de ADCI - Pág. 5
REPORTAJE - Entrenar la descompresión en superficie. El protocolo SurDO₂ dentro del plan de inmersión en buceo comercial - Tania Capote y Juan Carlos Salvador, especialistas en medicina hiperbárica - Pág. 7
MEDICINA - Riesgos durante el procedimiento de descompresión en superficie con oxígeno (SurDo2) - Carlos Herrera, especialista en medicina hiperbárica - Pág. 11
HISTORIA DEL BUCEO - Los orígenes y evolución del buceo en la Armada Nacional de Colombia - Lázaro del Castillo, presidente de SEBUTE - Pág. 13
ACTUALIDAD - La industria offshore venezolana ante una nueva etapa de incertidumbre para el buceo comercial - Tony Núñez, presidente de Oriente Marine Group - Pág. 16
HISTORIAS DE BUZOS - “Mi deseo de ser soldadora submarina me empujó a convertirme en buzo profesional” - Rosita Bustamante, buzo chilena - Pág. 19
ACTUALIDAD - Buceo profesional en Chile, cuando la regulación no aborda la realidad del problema - Sebastián Herrera Kasic - Pág. 22
TECNOLOGÍA - Protección y personalización de cascos Kirby Morgan, más allá de la estética en el buceo comercial - Karl Miller, presidente de Baytech Industries - Pág. 24
TECNOLOGÍA - Actualidad y boletines Kirby Morgan - Pág. 25
MUNDO ROV - “El ROV te lleva donde el ser humano no puede llegar. Ahí empieza el verdadero trabajo” - René Méndez Salomón, piloto ROV - Pág. 27
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| ACTUALIDAD |
El valor de estar presentes y poner voz al buceo comercial en los grandes foros internacionales

La industria del buceo comercial y las operaciones subacuáticas rara vez ocupan el foco principal en los grandes encuentros del sector marítimo. Sin embargo, su papel resulta esencial para el funcionamiento de toda la cadena operativa.
Así lo refleja la reciente participación de Santos Melgar, presidente del Capítulo Latinoamericano y del Caribe de la Association of Diving Contractors International (ADCI), en CMA Shipping. Este evento es uno de los más influyentes del panorama marítimo global.
Considerado un auténtico punto de convergencia entre armadores, operadores logísticos, reguladores y proveedores de servicios, CMA Shipping actúa como un termómetro de la industria. Es allí donde se marcan tendencias, se alinean intereses y se anticipan los desafíos que definirán el futuro del transporte marítimo. En ese contexto, la presencia del buceo comercial puede parecer discreta, pero resulta estratégica.
“El buceo es el motor invisible que garantiza la operatividad”, explica Santos Melgar. Desde la limpieza de cascos hasta la reparación de estructuras críticas, las actividades subacuáticas son determinantes para la eficiencia, la seguridad y la sostenibilidad de las operaciones marítimas. Su impacto, aunque no siempre visible, es directo y medible.

De servicio auxiliar a solución estratégica
Uno de los principales cambios que se perciben en estos foros es la evolución en la percepción del buceo comercial. Tradicionalmente considerado un servicio auxiliar, hoy comienza a posicionarse como una disciplina técnica clave dentro de la ingeniería marítima.
La participación de organizaciones como ADCI resulta fundamental en este proceso. En palabras del presidente regional, “si no estamos en la mesa, las decisiones sobre normativas subacuáticas podrían tomarse sin considerar la realidad técnica y los riesgos de nuestra industria”. La asociación no solo representa a sus miembros, sino que actúa como garante de estándares de seguridad y profesionalización a nivel internacional.
Este posicionamiento cobra especial relevancia en un momento en el que la industria marítima enfrenta desafíos cada vez más complejos. Entre los temas recurrentes en estos encuentros destacan la gestión del biofouling (esencial para la eficiencia energética y la reducción de emisiones), la integración de nuevas tecnologías como los vehículos operados remotamente (ROV) y la necesidad de unificar criterios de seguridad en operaciones internacionales.
En este entorno, el buceo comercial deja de ser visto como un simple coste operativo para convertirse en una herramienta de gestión del riesgo. Una intervención realizada bajo estándares reconocidos no solo mejora la eficiencia técnica, sino que reduce significativamente los riesgos legales, financieros y humanos asociados a las operaciones.

Conectar lo global con lo local es el reto latinoamericano
Más allá del intercambio técnico, uno de los mayores valores de estos encuentros es la posibilidad de compartir experiencias entre regiones. Problemas que afectan a puertos en Latinoamérica encuentran paralelismos en mercados como Europa o Estados Unidos. Esta visión global permite adoptar soluciones ya probadas, evitando errores y acelerando procesos de mejora.
Para el capítulo latinoamericano de ADCI, el desafío consiste en trasladar ese conocimiento a la realidad regional. “Nuestra labor es traducir estas tendencias globales a nuestro contexto”, señala. “Esto implica reforzar la formación técnica, impulsar la certificación bajo estándares internacionales y fomentar la cooperación entre empresas y países de la región”.
En este sentido, la participación en eventos internacionales no solo aporta conocimiento, sino que también fortalece redes de colaboración. El buceo comercial, aunque especializado, forma parte de un ecosistema más amplio donde la confianza entre operadores, clientes y reguladores es esencial. Estos foros permiten precisamente varias cuestiones en ese sentido, como son romper barreras, generar diálogo y construir relaciones que, en última instancia, se traducen en operaciones más seguras y eficientes.
Mirando hacia el futuro, tendencias como la descarbonización, la digitalización de inspecciones o el avance de la robótica marcarán el desarrollo del sector. No obstante, el factor humano seguirá siendo insustituible. La experiencia, el criterio y la capacidad de respuesta de un buzo comercial continúan siendo elementos clave, especialmente en entornos complejos.
En definitiva, la presencia de la industria del buceo en eventos internacionales no es una cuestión de visibilidad, sino de posicionamiento. Estar en estos espacios significa participar en la construcción del futuro del sector marítimo y asegurar que las operaciones bajo el agua, que a veces resultan tan críticas como invisibles, se desarrollen bajo los más altos estándares de seguridad y profesionalidad.
| ENTREVISTA |
"Es fundamental que el Board esté formado por profesionales que representen distintos sectores, perfiles técnicos y trayectorias dentro de la industria"

El proceso electoral de la Association of Diving Contractors International es un elemento clave en la gobernanza del buceo comercial a nivel global. Más allá de una renovación de cargos, define la dirección estratégica de la industria y garantiza continuidad mediante mandatos escalonados y representación internacional.
En 2026, este sistema vuelve a activarse con la participación de perfiles diversos procedentes de todo el sector, apoyado en la estructura de capítulos regionales. La combinación de candidaturas, validación y votación asegura un equilibrio entre experiencia, transparencia y estabilidad.
Estas elecciones no solo determinan la composición del Board. Refuerzan los estándares, la seguridad y la coherencia operativa en una industria altamente exigente, marcando el rumbo del buceo comercial a nivel mundial.
Con este proceso como telón de fondo, SubaQuatica Magazine ha entrevistado a Don Wilkins, presidente de la entidad para poner en valor la importancia de este cuerpo directivo para la industria en las diferentes regiones donde tiene presencia.
¿Cuáles son las principales responsabilidades del Board de ADCI?
El Consejo de Administración es responsable de dirigir y gestionar los asuntos de la Asociación, lo que incluye la toma de decisiones relacionadas con patrimonio, membresía, nombramientos de liderazgo, finanzas, comités, políticas y cuestiones legales. El Board tiene la autoridad para adoptar todas las acciones necesarias para el funcionamiento de la Asociación y para apoyar su propósito, sus objetivos y su gobernanza general.

¿Por qué son tan relevantes estas elecciones para la industria global del buceo comercial? ¿Y con qué frecuencia se celebran?
Los miembros del Consejo de Administración (excluyendo a los presidentes de los capítulos regionales) pueden desempeñar mandatos de hasta tres años antes de presentarse a reelección, con periodos escalonados para garantizar la continuidad del Board.
Los presidentes y oficiales de los capítulos regionales ejercen mandatos de hasta dos años, y los capítulos pueden celebrar elecciones cada dos años, designando los cargos de presidente y vicepresidente mediante el ganador y el segundo candidato más votado.
¿Qué perfil busca ADCI en los candidatos al Board? ¿Qué cualidades se consideran esenciales para formar parte de este órgano de decisión?
ADCI busca candidatos que demuestren una clara disposición a involucrarse activamente y que aporten una amplia experiencia dentro del sector del buceo comercial.
Es fundamental contar con profesionales que representen distintas áreas de servicio, perfiles técnicos y trayectorias dentro de la industria. Esta diversidad permite al Board abordar debates informados que abarcan aspectos técnicos, operativos y empresariales de la Asociación.
La combinación de experiencia y diversidad fortalece la toma de decisiones, favorece una gobernanza eficaz y, en última instancia, beneficia tanto a los miembros como al conjunto de la industria.
¿Cómo se toman las decisiones estratégicas dentro del Board y qué papel juega el consenso en ese proceso?
Las decisiones estratégicas del Board están guiadas por el Plan Estratégico de la Asociación, que se revisa y actualiza periódicamente para adaptarse a las prioridades actuales y a las necesidades de la industria.
Este Plan define la dirección organizativa, mientras que las International Consensus Standards for Commercial Diving and Underwater Operations constituyen un documento independiente que proporciona directrices técnicas para actividades de buceo y operaciones con ROV, y no dependen directamente del Plan Estratégico.
Una de las acciones más relevantes del Board ha sido la creación y supervisión continua de los programas de auditoría de ADCI para contratistas y centros de formación de buceo comercial para evaluar las operaciones de las empresas, las cualificaciones del personal de buceo, los procedimientos de seguridad o los equipos de soporte vital.
¿Podría destacar algunas decisiones del Board de ADCI que hayan supuesto mejoras significativas en la industria global del buceo comercial?
Una de las acciones más relevantes del Board ha sido la creación y supervisión continua de los programas de auditoría de ADCI para contratistas y centros de formación de buceo comercial.
Estos programas funcionan de manera complementaria a los estándares internacionales de consenso y se centran en la evaluación de las operaciones de las empresas, las cualificaciones del personal de buceo, los procedimientos de seguridad y los equipos de soporte vital, con el objetivo de verificar el cumplimiento de dichos estándares.
En este marco, los contratistas de buceo comercial deben someterse a auditorías cada cinco años, mientras que los centros de formación deben hacerlo cada dos años. Este proceso estructurado ha contribuido a reforzar la seguridad, mejorar la consistencia operativa y elevar los estándares a nivel global.
Como organización global, ¿ADCI busca garantizar la representación de todas las regiones en el Board (como Latinoamérica, Oriente Medio, etc.)?
Como asociación internacional, ADCI procura que su Consejo de Administración refleje el alcance global de la organización, asegurando la representación de las distintas regiones en las que opera.
Esto se articula a través de los capítulos regionales y la participación de sus representantes, lo que permite incorporar diferentes perspectivas, fortalecer la comunicación y favorecer una toma de decisiones equilibrada.
En relación con lo anterior, ¿existe una coordinación estrecha entre el Board y los capítulos regionales para garantizar coherencia en la toma de decisiones y su aplicación?
Existe una coordinación estrecha entre el Consejo de Administración y los capítulos regionales para asegurar la coherencia tanto en la toma de decisiones como en su implementación.
Los representantes de los capítulos participan en las reuniones del Board, y cada capítulo celebra encuentros regionales periódicos para abordar cuestiones locales.
Estas reuniones suelen contar con la participación del Director Ejecutivo, Phil Newsum, o de miembros del equipo directivo, lo que contribuye a mantener una comunicación fluida, la alineación de objetivos y la aplicación consistente de las políticas de la Asociación en todas las regiones.
Las reuniones de los capítulos suelen contar con la participación del Director Ejecutivo, Phil Newsum, o de miembros del equipo directivo, lo que contribuye a mantener una comunicación fluida, la alineación de objetivos.
Para finalizar, ¿qué mensaje le gustaría transmitir a empresas y profesionales del sector sobre la importancia de participar en los órganos de gobierno?
La participación activa en la Asociación, ya sea a través del Consejo de Administración, los capítulos regionales o los comités, es fundamental para el desarrollo y la solidez de la industria del buceo comercial.
Valoramos el compromiso de nuestros miembros, capítulos y representantes, y animamos tanto a empresas como a profesionales a implicarse en la medida de sus posibilidades.
La coordinación, la comunicación y la colaboración que se generan en estos espacios contribuyen a definir estándares del sector, promover prácticas coherentes y desempeñan un papel clave en el impulso de la seguridad, la profesionalidad y el éxito a largo plazo de la industria a nivel mundial.
ACTUALIDAD ADCI |
ADCI apuesta por una certificación de buzos más moderna y accesible a través de las nuevas tecnologías
El buceo comercial es un campo altamente especializado que respalda infraestructuras críticas, la energía offshore, la construcción marina y la inspección subacuática en todo el mundo. Debido a los riesgos inherentes a las operaciones subacuáticas, una certificación adecuada y una gestión rigurosa de credenciales son fundamentales. Los buzos, las empresas empleadoras y los propietarios de los proyectos dependen de sistemas de verificación fiables para garantizar que el personal que trabaja bajo el agua esté debidamente formado y cualificado.
Durante más de trece años, la certificación y verificación de credenciales de buzos comerciales ha sido una parte central de mi misión profesional en la Association of Diving Contractors International (ADCI). Este trabajo tiene como objetivo garantizar que los buzos profesionales que trabajan en algunos de los entornos submarinos más exigentes cumplan con los estándares reconocidos por la industria en materia de formación, experiencia y seguridad.
En la última década, he tenido el privilegio de certificar a buzos comerciales de todo el mundo. Cada solicitud representa a un profesional que ha completado una formación extensa y ha acumulado una valiosa experiencia de campo.
Mi labor consiste en revisar la documentación, validar credenciales y asegurar que cada buzo cumple con los estándares de certificación establecidos por la ADCI. Es una responsabilidad que contribuye directamente a la seguridad, la profesionalidad y la responsabilidad dentro de la industria internacional del buceo comercial.

Una red global de buzos profesionales
El alcance de la ADCI va mucho más allá de un solo país. Los buzos que solicitan certificación provienen de Norteamérica, Europa, Asia, África y Oriente Medio. Muchos trabajan en proyectos offshore complejos que implican plataformas de petróleo y gas, construcción subacuática, inspección de tuberías, operaciones de salvamento e ingeniería marina.
A medida que la industria ha crecido, también ha aumentado la necesidad de adoptar un enfoque más eficiente y moderno para la gestión de certificaciones. Históricamente, las solicitudes de certificación y sus renovaciones dependían en gran medida de documentación manual y procesos administrativos tradicionales. Aunque estos sistemas eran efectivos, podían resultar lentos para los buzos que necesitaban verificar sus credenciales con rapidez para proyectos inminentes.
Reconociendo esta necesidad de modernizar los procesos manuales, la ADCI ha introducido recientemente una nueva plataforma digital de certificación diseñada para optimizar todo el proceso que simplifica significativamente la solicitud y renovación para los buzos.
Reconociendo esta necesidad de modernización, la ADCI ha introducido recientemente una nueva plataforma digital de certificación diseñada para optimizar todo el proceso.
En colaboración con una compañía tecnológica ligada al buceo comercial, la ADCI ha lanzado un nuevo sistema digital de certificación que simplifica significativamente el proceso de solicitud y renovación para los buzos.
Esta plataforma permite a los buzos registrarse en línea, presentar su documentación y solicitar una nueva certificación o su renovación dentro de un entorno digital seguro. Una vez registrados, el proceso se vuelve mucho más rápido y sencillo, eliminando muchos de los retrasos administrativos asociados al papeleo tradicional.
Entre los beneficios del nuevo sistema se incluyen:
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Registro optimizado para buzos de todo el mundo.
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Envío y seguimiento digital de documentos.
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Procesamiento más rápido de certificaciones y renovaciones.
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Mayor precisión en la gestión de registros.
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Plataforma segura accesible desde cualquier lugar.
Desde mi perspectiva dentro del proceso de certificación, el sistema digital ha transformado la forma en la que se gestionan las solicitudes. Permite revisiones más eficientes, una comunicación más rápida con los solicitantes y tiempos de respuesta más cortos para la emisión de certificaciones.
Para los buzos comerciales de todo el mundo, obtener o renovar un certificado a través de la plataforma (llamada Skill N Depth) se convierte en un proceso digital, rápido y eficiente, que reduce el papeleo y los tiempos de tramitación.
Certificación y seguridad
La certificación no es simplemente una formalidad en la industria del buceo comercial; es un componente crítico de la seguridad operativa. Cada certificado representa a un profesional que ha demostrado poseer los conocimientos, la formación y la experiencia necesarios para realizar tareas subacuáticas complejas de forma segura.
Al ayudar a verificar y emitir estas certificaciones, contribuyo a un esfuerzo más amplio para mantener altos estándares en la industria y promover prácticas de buceo seguras en todo el mundo. La introducción de herramientas digitales de certificación garantiza que la ADCI pueda seguir respondiendo a las necesidades de una industria en evolución, manteniendo al mismo tiempo la integridad de su proceso de certificación.
Mirando hacia el futuro
Después de más de trece años trabajando con la ADCI, es gratificante ver cómo la organización continúa evolucionando. La integración de herramientas digitales modernas, como la plataforma Skill N Depth, refleja un compromiso con la innovación sin renunciar a los rigurosos estándares de los que depende la industria.
A medida que los proyectos de buceo comercial se vuelven cada vez más complejos y globales, los sistemas de certificación eficientes desempeñarán un papel aún más importante para garantizar que los profesionales cualificados estén preparados para trabajar con seguridad bajo la superficie.
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SENCILLAMENTE, LA MARCA DE CASCOS PARA BUCEO
Fundada en 1966, Kirby Morgan Dive Systems, Inc. ha sido una referencia mundial en el desarrollo de equipos de respiración subacuática. La compañía, con sede en Santa María, California, inició su trayectoria creando cascos y máscaras de buceo que revolucionaron la industria al incorporar materiales más ligeros y cómodos para el buceo comercial. Su diseño distintivo y el enfoque en la seguridad y comodidad del buzo han consolidado a Kirby Morgan como un líder en el sector.
Entre sus aportes más notables se encuentra el casco SuperLite® 17B, introducido en 1975, que se ha convertido en un estándar global en la industria del buceo comercial. La compañía ha mantenido un compromiso con la vanguardia tecnológica, actualizando constantemente sus modelos para mejorar la durabilidad, el rendimiento y la seguridad.
Este enfoque innovador, junto con la alta calidad de sus componentes y el respaldo de entrenamiento especializado a través de Dive Lab, ha posicionado a Kirby Morgan como una marca confiable y altamente respetada en entornos marinos y de trabajo subacuático.
- kmdsi@kirbymorgan.com
- +1 805-928-7772
- 1430 Jason Way, Santa Maria, California
- https://www.kirbymorgan.com/
REPORTAJE 1/4 |
Entrenar la descompresión en superficie. El protocolo SurDO₂ dentro del plan de inmersión en buceo comercial

En el buceo comercial moderno la seguridad no se limita a disponer de buenos equipos o de tablas de descompresión adecuadas. La seguridad depende también de que cada fase de la inmersión forme parte de un sistema operativo coherente y bien entrenado.
Dentro de ese sistema ocupa un lugar relevante la descompresión en superficie, un procedimiento que permite completar parte del proceso descompresivo dentro de una cámara hiperbárica situada en el lugar de trabajo.
El concepto suele generar confusión fuera del ámbito profesional. En muchos contextos la cámara hiperbárica se asocia automáticamente con el tratamiento de emergencias relacionadas con la enfermedad descompresiva. Sin embargo, la descompresión en superficie responde a una lógica completamente distinta. En este caso la cámara no se utiliza para tratar un accidente. Forma parte del perfil de inmersión planificado.
Este reportaje se basa en un artículo desarrollado por la doctora Tania Capote y el enfermero de sumersión Juan Carlos Salvador, donde se aborda precisamente la necesidad del entrenamiento de este proceso para aumentar la seguridad de los buzos en la operaciones. Su análisis describe el protocolo SurDO₂ como una fase final de la descompresión planificada del buzo. La recompresión en cámara se integra dentro de la secuencia operativa de la inmersión y no como una respuesta médica posterior a un incidente.
Qué es el protocolo SurDO₂
El protocolo SurDO₂ (Surface Decompression on Oxygen) es una modalidad de descompresión en superficie con oxígeno utilizada en determinadas operaciones de buceo comercial. El procedimiento consiste en realizar una parte inicial de la descompresión bajo el agua y completar el resto del proceso dentro de una cámara hiperbárica instalada en superficie.
La secuencia comienza durante el ascenso del buzo. Después de cumplir las primeras paradas de descompresión en el agua, el buzo sale a superficie y es trasladado inmediatamente a la cámara hiperbárica. Una vez dentro, la recompresión inicial suele realizarse a una presión equivalente a 50 fsw (15 msw), según tablas US Navy, manteniendo estrictamente los tiempos máximos de transferencia.

En el entrenamiento descrito por Capote y Salvador, el ingreso a la cámara se realizó con una recompresión inicial equivalente a 15 metros de profundidad, siguiendo las tablas aplicables al perfil de inmersión utilizado.
A partir de ese momento el proceso de descompresión continúa en el interior de la cámara. El buzo respira oxígeno siguiendo un esquema técnico establecido. Este gas favorece la eliminación del nitrógeno o del helio acumulado en los tejidos y permite completar la descompresión en un entorno controlado.
La clave del procedimiento consiste en entender que la inmersión no termina cuando el buzo abandona el agua. Desde el punto de vista fisiológico el perfil de descompresión sigue activo hasta que se completa el programa previsto dentro de la cámara.
REPORTAJE 2/4 |
Cómo se aplica en la práctica
La descompresión en superficie requiere una secuencia operativa extremadamente precisa. El elemento crítico del procedimiento es el tiempo que transcurre entre la salida del agua y la recompresión en cámara.
El intervalo máximo entre salida del agua y recompresión está limitado a un máximo de 5 minutos, como tiempo ideal y hasta 7 minutos como límite operativo absoluto según el US Navy Diving Manual Rev. 7; exceder este tiempo invalida el perfil y obliga a aplicar penalizaciones descompresivas.
El entrenamiento descrito en el documento de Capote y Salvador se diseñó precisamente para evaluar esta fase crítica del procedimiento. El ejercicio incluyó varios elementos clave de la operación.
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El primero fue el ascenso controlado desde 12 metros de profundidad. A continuación se evaluaron los tiempos reales de traslado desde la salida del agua hasta el ingreso en la cámara. También se verificó toda la logística de superficie, desde la extracción del buzo hasta la presurización inicial de la cámara.
Otro aspecto fundamental del ejercicio fue la coordinación entre los distintos integrantes del equipo. Supervisor de buceo, operadores de cámara y personal de apoyo participaron en la secuencia completa de la operación.
Este tipo de entrenamientos permite medir algo que en los documentos técnicos no siempre aparece con claridad. Los minutos reales que separan una descompresión segura de un aumento del riesgo fisiológico.
La fisiología de la descompresión
Desde el punto de vista fisiopatológico, la descompresión en superficie reduce la fase crítica de crecimiento de microburbujas al reintroducir presión ambiental precozmente. Esto limita la expansión de núcleos gaseosos y disminuye la formación de burbujas intravasculares detectables por Doppler.
Además, la administración de oxígeno al 100% genera un gradiente máximo de eliminación de gases inertes (principalmente nitrógeno), optimizando la perfusión tisular y reduciendo fenómenos inflamatorios endoteliales asociados a la enfermedad descompresiva.
Durante una inmersión profunda los gases inertes presentes en la mezcla respiratoria se disuelven en la sangre y en los tejidos del organismo. Este proceso depende de la presión ambiental y del tiempo de exposición.
Cuando el buzo asciende hacia la superficie la presión disminuye. El gas disuelto comienza entonces a liberarse de los líquidos (lo que en fisiología de gases se llama salir de solución). Si la reducción de presión es demasiado rápida, el gas puede formar burbujas dentro del organismo.
La enfermedad descompresiva aparece precisamente cuando estas burbujas interfieren con el funcionamiento de los tejidos o con la circulación sanguínea.
Los programas de descompresión están diseñados para evitar este fenómeno. Las paradas escalonadas durante el ascenso permiten que el gas inerte se elimine gradualmente a través de la respiración.
La descompresión en superficie utiliza este mismo principio fisiológico. La recompresión temprana en cámara reduce la expansión de microburbujas potenciales. La respiración de oxígeno aumenta el gradiente de eliminación del gas inerte y acelera el proceso de desaturación.
El uso de oxígeno en protocolos SurDO₂ no solo acelera la eliminación de gas inerte, sino que también reduce el volumen de burbujas por efecto de difusión (ley de Fick) y promueve mecanismos antiinflamatorios, incluyendo disminución de la adhesión leucocitaria y modulación del estrés oxidativo.
Ventajas operativas de este protocolo
La descompresión en superficie ofrece varias ventajas en determinadas operaciones profesionales.
Una de las más importantes es la reducción del tiempo que el buzo debe permanecer en el agua realizando paradas de descompresión. Este aspecto puede ser especialmente relevante en entornos con corrientes fuertes, temperaturas bajas o visibilidad limitada.
La cámara hiperbárica proporciona además un entorno estable donde el proceso de descompresión puede controlarse con mayor precisión. El personal de superficie puede supervisar continuamente el estado del buzo y registrar cada fase del procedimiento.
El uso de oxígeno en cámara permite acelerar la eliminación del gas inerte acumulado en los tejidos. Esto reduce el tiempo total de descompresión y mejora el control fisiológico del proceso.
Otra ventaja importante aparece en la organización del trabajo. Una vez que el buzo entra en la cámara, el sistema de buceo puede continuar operando con otros buzos mientras se completa la fase final de descompresión.
REPORTAJE 3/4 |
El entrenamiento como parte del sistema de seguridad
Uno de los aspectos más relevantes del trabajo de Capote y Salvador es la importancia que se le da al entrenamiento operativo.
La descompresión en superficie es un procedimiento de alta precisión. La existencia de un protocolo escrito no garantiza que el sistema funcione correctamente durante una operación real.
El entrenamiento permite validar los tiempos críticos del procedimiento y comprobar que todos los elementos del sistema funcionan de forma coordinada.
El documento subraya que la correcta ejecución del protocolo SurDO₂ reduce la formación de burbujas circulantes y disminuye el riesgo de enfermedad descompresiva. También permite integrar el soporte hiperbárico dentro de la operación diaria y no únicamente como respuesta a emergencias.

En términos modernos de gestión de riesgos, el protocolo SurDO₂ debe considerarse un control crítico dentro del sistema de buceo, donde la pérdida de control (retraso en la transferencia, fallos en la cámara o errores en la interpretación de las tablas) implica un aumento directo del riesgo fisiológico del buzo.
Los autores resumen esta idea con una frase que resume la filosofía del procedimiento. "La seguridad del buzo se entrena antes de necesitarla".
Riesgos operacionales
El principal riesgo del protocolo SurDO₂ es el retraso en la recompresión. Incluso pequeñas desviaciones en los tiempos pueden incrementar significativamente la carga de burbujas circulantes.
Por ello, el procedimiento debe considerarse de alta criticidad operacional, con necesidad de entrenamiento repetitivo y auditoría de tiempos reales, así como de la disposición lógica de todos los elementos de la operación, como las posiciones físicas de los buzos y miembros del equipo o el orden en el espacio de trabajo, que facilite el desarrollo del protocolo.
Más allá del cumplimiento normativo
El trabajo de Capote y Salvador plantea además una reflexión importante sobre la cultura de seguridad en el buceo profesional.
Cumplir la normativa es indispensable, pero no siempre es suficiente. Algunos procedimientos solo adquieren sentido cuando se comprenden desde la fisiología de la descompresión.
La descompresión en superficie es un buen ejemplo de esta interacción entre conocimiento médico y ejecución operativa. El procedimiento combina cálculos fisiológicos, logística operativa y entrenamiento del equipo.
Cuando estos elementos se integran correctamente, el protocolo SurDO₂ se convierte en una herramienta eficaz para completar el perfil de inmersión en condiciones controladas. Cuando alguno de estos elementos falla, el sistema pierde su eficacia.
El protocolo SurDO₂ en las principales instituciones internacionales
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U.S. Navy |
El manual de buceo de la U.S. Navy es la base de la mayoría de los procedimientos de descompresión utilizados en buceo comercial.
Los procedimientos de Surface Decompression Using Oxygen (SurDO₂) establecen que:
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el buzo realiza una parte de la descompresión en el agua
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después es transferido rápidamente a una cámara hiperbárica
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la recompresión inicial suele realizarse con una equivalencia de 15 metros
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el intervalo máximo entre salida del agua y recompresión está limitado (aprox. 7 minutos) para mantener la validez del perfil descompresivo.
El uso de oxígeno en la cámara acelera la eliminación de gases inertes y permite completar la descompresión en un entorno controlado.
Este procedimiento es el origen técnico del protocolo SurDO₂ que se refleja en este reportaje.
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IMCA (International Marine Contractors Association) |
IMCA, por su parte, publica uno de los códigos operativos más influyentes en la industria offshore.
Sus documentos de buenas prácticas indican que:
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las operaciones de buceo deben realizarse en proximidad inmediata de una cámara de descompresión
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los procedimientos de descompresión en superficie requieren transición rápida desde la parada final en el agua hasta la cámara
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la correcta operación de las deck decompression chambers (DDC) es crítica para la seguridad del buzo.
Los informes de seguridad de IMCA muestran incidentes reales donde:
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el buzo entró en cámara dentro del intervalo permitido
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fue recomprimido a 15 m de profundidad
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respiró oxígeno durante la descompresión.
Esto confirma que la secuencia que el protocolo SurDO₂ es una práctica estandarizada en operaciones offshore.
REPORTAJE 4/4 |
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ADCI (Association of Diving Contractors International) |
ADCI establece una serie de recomendaciones en los Consensus Standards for Commercial Diving, que son ampliamente utilizadas en la industria a nivel mundial.
Entre ellas, se incluye:
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utilizar tablas de descompresión aprobadas, normalmente basadas en U.S. Navy
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mantener cámaras de descompresión disponibles durante operaciones con riesgo de Enfermedad Descompresiva (DCS)
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disponer de personal entrenado en operaciones hiperbáricas y con certificación en el manejo de cámaras.
ADCI también insiste en que los procedimientos de descompresión deben formar parte del plan de buceo aprobado por el supervisor antes de iniciar la operación.
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HSE (Health and Safety Executive – Reino Unido) |
Las guías de HSE (Health and Safety Executive – Reino Unido) sobre buceo offshore establecen que:
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los buzos que realizan inmersiones con descompresión deben permanecer cerca de una cámara hiperbárica
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el sistema debe permitir recompresión inmediata si se produce enfermedad descompresiva
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las cámaras deben estar disponibles en el lugar de trabajo o a distancia mínima aceptable según la evaluación de riesgos previa en base a simulacros o entrenamientos reales.
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Organización Marítima Internacional (IMO) |
Además, el Código Internacional de Seguridad para Operaciones de Buceo de la Organización Marítima Internacional (IMO) establece que todo sistema de buceo debe disponer al menos de una cámara de compresión en superficie con dos compartimentos independientes o dos cámaras interconectadas que permitan transferencias bajo presión y operaciones seguras de descompresión.
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UHMS (Undersea and Hyperbaric Medical Society) |
UHMS reconoce la descompresión en superficie como una estrategia válida en operaciones controladas, destacando que su seguridad depende críticamente del cumplimiento estricto de tiempos de transferencia, disponibilidad de cámara hiperbárica funcional y personal entrenado. Además, enfatiza que cualquier desviación debe tratarse como potencial riesgo de enfermedad descompresiva.
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DAN (Divers Alert Network) |
DAN enfatiza que la descompresión en superficie es segura solo en entornos altamente controlados y no debe extrapolarse a buceo recreativo. Destaca que los errores en la transferencia o en la ejecución del protocolo representan uno de los principales factores de riesgo de enfermedad descompresiva en operaciones comerciales.
Estas indicaciones refuerzan la idea de que la descompresión en superficie es una práctica estructural dentro de la normativa internacional de sistemas de buceo, no una improvisación operativa.
Conclusión
El protocolo SurDO₂ demuestra que la cámara hiperbárica puede desempeñar funciones muy distintas dentro del buceo profesional.
En algunos casos se utiliza como herramienta terapéutica para tratar accidentes de descompresión. En otros casos forma parte del propio perfil de inmersión.
El trabajo de la doctora Tania Capote y de Juan Carlos Salvador ayuda a aclarar esta diferencia y destaca el papel del entrenamiento como elemento esencial del sistema de seguridad.
En el buceo comercial moderno, la seguridad no se construye únicamente con tecnología o con normativa. Se construye combinando conocimiento fisiológico, procedimientos operativos precisos y entrenamiento constante del equipo.
Referencias
- Capote, Tania; Salvador, Juan Carlos. Entrenamiento operativo en Descompresión en Superficie (Surface Decompression) y aplicación del protocolo SurDO₂ en buceo comercial. Documento técnico sobre validación de tiempos operativos y coordinación de equipo en operaciones con cámara hiperbárica.
- Hexdall, Eric J.; Selesny Klein, Samantha; Singh, Maninder; Cooper, Jeffrey S.
Surface Decompression in Diving. StatPearls Publishing. National Library of Medicine.
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK470438/ - U.S. Navy Diving Program.
U.S. Navy Diving Manual Revision 7. Naval Sea Systems Command. Manual técnico de referencia para procedimientos de descompresión y operaciones hiperbáricas. - Kindwall, Eric P.; Whelan, Harry T.
Hyperbaric Medicine Practice. Best Publishing Company. Obra de referencia internacional sobre medicina hiperbárica y fisiología del buceo. - NOAA Diving Program.
NOAA Diving Manual. National Oceanic and Atmospheric Administration. Manual técnico sobre fisiología de la descompresión y procedimientos de buceo profesional. - U.S. Navy. (2016). U.S. Navy Diving Manual Revision 7. Naval Sea Systems Command.
- Undersea and Hyperbaric Medical Society (UHMS). (2023). Hyperbaric Oxygen Therapy Indications. Best Publishing Company.
- Divers Alert Network (DAN). (2022). Diving Emergency Management and Surface Decompression Guidelines.
- IMCA. (2023). IMCA D 014 – Code of Practice for Offshore Diving.
- ADCI. (2022). Consensus Standards for Commercial Diving and Underwater Operations.
- HSE. (2018). Commercial Diving Projects Offshore – Approved Code of Practice.
- NOAA. (2019). NOAA Diving Manual, 6th Edition.
- Kindwall, E., & Whelan, H. (2021). Hyperbaric Medicine Practice, 4th Edition.
- Tikuisis, P., & Gerth, W. (2020). Decompression Theory and Applications.
MEDICINA |
Riesgos durante el procedimiento de descompresión en superficie con oxígeno (SurDo2)
La medicina hiperbárica moderna ha evolucionado en buena medida basándose en un sistema de lecciones aprendidas. El estudio e investigación respecto a los efectos de la exposición humana a condiciones ambientales anormales utiliza el análisis y seguimiento de reportes de casos e incidentes, pues la experimentación en condiciones reales implica una complejidad técnica que dificulta su realización habitual.
Pero existe una tendencia a omitir detalles en los reportes de los incidentes y situaciones durante la operación, sobre todo en países latinoamericanos, dando como resultado final que muchos datos clínicos y procesos fisiológicos observables en el sitio de operación no se reporten. Este hecho hace más difícil desarrollar nuevos estudios, ya que son estos datos los que nos permiten nuevos conocimientos para adaptar las recomendaciones y evitar los riesgos durante estos procedimientos.
Desde el aspecto médico, legal, normativo y científico, el protocolo SurDo2 (procedimiento de descompresión en superficie con oxigeno) es muy valioso ya que se añade un proceso simultaneo de recompresión terapéutica en cámara, con todos sus beneficios para la fisiología del buzo (ya descritos en el reportaje principal de este número).
Uno de los principales riesgos de este proceso es que no solo depende de las leyes físicas, como ocurre durante la inmersión. También interviene el factor humano, pues para que se cumplan las condiciones adecuadas de este protocolo se requiere la participación de otros miembros del equipo de buceo.

Las tablas de cálculo descompresivo están basadas en un modelo matemático de las velocidades de saturación y desaturación de los tejidos propuesta por John Scott Haldane en 1908, en las que indicaba distintas exposiciones en profundidad y tiempos específicos. Cualquier modificación, omisión o error en su interpretación proporcionarán resultados alterados, que no alcanzaran el objetivo de expulsar el gas inerte residual en el organismo de los buzos, ni evitar una posible enfermedad por descompresión. Entonces podemos empezar a intuir el tipo de consecuencias y riesgos.
La mayoría de las inmersiones producen un fenómeno llamado burbujeo, que ocurre desde los primeros minutos a las primeras horas después de la inmersión y que tiene lugar en la circulación venosa (siguiendo el sentido del aparato circulatorio).
Estas burbujas son gas inerte liberado por los tejidos tras la inmersión. Una vez en el torrente, se dirigen al lado derecho del corazón y después al pulmón para su eliminación. Se trata de un proceso que se presenta incluso aunque se hayan realizado todas las paradas de descompresión y seguridad contempladas en el plan de inmersión.
Las paradas de descompresión permiten a los diferentes tejidos liberar este gas durante el ascenso a superficie. El protocolo SurDo2, además, añade una recompresión terapéutica en caso que el buzo tenga gas residual atrapado en los tejidos o la circulación arterial mediante la aplicación de oxígeno normobárico.
Teniendo en cuenta que este protocolo implica extraer al buzo del agua y trasladarlo a la cámara hiperbárica, existe un intervalo en el que el gas inerte disuelto en el cuerpo está cambiando su disposición física, formando burbujas en un mayor grado que alguien que ha terminado toda su descompresión en agua.

Por lo tanto, un error o alteración de este procedimiento puede provocar de manera acelerada la presencia de burbujas atrapadas en los diferentes tejidos del cuerpo porque su cambio de volumen fue tan rápido que no alcanzaron a liberarse a la circulación venosa.
En casos de foramen oval permeable o cortocircuitos circulatorios también podríamos tener presencia de burbujas en el lado arterial del sistema circulatorio (estas van del corazón a todo el cuerpo) y van reduciendo su calibre conforme se alejan del corazón, con el riesgo de obstruir la circulación a los tejidos en donde quede atrapada dicha burbuja, formando lo que llamamos embolismo gaseoso arterial.
Si el buzo no recibe la recompresión, se inicia el proceso de enfermedad por descompresión, la cual puede presentar síntomas inmediatos o conforme pasa el tiempo, pues los síntomas son consecuencia de la respuesta inflamatoria que provocan las burbujas y la falta de riego sanguíneo (isquemia) por la obstrucción mecánica o embolismo.
Mientras mayor sea el tiempo que las burbujas estén dentro del cuerpo, más severa será la respuesta inflamatoria e isquémica y más difícil la recuperación del tejido afectado.
Es posible que aun si el buzo recibe la descompresión con oxigeno y resuelve la presencia de burbujas con mejoría de síntomas en caso de haberlos, pudiera presentar síntomas de enfermedad por descompresión posteriormente como efecto refractario de los procesos inflamatorios que provocaron las burbujas formadas.
Otro riesgo observado es que el paciente presente una dificultad para compensar la presión del oído medio o algún espacio aéreo en cráneo en el momento de la recompresión, pues esto atrasaría el proceso y daría espacio y tiempo para la formación de burbujas.
La omisión de reportes en los casos donde se presenta esta situación hace que como médicos de buceo no tengamos suficientes datos para tener una estadística de cuántas veces puede pasar esto y cuáles son los puntos vulnerables de la operación.
En el buceo aún tenemos una curva de aprendizaje que completar y es prioritario que los médicos cada vez se involucren más en la observación de los procesos y procedimientos y participen activamente en la valoración clínica de los buzos y la elaboración del reporte, no con fines de supervisión, si no con fines de observación y estudio.
Así mismo, es prioritaria la practica continua y la puntualización de habilidades para llevar a cabo estos procesos que nos dan muchas ventajas en el manejo de los aspectos fisiológicos en el buceo pero que son de alto riesgo por la dependencia de la acción humana.
Sobre el Dr. Carlos Herrera
El doctor Carlos Herrera es medico hiperbárico que inició sus estudios con NOAA y UHMS en Estados Unidos en el año 2012. Comenzó el ejercicio de su profesión atendiendo pacientes de accidentes de buceo en Cozumel y Belize en el sistema SSS (Subaquatic Safety Services). También realizó funciones de tender con pacientes graves y de operador de cámara hiperbárica. Igualmente, ocupó funciones de revisión y valoración de aptitudes para buceo, formando tenders o asistentes sanitarios y operadores, y como instructor del curso TOP (Tender and Operator Program)
En el 2019 inicia colaboración con el grupo Protexa en el Golfo de Mexico, como encargado del entrenamiento de buzos y médicos, de la valoración del examen médico de aptitud para buceo ADCI y de la atención de emergencias y accidentes de buceo. Participó en las supervisiones de seguridad a bordo de las embarcaciones, entrenando a los buzos según el programa D-019 de IMCA para formación de DMT (Diver Medical Technician o técnicos en emergencias médicas de buceo).
Actualmente es director de BUCEAS, (Buceo unificado, capacitación, entrenamiento, asistencia y seguridad) empresa especializada en consultoría medica y de seguridad en el buceo en Ciudad del Carmen (Campeche, México).
Capacitaciones:
- Médico cirujano
- Master en Medicina Hiperbárica y Subacuática EUBS
- Diving Medical Physician DMAC nivel II UHMS
- Director de seguridad hiperbárica UHMS- ATMO
- LST (Life Support Technician) IMCA-Trauma Training
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HISTORIA DEL BUCEO 1/4 |
Los orígenes y evolución del buceo en la Armada Nacional de Colombia
La historia del buceo en la Armada Nacional de Colombia está estrechamente ligada al desarrollo de las capacidades marítimas y portuarias del país durante el siglo XX.

Aunque existen registros de trabajos subacuáticos realizados por personal naval en décadas anteriores, el origen de una estructura formal dedicada al buceo y al salvamento submarino se sitúa en la década de 1970, cuando la Armada decidió institucionalizar esta especialidad para responder a las crecientes necesidades operativas del país.
Durante las primeras décadas del siglo XX, las intervenciones subacuáticas en puertos, muelles y embarcaciones se realizaban de manera ocasional, generalmente con equipos de escafandra pesada y con apoyo de técnicos civiles o personal con formación limitada en buceo.
Estas actividades estaban orientadas principalmente al mantenimiento de infraestructuras, inspecciones de casco y recuperación de objetos o equipos perdidos en el mar. Sin embargo, la expansión de las capacidades navales de Colombia y el incremento del tráfico marítimo en sus costas del Caribe y del Pacífico hicieron evidente la necesidad de contar con personal militar especializado en operaciones subacuáticas.
“El buceo naval colombiano no solo representa una capacidad técnica, sino una expresión concreta de la presencia del Estado en sus espacios marítimos, donde cada operación subacuática reafirma el compromiso institucional con la vida, la seguridad y la soberanía nacional.”
En este contexto, el punto de inflexión se produjo a mediados de la década de 1970, cuando la Armada Nacional impulsó la creación de una estructura permanente dedicada al buceo naval y al salvamento marítimo. Este proceso culminó con la consolidación de la Escuela de Buceo y Salvamento, establecida en la Base Naval ARC 'Bolívar', en Cartagena. En 1976 se realizaron los primeros cursos formales de formación para buzos navales, marcando el inicio de una etapa de profesionalización de esta especialidad dentro de la institución.

A partir de entonces, la nueva unidad permitió desarrollar capacidades que hasta entonces eran limitadas o inexistentes en el país. Los buzos de la Armada comenzaron a desempeñar tareas fundamentales como la inspección y reparación de buques, operaciones de salvamento marítimo, recuperación de equipos y apoyo a misiones de seguridad naval.
Con el tiempo, estas funciones se ampliaron para incluir actividades más complejas, como operaciones de rescate submarino, trabajos subacuáticos en infraestructuras portuarias y apoyo a unidades submarinas.
Durante décadas, la Armada Nacional de Colombia ha sido el principal referente del buceo profesional en el país. Desde la creación de la Escuela de Buceo y Salvamento en la Base Naval ARC Bolívar, en Cartagena de Indias, la institución se ha consolidado como el centro donde se han formado generaciones de buzos colombianos.

Allí se han desarrollado los programas de entrenamiento que han permitido capacitar a especialistas en operaciones subacuáticas, salvamento marítimo, inspecciones de casco, trabajos en infraestructuras portuarias y apoyo a unidades submarinas.
A lo largo del tiempo, la Escuela de Buceo no solo ha servido como plataforma de formación para el personal naval, sino también como punto de referencia técnico para otras instituciones del país vinculadas al ámbito marítimo. Gracias a esta trayectoria, la Armada ha desempeñado un papel fundamental en la construcción de la cultura profesional del buceo en Colombia.

A lo largo de las décadas siguientes, la división de buceo de la Armada de Colombia ha evolucionado incorporando nuevas tecnologías, métodos de entrenamiento y doctrinas operativas alineadas con estándares internacionales. La formación especializada, el desarrollo de capacidades en medicina hiperbárica y la cooperación con otras marinas han permitido consolidar una comunidad profesional de buzos militares que hoy desempeña un papel esencial en la seguridad marítima del país.
HISTORIA DEL BUCEO 2/4 |
La incorporación de la Armada Nacional en ADCI
La vinculación de la Armada Nacional de Colombia a la Association of Diving Contractors International (ADCI) marcó un antes y un después en la evolución del buceo profesional militar en el país. Este proceso, iniciado a finales de la década de 1980, respondió a la necesidad de modernizar las técnicas operativas, elevar los estándares de seguridad y fortalecer las capacidades subacuáticas en un contexto de creciente desarrollo marítimo y energético.

Los antecedentes de esta incorporación se remontan a 1984, cuando la Armada y la Infantería de Marina enviaron a un grupo de ocho buzos a realizar un entrenamiento especializado en el Colegio de Buceo Comercial de Oceaneering, en Wilmington, California.
Este programa avanzado permitió capacitar al personal en técnicas de buceo de saturación y en el uso de trajes de inmersión de una atmósfera, diseñados para operar a profundidades de hasta 300 metros. Entre los participantes se encontraba el entonces Mayor del Cuerpo de Infantería de Marina Lázaro del Castillo Olaya, quien más adelante desempeñaría un papel fundamental en la transformación de esta especialidad.
La experiencia adquirida en Estados Unidos supuso un cambio significativo en la doctrina de entrenamiento de la Armada. A partir de entonces, se produjo una evolución desde métodos tradicionales hacia un enfoque más técnico, basado en el buceo de profundidad semiautónomo dirigido. Este avance no solo mejoró la preparación del personal, sino que también amplió de manera considerable la capacidad de respuesta ante operaciones complejas, tanto en unidades navales como en infraestructuras submarinas.
En este contexto de modernización se inició en 1988 el proceso de incorporación de la Armada a la ADCI, primero como miembro general y más tarde como miembro de soporte. La integración supuso una transformación profunda, ya que se estandarizaron procedimientos, se fortalecieron los protocolos de seguridad y se adoptaron prácticas alineadas con la industria internacional del buceo comercial.

Este proceso tuvo un impacto directo en la profesionalización del personal, así como en la mejora de las capacidades para atender las crecientes demandas del sector offshore, especialmente en el ámbito de la industria petrolera, que comenzaba a expandirse en Colombia.
De hecho, durante más de dos décadas, el Departamento de Buceo y Salvamento de la Armada brindó apoyo técnico a empresas como Occidental, Ocensa y Ecopetrol, participando en el desarrollo de operaciones marítimas costa afuera. Muchos de los buzos formados en esta etapa, entrenados inicialmente bajo estándares internacionales, se convirtieron posteriormente en instructores y profesionales que impulsaron el crecimiento del sector en el ámbito civil.
Hoy en día, la pertenencia a la ADCI posiciona a la Armada Nacional de Colombia como una de las instituciones más avanzadas en buceo profesional en Latinoamérica. Esta vinculación no solo ha fortalecido sus capacidades internas, sino que también ha abierto oportunidades de cooperación con otras marinas y empresas del sector. No obstante, aún persisten desafíos, como el desarrollo completo de capacidades en buceo de saturación, considerado uno de los próximos pasos en la evolución de esta especialidad.
En definitiva, entrada en la asociación no solo respondió a una necesidad de modernización, sino que consolidó un modelo de formación y operación que ha tenido un impacto duradero en el ámbito marítimo colombiano.
HISTORIA DEL BUCEO 3/4 |
La nueva era de los buzos colombianos
En las últimas décadas, la División de Buceo de la Armada Nacional de Colombia ha experimentado una profunda transformación. El proceso de profesionalización de sus buzos, acompañado por una modernización en los estándares de entrenamiento y seguridad, ha situado a la institución en una nueva etapa de desarrollo. Este impulso se ha visto reforzado por su condición de miembro de soporte de la Association of Diving Contractors International (ADCI), lo que ha permitido fortalecer la capacitación técnica del personal y abrir nuevas instancias de formación especializada.

En este sentido, existe un fuerte compromiso entre ambas entidades por desarrollar su actividad con los máximos estándares de seguridad y calidad operativa. Cada año, se renueva este importante lazo, gracias a la labor de los siguientes miembros: Capitán de Navío Elkin Darío Pacheco Luengas, como Comandante Comando de Alistamiento de Buceo de la Armada Nacional de Colombia; Capitán de Fragata Sergio Rueda Forero, en calidad de Segundo Comandante Comando de Alistamiento de Buceo de la Armada Nacional de Colombia; Teniente Coronel Juan Manuel Arenas, que es Jefe Departamento de Buceo y Salvamento BNL01 y Fernando Alonso Cadena Duque, actual Asesor Buceo Profesional y Certificación Internacional.
Uno de los hitos recientes en este proceso fue la realización del Curso de Rescate en Buceo Comercial – Nivel 1, llevado a cabo entre el 1 y el 3 de mayo de 2025 en la Base Naval ARC Bolívar, en Cartagena de Indias. La capacitación sobre rescate subacuático, impartida por un auditor de la ADCI con más de quince años de experiencia como supervisor de buceo, representó una experiencia inédita en Latinoamérica.

Durante tres jornadas intensivas, buzos de la Armada y de la Escuela de Buceo participaron en un programa diseñado para reforzar la capacidad de respuesta ante emergencias bajo el agua. La premisa del curso fue 'no dejar margen para la improvisación' en un accidente de buceo. Cada segundo cuenta, y el tiempo de respuesta puede determinar la supervivencia de la víctima.
El programa estuvo especialmente orientado a los ayudantes de buzo, quienes desempeñan un papel esencial dentro de la cadena de rescate. La estructura del curso combinó sesiones teóricas con ejercicios prácticos progresivos. El primer día se centró en los fundamentos del rescate y en los desafíos que plantea la gestión de emergencias en operaciones subacuáticas. El segundo día combinó teoría y práctica, mientras que la última jornada estuvo dedicada por completo a simulacros operativos diseñados para reproducir las condiciones de una emergencia real.
Uno de los momentos más reveladores del curso ocurrió durante las primeras prácticas. Los participantes ejecutaron inicialmente el procedimiento de rescate que solían utilizar, basado en técnicas tradicionales transmitidas durante décadas. Posteriormente, el instructor presentó un método alternativo que permitió realizar la maniobra con menos personal y en menor tiempo. La comparación práctica dejó en evidencia la importancia de revisar y actualizar constantemente los procedimientos operativos.
El entrenamiento también puso especial énfasis en la organización del equipo de rescate. Según el modelo presentado durante el curso, una operación eficaz puede desarrollarse con una dotación mínima de cinco personas: un supervisor de buceo, dos ayudantes de buzo y dos buzos operativos, uno de seguridad y otro encargado de la intervención directa. La claridad en los roles y en la cadena de mando permite actuar de manera coordinada y reduce significativamente los tiempos de respuesta.
Uno de los aspectos más destacados de la capacitación fue el compromiso institucional mostrado por la propia Escuela de Buceo. Tanto el director como la subdirectora participaron activamente en los ejercicios prácticos junto a los alumnos, un gesto que, según Rodríguez, refleja una cultura de liderazgo basada en el ejemplo.
La experiencia en Cartagena representa mucho más que un simple curso de formación. Forma parte de un proceso más amplio destinado a consolidar un nuevo estándar de entrenamiento en rescate subacuático, donde la preparación sistemática, la repetición de simulacros y la adopción de procedimientos claros se convierten en herramientas fundamentales para proteger la vida de los buzos y garantizar la seguridad de las operaciones.
En definitiva, la profesionalización y la capacitación continua marcan hoy la hoja de ruta de los buzos de la Armada colombiana, una comunidad que, medio siglo después de su creación, continúa evolucionando para responder a los desafíos del entorno marítimo moderno.
HISTORIA DEL BUCEO 1/4 |
Lázaro del Castillo, una figura clave en el buceo comercial en Latinoamérica
Lázaro del Castillo ocupa un lugar singular en la historia del buceo militar y profesional en Colombia. Oficial de Infantería de Marina, formado en una época en la que el país apenas comenzaba a estructurar sus capacidades subacuáticas modernas, su trayectoria resume buena parte de la evolución del buceo de salvamento, de los comandos anfibios y de la profesionalización de la industria en Latinoamérica.

Graduado en 1968 en la Escuela Naval de Cadetes como subteniente de Infantería de Marina, Del Castillo integró muy pronto la generación pionera llamada a dar forma a las fuerzas especiales anfibias de la Armada Nacional. En 1969 fue uno de los oficiales seleccionados para un exigente itinerario de formación que incluía la Escuela de Lanceros, el Batallón de Paracaidistas, la Escuela de Inteligencia y, finalmente, el curso RADS de Reconocimiento Anfibio y Demoliciones Submarinas.
Este último entrenamiento tuvo un valor histórico especial ya que fue impartido en Cartagena por el grupo SEAL Team Two de la U.S. Navy, en lo que constituyó la primera gran formación de este tipo para la Armada colombiana. Aquella experiencia no solo lo convirtió en uno de los primeros comandos anfibios de su promoción, sino que lo situó en la vanguardia de un modelo de guerra anfibia y trabajo submarino que marcaría el desarrollo posterior de la institución.
En esos años iniciales participó también en uno de los hitos más recordados de la Infantería de Marina colombiana, como fueron los primeros saltos al mar en paracaídas realizados por comandos anfibios en el país. Esa etapa estuvo estrechamente ligada al mayor Jaime Arias Arango, figura esencial en la creación de los Comandos Anfibios, con quien Del Castillo trabajó hasta su muerte accidental durante una prueba de carga explosiva submarina en 1970. La huella de aquel episodio y de aquella generación pionera fue decisiva en su carrera.

En 1972, la Armada Nacional lo envió a la Base Naval de Submarinos de Mar del Plata, en Argentina, para realizar durante un año el curso de Buceo de Profundidad y Salvamento en la Escuela de Buceo y Salvamento de la Armada Argentina. Aquella especialización amplió de forma decisiva su perfil técnico. A su regreso, en 1973, fue seleccionado para integrarse en el Plan Cosmos de la Flotilla de Submarinos como piloto de lanchas submarinas tipo Charriot y miembro de la tripulación del submarino ARC Intrépido. Permaneció cinco años vinculado a la Unidad de Comandos Submarinos, combinando el trabajo operativo con una creciente responsabilidad en el desarrollo de capacidades especiales.
Entre 1977 y 1980 ejerció como comandante del Grupo de Comandos Anfibios de la Infantería de Marina en Cartagena. Poco después, en 1981, asumió la jefatura del Departamento de Buceo y Salvamento y de la Escuela de Buceo de la Armada Nacional, cargo que desempeñó durante once años, hasta febrero de 1992. Desde esa posición planeó y dirigió más de 128 operaciones de buceo y salvamento marítimo y lacustre en Colombia. Su papel fue clave en la consolidación de la escuela, en la mejora de la formación de los buzos militares y en la modernización de los procedimientos operativos de la Armada.

Uno de los momentos más trascendentes de esa etapa llegó en 1984, cuando encabezó, junto a otros siete buzos de la Armada e Infantería de Marina, un entrenamiento avanzado en el College of Oceaneering, en Wilmington, California. Allí recibió formación en buceo de saturación y en operación de trajes de inmersión de una atmósfera para profundidades de hasta 300 metros. Aunque el debate nacional sobre el rescate del galeón San José no desembocó entonces en una operación de recuperación, ese aprendizaje supuso un salto cualitativo para la Armada colombiana. Del Castillo entendió que el futuro del sector pasaba por la modernización técnica, la seguridad y la conexión con los estándares internacionales.
Esa visión lo llevó a impulsar en 1988 el proceso de ingreso de la Armada Nacional de Colombia en la Association of Diving Contractors International (ADCI), como miembro de soporte. La incorporación a ADCI ayudó a profesionalizar y actualizar el buceo de la Armada, facilitó el acceso a estándares internacionales y fortaleció la capacidad nacional para atender operaciones navales y trabajos costa afuera, en un momento en que comenzaba a desarrollarse la industria offshore en Colombia.
Ya en el ámbito civil, Del Castillo fundó y presidió SEBUTE S.A., y desde ahí mantuvo una vinculación muy estrecha con ADCI. Fue uno de los grandes impulsores del Capítulo Latinoamericano y del Caribe, creado en Aruba en 2001, del que fue presidente y figura fundacional durante más de dos décadas. Bajo su liderazgo, el capítulo creció de forma notable, amplió su representación regional e impulsó la difusión de normas, certificaciones y buenas prácticas de seguridad en numerosos países de Latinoamérica.

Su trabajo recibió reconocimientos internacionales de máximo nivel. En 2001 obtuvo el Presidents Award de ADCI por su esfuerzo excepcional en la creación y consolidación del capítulo regional. Y en 2008 fue inducido al Hall of Fame de ADCI, distinción reservada a quienes han realizado una contribución extraordinaria al buceo comercial e industrial. Ese reconocimiento premiaba tanto su papel en la promoción de prácticas seguras en Colombia y la región como su liderazgo en la expansión del capítulo latinoamericano.

La trayectoria de Lázaro del Castillo es, en definitiva, la de un pionero. Un militar que ayudó a construir las capacidades subacuáticas de la Armada de Colombia, un formador que modernizó el buceo profesional y un referente continental cuya trayectoria conecta la disciplina militar, la innovación técnica y el compromiso permanente con la seguridad.
| ACTUALIDAD 1/2 |
La industria offshore venezolana ante una nueva etapa de incertidumbre para el buceo comercial

Durante los últimos años, la industria petrolera venezolana ha atravesado una de las crisis más profundas de su historia, con las repercusión que todo ello ha tenido para el ecosistema offshore. No fue un colapso repentino, sino un deterioro progresivo que comenzó a hacerse evidente a partir de 2014, cuando la caída de la producción, las restricciones internacionales y la pérdida de capacidad operativa empezaron a converger en un mismo punto.
Para quienes operaban en el sector, la crisis no fue una realidad cotidiana. La actividad offshore se redujo drásticamente y muchas empresas, especialmente las vinculadas al buceo comercial, se vieron obligadas a reducir operaciones, adaptar servicios o, en muchos casos, cesar completamente su actividad. La demanda desapareció casi en paralelo al declive de la industria petrolera. Los primeros trabajos en verse afectados fueron los de mantenimiento e inspección, seguidos por la paralización de proyectos de construcción offshore.
Más allá de los factores externos, uno de los elementos más determinantes fue la pérdida de continuidad operativa. La falta de inversión sostenida y de mantenimiento adecuado provocó un deterioro significativo de las infraestructuras, especialmente en el ámbito submarino. Plataformas, líneas y sistemas críticos quedaron expuestos a un desgaste acumulado que hoy representa uno de los principales retos para cualquier intento de reactivación.
Mientras el resto del mundo avanzaba en nuevas técnicas, equipos y estándares, el sector local operaba con recursos cada vez más limitados.
A esto se sumó una desconexión tecnológica progresiva. Mientras el resto del mundo avanzaba en nuevas técnicas, equipos y estándares, el sector local operaba con recursos cada vez más limitados. En el día a día, esto se tradujo en dificultades para acceder a repuestos, renovar equipamiento o mantener certificaciones internacionales, elementos esenciales en una industria donde la seguridad y la precisión no admiten improvisación.

El impacto sobre el talento humano fue igualmente profundo. Una parte significativa del personal técnico altamente cualificado emigró o se reubicó en otros sectores, generando una pérdida de conocimiento que aún hoy se percibe. La industria no solo se degradó en términos de infraestructura, sino también en capital humano, uno de sus activos más valiosos hasta entonces.
En este contexto, el sector offshore no llegó a desaparecer por completo, pero sí quedó en un estado de degradación severa. La actividad se volvió puntual, reactiva y limitada, muy lejos de los niveles de operación que caracterizaron décadas anteriores. El buceo comercial, estrechamente ligado a esta dinámica, pasó de ser un componente esencial del desarrollo energético a una actividad residual.
| ACTUALIDAD 2/2 |
Una vía de esperanza para la industria
Sin embargo, en los últimos meses comienzan a percibirse señales de cambio. El interés de compañías internacionales y los anuncios de nuevas políticas económicas apuntan hacia una posible reactivación del sector. Aunque aún predomina la expectativa sobre la ejecución real, la eventual participación de actores como grandes operadoras energéticas podría tener un impacto directo en la recuperación de la actividad offshore.

Este nuevo escenario plantea oportunidades, pero también desafíos. La reactivación no dependerá únicamente del capital, sino de la capacidad de integrar tecnología, talento y estándares operativos alineados con la industria global. Para las empresas locales, el reto será adaptarse a un entorno más exigente, donde la certificación, la especialización y la eficiencia serán factores determinantes.
Más que en nuevas construcciones, las mayores oportunidades para el buceo comercial en Venezuela parecen concentrarse en la recuperación de activos ya existentes.
En este proceso, el buceo comercial puede desempeñar un papel fundamental. La rehabilitación de infraestructuras, la inspección de sistemas existentes y el reacondicionamiento de instalaciones requerirán necesariamente de servicios subacuáticos especializados. Más que en nuevas construcciones, las mayores oportunidades parecen concentrarse en la recuperación de activos ya existentes.
Aun así, la gran incógnita no es técnica, sino estructural. La historia reciente demuestra que el potencial de recursos no es suficiente por sí solo. La sostenibilidad del sector dependerá de la estabilidad, la continuidad operativa y la capacidad de generar confianza a largo plazo.
Venezuela tiene ante sí una oportunidad real de reinsertarse en el mapa energético global. Pero el éxito de esta nueva etapa no estará garantizado por sus reservas, sino por su capacidad de aprender del pasado, recuperar su tejido técnico y adaptarse a un entorno industrial cada vez más exigente.
En definitiva, el futuro del offshore venezolano, así como del buceo comercial que lo sostiene, no se jugará únicamente en los yacimientos, sino en la capacidad del país para reconstruir las condiciones que hacen posible trabajar bajo el agua con seguridad, continuidad y visión de largo plazo.
HISTORIAS DE BUZOS 1/3 |
“Mi deseo de ser soldadora submarina me empujó a convertirme en buzo profesional”
En Chile, donde el mar no es paisaje sino forma de vida, hay historias que parecen escritas por generaciones. La de Rosita Bustamante Toro, buzo comercial de 32 años, pertenece a esa clase de relatos en los que el oficio no se elige por casualidad, sino que parece que formase parte de un destino inevitable.

Nació en Puerto Montt, en el sur de Chile, pero creció en Estaquilla, una caleta abierta al océano Pacífico. Allí el mar es casi el hábitat natural y el lugar en torno al cual gira el trabajo, la familia y el horizonte profesional.
“Toda mi familia está vinculada al mar”, cuenta. En su casa son cuatro hermanos y todos son buzos comerciales. Además, tres de ellos son ya supervisores. Su padre fue buzo artesanal durante más de cuarenta años. Su madre es dueña de embarcaciones de pesca. El mar estaba en casa mucho antes de convertirse en profesión.
Rosita recuerda una infancia en la que el contacto con el agua comenzó casi como un juego. “Desde los siete años empezamos a hacer apnea, aunque en ese entonces ni sabíamos lo que era la apnea ni lo que era ser buzo; simplemente jugábamos”, explica.
En verano recolectaban luga, un alga típica de la zona. En invierno, la actividad giraba alrededor del loco, el molusco que marca buena parte de la economía costera del sur chileno. Aquellas primeras aventuras infantiles fueron construyendo una relación íntima y permanente con el mar.

“No tengo conciencia de cuándo aprendí a nadar”, dice. Es una frase que lo resume todo. Para Rosita, el agua nunca fue un espacio ajeno. Era, sencillamente, su lugar.
Sin embargo, la entrada en el buceo comercial no fue inmediata. La profesión apareció primero a través del ejemplo de sus hermanos mayores. Su hermana Maribel fue una de las primeras mujeres en formarse y trabajar en la salmonicultura, en un tiempo en que la presencia de mujeres en ese ámbito era todavía excepcional.
“La profesión la conocí a través de mis hermanos mayores; sobre todo de mi hermana. Yo la veía trabajar y me parecía muy interesante lo que hacía”, recuerda. Más tarde también observó a su hermano Sergio en trabajos más duros y complejos, como reflotamiento de embarcaciones, soldadura submarina, trabajos en muelles. Aquello la marcó profundamente. “Yo lo veía hacer aquellos trabajos y me decía a mí misma que también quería hacer esto”.
Hubo además una imagen que terminó de fijar su vocación y fue la que aquellos sofisticados cascos de buceo comercial. El equipo pesado, las operaciones exigentes lejos del buceo artesanal con el que había crecido, eran escenas que atrajeron su atención. “Yo quería tener ese casco en la cabeza, saber qué se siente trabajando con todo el equipo”, dice. Esa fascinación por el oficio fue creciendo hasta convertirse en objetivo profesional.
“En mi casa el mar siempre estuvo presente. Mi padre fue buzo más de cuarenta años y mis cuatro hermanos terminamos dedicándonos al buceo comercial. Desde los siete años bajábamos al agua a sacar luga como si fuera un juego”.
Su camino, no obstante, no fue lineal. Su padre, precisamente por conocer bien la dureza del mar y del trabajo subacuático, no quería que sus hijos se dedicasen al buceo. Había sufrido en carne propia problemas de descompresión y sabía que aquel oficio podía pasar factura. “Él se negó con nosotras, por lo menos con las mujeres. Nos decía que era un trabajo muy duro, muy pesado, que no fuera nuestra primera opción”, recuerda Rosita. Su consejo fue que estudiaran otras cosas, que abrieran otros caminos antes de regresar al buceo.
HISTORIAS DE BUZOS 2/3 |
Y así lo hicieron. Rosita se formó como tripulante de nave mayor y trabajó durante años en la marina mercante. Navegó en buques de pasajeros, en graneleros y más tarde en petroleros de más de 200 metros de eslora. No solo se formó en el mar, también estudió gastronomía internacional.

Pero ni la vida embarcada ni las otras profesiones consiguieron apartarla del mar en su dimensión más íntima. Cada vez que bajaba de un barco, aprovechaba para volver a estudiar, a certificarse o a trabajar con su hermana en centros de cultivo. “Nunca nos alejamos lo suficiente del buceo como para tomar otro rumbo”, resume.
La formación de Rosita fue paulatina y consciente. Obtuvo primero la matrícula básica, luego la intermedia y finalmente la comercial, sin prisas y con la idea de que cada paso debía sostenerse sobre experiencia real. “No quería pasar a hacer buceo comercial desde ya; tenía que tomarme mi tiempo y ser responsable también, porque la profundidad exige responsabilidad”, explica.
Toda su formación reglada la realizó en Puerto Montt, en la escuela Managuas, con el profesor Rafael Morales, a quien reconoce como figura central en su carrera. Después fueron llegando otras certificaciones, algunas financiadas por las empresas para las que trabajó y otras costeadas por ella misma, como Nitrox o especialidades vinculadas a la soldadura submarina.

El deseo de crecer
Si algo define su trayectoria es precisamente esa voluntad de crecer. No se trata solo de trabajar, sino de aprender más, llegar más lejos y hacer cosas cada vez más complejas. “No era un tema de dinero; era un tema de hacer cosas grandes, de aprender cosas con las que sentirme realizada laboralmente”, afirma.
Sus primeros años en el buceo profesional transcurrieron en la salmonicultura, un sector fundamental en el sur de Chile. Allí realizó labores de mantenimiento en centros de cultivo, como retirada de mortalidad, reparación de mallas, recuperación de elementos caídos, limpieza de boyas y estructuras, montaje y desmontaje de centros. Trabajos rutinarios, duros y muchas veces poco visibles, pero que fueron forjando su oficio desde abajo. Y también su carácter.
En esos equipos casi siempre era la única mujer. Lejos de vivirlo como un obstáculo insalvable, Rosita asumió desde el principio que tendría que demostrar más. “Como mujer dentro de un rubro de hombres, una mentalmente va preparada para dar el doble o el triple si es necesario”, explica. Ella sabía que sería observada, evaluada, puesta a prueba, así que su respuesta fue la humildad y el trabajo. “Si no sabía hacer algo, llegaba al que más sabía y le pedía que me enseñara de la manera más humilde”.
“Como mujer en un rubro de hombres sabes que te van a observar más. Yo iba preparada para trabajar el doble si era necesario. Si no sabía hacer algo, me acercaba al que más sabía y le pedía que me enseñara con humildad. Gracias a mis compañeros aprendí muchísimo”.
Esa actitud marcó también la relación con sus compañeros. Rosita habla con especial cariño de los colegas que tuvo en aquellos comienzos, hombres que le enseñaron nudos, técnicas, modos de moverse y de trabajar bajo el agua. “Mi experiencia fue buena por mis colegas, por siempre el buen trato que tuvieron hacia mí”, dice. En un oficio donde se convive durante semanas en barcos o centros aislados, el equipo acaba siendo una segunda familia. “Uno convive con ellos más que con la familia”, afirma.
El número de mujeres dedicadas al buceo crece en un país donde el mar es uno de los motores económicos y agradece compartir espacio con compañeras de profesión. “En este trabajo es importante saber que no estás sola. Cuando ves a otra mujer trabajando bajo el agua, también sientes que estás abriendo camino juntas.”
HISTORIAS DE BUZOS 3/3 |
Con el paso del tiempo, nuestra protagonista dio el salto de las tareas en las salmoneras al mundo comercial en toda su dimensión. De todos los recuerdos que conserva, rememora la primera vez que trabajó con equipo pesado fuera del entorno seguro de la escuela. “Creo que es el recuerdo más bonito que tengo. Sentí que cumplí un sueño en ese momento”.

Otro momento decisivo fue perder el miedo a la oscuridad en inmersiones en aguas completamente cerradas y opacas. “Pensé en el trabajo que tenía que hacer y no en la oscuridad. Me sentí más fuerte”.
Si tuviera que señalar el motor que la llevó definitivamente al buceo comercial, Rosita tiene claro que fue el deseo de convertirse en soldadora submarina. “Creo que llegué a ser buzo comercial porque quería ser un buzo soldador”, afirma.
Hoy es soldadora submarina acreditada, una competencia ansiada por muchos profesionales en esta industria. Además no esconde su ambición: “Yo siempre decía que quería ser la mejor. Algún día quiero poder decirle a mi hijo que trabajé en esto y que era muy buena haciéndolo”, explica.
Hoy, tras haber sido madre recientemente y después de una pausa en la parte operativa, Rosita se prepara para regresar en calidad de supervisora de buceo comercial. Aprobó su formación estando embarazada, algo de lo que se siente especialmente orgullosa. “Voy a volver como madre y como supervisora. Son nuevas responsabilidades y nuevos desafíos”, dice.
“La primera vez que trabajé con casco y equipo pesado sentí que estaba cumpliendo un sueño. Fue uno de los momentos más bonitos de mi carrera. Quiero que algún día mi hijo pueda decir que su mamá fue una buena buzo soldadora. Por eso sigo preparándome cada día.”
Mira al futuro con realismo, pero también con esperanza. Cree que en Chile la seguridad ha mejorado, aunque no al ritmo que desearía, y que la adaptación es una de las grandes virtudes de un buen buzo.
Pero si tuviera que resumir en una sola palabra el mensaje que quiere dejar a las mujeres que vienen detrás, esa palabra sería responsabilidad. “Nuestro desempeño individual es la llave que abre puertas y la cierra también”, sostiene.
Rosita Bustamante Toro no solo pertenece a una familia de buzos. Es también parte de una generación de mujeres que están ampliando el mapa del buceo profesional chileno. Lo hace con la fuerza de quien nació junto al mar, con la disciplina de quien sabe que el oficio no admite atajos.
ACTUALIDAD |
Buceo profesional en Chile, cuando la regulación no aborda la realidad del problema

En Chile, durante el primer trimestre del año 2026, dos accidentes fatales en buceo profesional volvieron a poner evidencia una realidad que el sector conoce, pero que sistemáticamente evita abordar en profundidad. Estos accidentes ocurrieron en dos rubros distintos, en industrias con dinámicas operacionales diferentes, pero que tienen un mismo patrón estructural. Ambos tienen condiciones de riesgo conocidas, pero no intervenidas de manera efectiva.
Cada vez que ocurre un accidente de un buzo, el sistema responde en base a la fórmula acción-reacción. Es decir, se buscan responsabilidades inmediatas, se revisa el cumplimiento normativo del caso concreto, se establecen hipótesis de error humano o del equipo o se apunta hacia alguna enfermedad preexistente del buzo accidentado. Como resultado, se produce un refuerzo puntual en los controles administrativos internos y fiscalizaciones de las autoridades.
Sin embargo, rara vez se centra el análisis profundo sobre las condiciones reales en las que se ejecuta el buceo, viendo más allá de ese accidente específico, ni tampoco se extrapolan las circunstancias o cadena de errores del incidente en cuestión, con otros hechos similares entorno al rubro.
No se trata de falta de información ni de diagnósticos insuficientes. Al contrario, existe claridad respecto a las causas, ya que suelen repetirse. El verdadero error está en la incapacidad de intervenir donde efectivamente se generan los accidentes
Aquí radica el problema central. No se trata de falta de información ni de diagnósticos insuficientes. Al contrario, existe claridad respecto a las causas, ya que suelen repetirse. El verdadero error está en la incapacidad de intervenir donde efectivamente se generan los accidentes, como en la operación y la cultura de seguridad, tanto en el lugar de trabajo como en lo referente a la preparación y toma de decisiones, ya sea por parte de empresas mandantes o subcontratadas.

Por otro lado, y en paralelo, la discusión pública o regulatoria, ha puesto énfasis en una supuesta nueva legislación para el buceo profesional. No obstante, centrar el debate en la norma desvía la atención del problema real. La accidentabilidad no responde a vacíos normativos, sino a una desconexión estructural entre lo que la normativa establece y lo que ocurre en la práctica.
Normativa y operaciones, una brecha persistente
El buceo profesional se desarrolla en entornos altamente variables, donde interactúan factores técnicos, humanos y organizacionales. A diferencia de otras actividades más controladas o con entornos más acotados, la seguridad no depende únicamente de procedimientos escritos, sino de la capacidad del sistema para gestionar el riesgo operacional en tiempo real y en equipo.
La normativa define estándares mínimos y responsabilidades, pero no controla, ni puede controlar, las decisiones que se toman bajo presión en una faena
En este contexto, la normativa cumple un rol necesario, pero no exclusivo. Define estándares mínimos y responsabilidades, pero no controla, ni puede controlar, las decisiones que se toman bajo presión en una faena. La brecha aparece precisamente ahí.
Hoy es posible encontrar operaciones que cumplen formalmente con la normativa vigente, pero que presentan condiciones de riesgo elevadas desde una perspectiva técnico-operacional. Esta paradoja evidencia uno de los principales problemas del sistema. El cumplimiento no garantiza la seguridad en la operación.

A esto se suman factores estructurales persistentes, tales como una supervisión técnica que puede resultar insuficiente o desalineada con la complejidad real de las operaciones; la planificación operacional que no siempre integra adecuadamente las variables críticas o la presión productiva que introduce una tensión constante entre cumplimiento de metas y seguridad.
Desde el punto de vista de los factores humanos, existen debilidades relevantes que también deben tenerse en cuenta. Fatiga acumulada, sobrecarga de trabajo, brechas entre certificación formal y experiencia real, malas praxis, y toma de decisiones bajo presión.
Estas variables inciden directamente en la probabilidad de error, pero no son gestionadas de manera sistemática; es decir, a nivel cultural, la seguridad sigue siendo predominantemente reactiva. Sencillamente, se aprende a partir del accidente y no antes de que ocurra. Esta lógica no solo limita el aprendizaje, sino que perpetúa la repetición de eventos similares.
Sencillamente, se aprende a partir del accidente y no antes de que ocurra. Esta lógica no solo limita el aprendizaje, sino que perpetúa la repetición de eventos similares.
Intervenir donde realmente importa
Si el objetivo es reducir la accidentabilidad en el buceo profesional, el foco debe desplazarse hacia la gestión efectiva del riesgo. El principal problema no es la falta de acción, sino la acción mal orientada.
Esto implica llevar a cabo una serie de medidas clave:
- fortalecer la supervisión técnica en terreno.
- mejorar la planificación operacional.
- integrar de manera sistemática la gestión de factores humanos.
- alinear la cultura organizacional para que la seguridad no compita con la producción.
Asimismo, es clave incorporar herramientas tecnológicas que permitan mejorar la supervisión, el monitoreo y la toma de decisiones en tiempo real.
Chile cuenta con capacidades técnicas y experiencia suficiente para avanzar hacia estándares más altos. Sin embargo, mientras la discusión continúe centrada en la norma y no en la operación, los avances seguirán siendo limitados.
Los accidentes recientes no son hechos aislados, sino el reflejo de un sistema que no ha sido intervenido en sus dimensiones más críticas. La diferencia entre un sistema seguro y uno vulnerable no está en la cantidad de normas que posee, sino en su capacidad real de gestionar el riesgo en la operación. Ese es el desafío pendiente. La pregunta es ¿existe una voluntad real?
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INNOVACIÓN DESDE LA CIENCIA
Fundada en 1977, Subsalve ha sido pionera en tecnología de flotabilidad, aplicándola en la marina comercial, la defensa y la investigación. Los primeros sistemas utilizaban bolsas de piel o tambores de acero, limitados por su peso y durabilidad. Hoy, materiales avanzados como nailon, poliéster o Kevlar recubiertos de poliuretano han permitido crear inflables ligeros, resistentes y capaces de operar en condiciones extremas, alcanzando fuerzas de hasta 50 toneladas métricas. Estos equipos se usan en numerosas tareas: reducción de calado en buques, rescates oceánicos y recuperación de cápsulas espaciales.
Las fuerzas militares también emplean estos sistemas para levantar, mover o neutralizar explosivos submarinos. Asimismo, soluciones específicas han permitido mejorar la seguridad de vehículos profundos, como el Deepsea Challenger de James Cameron, equipado con inflables de emergencia. A futuro, el control de flotabilidad en tiempo real impulsará nuevos vehículos y hábitats submarinos, abriendo la puerta al desarrollo de colonias subacuáticas sostenibles.
- richard@subsalve.com
- +1 401-884-8801
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TECNOLOGÍA |
Protección y personalización de cascos Kirby Morgan, más allá de la estética en el buceo comercial

En el buceo comercial no hay margen para el error. Cada operación se ejecuta con precisión y cada equipo cumple una función crítica dentro de un entorno donde las condiciones son extremas y las consecuencias de cualquier fallo pueden ser graves.
El casco de buceo es, en esencia, un sistema de soporte vital. Representa la conexión del buzo con la superficie y su única garantía de seguridad en profundidad. Su exposición constante a agua salada, entornos contaminados, espacios confinados o temperaturas extremas, especialmente en trabajos de soldadura y corte submarino, lo convierte en uno de los equipos más exigidos dentro de la industria.
Las marcas visibles en su superficie, lejos de ser defectos, son el reflejo directo del trabajo real en campo. Pero necesitan ser revisadas y saneadas por un profesional cualificado si así se precisa para seguir garantizando su integridad.

Gelcoat, una barrera contra la corrosión
En los cascos Kirby Morgan fabricados en fibra de vidrio, el color exterior corresponde al gelcoat, una capa que a menudo se interpreta como un acabado puramente estético. Sin embargo, su función es fundamental desde el punto de vista técnico.
El gelcoat actúa como una barrera protectora que evita la penetración de humedad en la estructura de fibra de vidrio. Además, proporciona resistencia a la abrasión, contribuye a mantener la integridad estructural del casco y facilita su limpieza y mantenimiento a largo plazo.
Una aplicación correcta del gelcoat no solo mejora la durabilidad del casco, sino que también prolonga su vida útil en condiciones operativas exigentes.
Procesos de reparación y estándares de calidad
Los trabajos de reparación en este tipo de cascos pueden variar considerablemente, desde intervenciones localizadas hasta reacondicionamientos completos de la carcasa.
Cada unidad requiere una inspección detallada previa para determinar el alcance de la intervención. Este proceso permite establecer si es suficiente una reparación puntual o si el casco necesita un nuevo recubrimiento completo.

En el caso de Bay-Tech Industries, los trabajos se realizan bajo certificación oficial del Dive Lab de Kirby Morgan, centro de referencia para la formación de técnicos especializados.
El equipo cuenta con técnicos certificados que han pasado por formación práctica intensiva, lo que garantiza que cada casco intervenido cumple con los estándares establecidos por el fabricante.
Personalización técnica, identidad y funcionalidad
Cuando un casco requiere un nuevo gelcoat completo, se abre la posibilidad de personalización. Lejos de ser un aspecto superficial, esta práctica se ha consolidado como una forma de identidad profesional y corporativa dentro del sector.
Los buzos pueden elegir entre una amplia gama de colores. Algunos optan por aportar sus tonos preferidos, otros buscan alinearse con la imagen de su empresa o incluso con referencias deportivas o de aficiones particulares. Aun así, el clásico amarillo Kirby Morgan sigue siendo una elección recurrente. La personalización, sin embargo, no se limita al color.

Cerakote, evolución en protección y acabado
En 2021, Bay-Tech introdujo una innovación relevante en el tratamiento de cascos Kirby Morgan: la aplicación de Cerakote, un recubrimiento cerámico de alto rendimiento.
Inicialmente concebido como una solución para combatir la corrosión y prolongar la vida útil de los componentes, el Cerakote ha demostrado aportar otra serie de ventajas significativas:
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Mayor resistencia química
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Protección frente a la corrosión
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Incremento de la durabilidad en condiciones agresivas
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Mejora del acabado superficial
Además, ha abierto nuevas posibilidades de personalización, permitiendo combinar colores de gelcoat con componentes metálicos tratados con Cerakote.
Esta tecnología también se aplica en cascos de acero inoxidable, ampliando las opciones en una categoría tradicionalmente uniforme.

Casos destacados y tendencias
El desarrollo de acabados personalizados ha dado lugar a proyectos singulares dentro del sector. Desde diseños inspirados en la bandera estadounidense hasta patrones de camuflaje militar, pasando por configuraciones completamente personalizadas para usos específicos.
Uno de los proyectos más llamativos fue un casco KM-97 con estética inspirada en “Iron Man”, que marcó un punto de inflexión en la demanda de este tipo de acabados.
Más allá de lo anecdótico, esta tendencia refleja una evolución en la percepción del equipo. El casco sigue siendo una herramienta crítica, pero también se convierte en un elemento de identidad profesional.

Seguridad sin concesiones
A pesar de las posibilidades de personalización, existe un principio inalterable: la seguridad.
Cualquier modificación debe respetar completamente la integridad estructural y funcional del casco. No se intervienen superficies de sellado ni componentes críticos que puedan comprometer su rendimiento o su certificación.
Todos los trabajos se realizan bajo estándares Kirby Morgan, asegurando que el casco mantiene sus capacidades operativas intactas incluso tras procesos de reacondicionamiento o personalización.
El trabajo sobre cascos de buceo no se limita a la reparación. Es un servicio que impacta directamente en la operatividad de buzos y compañías.
Inspección, reparación estructural, aplicación de recubrimientos protectores o personalización forman parte de un mismo objetivo. Garantizar que el equipo responde cuando más se necesita.
En un entorno donde las condiciones son exigentes y las expectativas elevadas, la fiabilidad del equipo no es negociable. Y en ese contexto, cada detalle cuenta.
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Últimos boletines de Kirby Morgan
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1.- Cambio en pieza
El collar de cierre P/N 560-111 ahora se fabrica en acero inoxidable e incorpora una nueva funcionalidad.

Productos afectados: Todos los cascos de fibra de vidrio, EXCEPTO el modelo SL 17B.
El collar de cierre (Locking Collar) P/N 560-111, anteriormente fabricado en latón cromado, pasará a fabricarse en acero inoxidable 316L. A medida que se agoten las existencias de latón cromado, se iniciará la transición al nuevo material. Kirby Morgan instalará este collar actualizado en todos los cascos de fibra de vidrio de futura producción, excepto en el modelo SL 17B.
El nuevo collar de cierre en acero inoxidable presenta un diseño actualizado. Incorpora un mecanismo de bisagra de dos pernos que permite que el collar permanezca en su posición, en lugar de oscilar libremente como ocurría con el diseño anterior de un solo perno. Esto permite que el collar se desplace dentro de su rango de movimiento, pero que se mantenga en la posición deseada una vez deja de aplicarse fuerza.
El servicio y mantenimiento del nuevo diseño de dos pernos es similar al del diseño anterior, tanto en componentes como en procedimientos.
2.- Cambio en pieza
El aro inferior P/N 560-074 pasa a ser de acero inoxidable 316L e incorpora dos nuevas mejoras

Productos afectados: Todos los cascos de fibra de vidrio KMDSI, EXCEPTO el modelo SuperLite® 17B.
El aro inferior (Bottom Ring) P/N 560-074, anteriormente fabricado en latón cromado, pasará a fabricarse en acero inoxidable 316L.
A medida que disminuyan las existencias de latón cromado, se realizará la transición al nuevo material. Kirby Morgan instalará este aro inferior actualizado en todos los cascos de fibra de vidrio de futura producción, excepto en el modelo SL 17B.
Este nuevo aro inferior estándar incorpora dos mejoras principales:
Conjunto de cierre abatible desmontable
El conjunto de cierre abatible (Swing Catch Assembly) desmontable permite realizar tareas de mantenimiento y sustitución de forma sencilla sin necesidad de intervenir directamente sobre el casco.
Fijación adicional para los pasadores de extracción sellados
Se incorpora una tuerca autoblocante de acero inoxidable, P/N 530-307, que asegura el tornillo de montaje del pasador de extracción sellado (Sealed Pull Pin).
Se recomienda adquirir siempre los productos Kirby Morgan® a través de distribuidores autorizados. La lista completa está disponible en:
www.kirbymorgan.com/dealers
3.- Aviso de fraude
Venta fraudulenta de productos KMDSI

Productos afectados: Todos los productos Kirby Morgan.
Kirby Morgan Dive Systems®, Inc. (KMDSI) ha recibido informes sobre suplantación y fraude por parte del sitio web Marinepartsmart.com.
*Muchos de los sistemas antivirus y antispam ya detectan dicha dirección web como potencialmente fraudulenta.
Este sitio emplea tácticas engañosas, incluyendo el uso de material oficial de KMDSI, para hacer creer a buzos y técnicos que se trata de un distribuidor legítimo. Se recuerda que KMDSI mantiene un estricto proceso de autorización para todos sus distribuidores.
Para garantizar la compra de equipos originales a través de fuentes fiables, verifique siempre al vendedor consultando la lista de distribuidores autorizados disponible en la web oficial:
https://www.kirbymorgan.com/dealers
Cualquier sitio que no figure en dicha lista debe considerarse fraudulento y evitarse.
Al adquirir productos Kirby Morgan®, ya sean nuevos o usados, es posible verificar su autenticidad enviando los números de serie directamente a: kmdsi@kirbymorgan.com
Manténgase alerta e informado. Adquiera y utilice únicamente productos originales Kirby Morgan®.
Se trata de una cuestión de seguridad. Todos los equipos Kirby Morgan oficiales salen de nuestra fábrica totalmente aptos para su uso.
Para más información, contacte con su distribuidor autorizado KMDSI o escriba a sales@kirbymorgan.com.
MUNDO ROV 1/2 |
“El ROV te lleva donde el ser humano no puede llegar. Ahí empieza el verdadero trabajo”

Hay trayectorias que no se planean desde el inicio. Se descubren en el camino, casi por accidente. Para René Méndez Salomón (Los Mochis, México - 1975) el punto de inflexión llegó tras una década trabajando como oficial electrotécnico en el offshore. “En una de las compañías donde trabajé tenían un ROV modelo Super Scorpio. Fue el primero que conocí y desde entonces me llamó muchísimo la atención”, recuerda. Aquella curiosidad terminó convirtiéndose en una decisión profesional.
No venía del buceo ni de la industria submarina. Su base era técnica, ligada a la ingeniería electromecánica y al trabajo como Oficial Electrotécnico (ETO). Pero el contacto directo con la tecnología fue suficiente para despertar algo más profundo. “Ahí nació la idea de capacitarme y certificarme para trabajar en ese mundo”.

Ese paso llegó en 2013. Viajó a Canarias para formarse en QSTAR, donde cursó el programa de ROV Pilot Technician Grade II. Cuatro semanas que marcaron su entrada definitiva en el sector. “Fue una experiencia excelente. La combinación de teoría, principios de operación y prácticas reales en altamar es algo que no todos los centros ofrecen”, explica. Para él, la diferencia está en la inmersión real en el entorno offshore. “En el mar entiendes los riesgos y las buenas prácticas. Esa parte no se puede explicar en un aula”.
También destaca el papel de los instructores. “La experiencia de quienes enseñan es clave. En QSTAR se nota que se preocupan por mantener un nivel alto y prepararte para los desafíos reales del día a día”.
Desde entonces, su carrera ha estado ligada a operaciones exigentes y entornos de alta complejidad. Su primer trabajo fue en campañas de investigación oceanográfica en el Pacífico mexicano. “Empecé haciendo inspecciones del lecho marino a 2000 metros de profundidad, estudiando fauna y relieve”. Un inicio que pronto evolucionó hacia proyectos industriales de mayor escala.
MUNDO ROV 2/2 |
Trabajó en Estados Unidos en operaciones de oil&gas en el Golfo de México, participando en mantenimiento y reparación de pozos, instalación de risers y conexión de BOPs. Más adelante, formó parte de proyectos de energías renovables en la costa este estadounidense, con tareas de desmantelamiento de estructuras para aerogeneradores. También participó en el tendido de cable de fibra óptica entre territorios, incluyendo trabajos en la zona de Sicilia.
Su trayectoria le ha llevado a colaborar con compañías como INAPESCA, PROSERSUR, ASCM, DOF Subsea, BOSKALIS, AALEA Offshore y FUGRO. En ese recorrido hay operaciones que se quedan grabadas. Recuerda especialmente un proyecto con DOF. “Trabajamos con cuatro ROVs al mismo tiempo, coordinados desde dos barcos de distintas compañías, para el mantenimiento de un BOP y el posicionamiento de la barrena de perforación de un drillship”. La complejidad era alta. Profundidad de 2000 metros y múltiples equipos operando en paralelo. “Fue un gran desafío y lo sacamos adelante sin incidentes”.

Hoy ejerce como supervisor ROV. Un rol que amplía la responsabilidad más allá del pilotaje. “No solo manejas el equipo. Estás a cargo de la seguridad del personal, del estado del ROV y del cumplimiento de los requisitos del cliente”. Cada jornada es distinta. “Es una experiencia única. Cada día aprendes algo nuevo. Lo que más me gusta es resolver los problemas que aparecen en cada inmersión”.
Para Méndez, el perfil técnico es imprescindible. Insiste en la importancia del conocimiento en electricidad, electrónica e hidráulica. “Eso te permite entender los riesgos y mantener el equipo en condiciones óptimas”. Pero no es solo cuestión de formación. “La actitud es clave. Hay que tener interés por seguir aprendiendo constantemente, al mismo ritmo que va avanzando la tecnología”.
Ha sido testigo directo de la evolución del sector. Desde equipos grandes y limitados hasta sistemas actuales mucho más compactos y eficientes. “Hoy los ROV son más confiables, más seguros y reducen los tiempos muertos”. También destaca el avance en operaciones remotas. “Ya hay sistemas que se controlan desde tierra con un mínimo de personal en campo”.
Ese desarrollo ha cambiado la industria submarina. “Los ROV han permitido explorar y explotar pozos en aguas muy profundas sin problema, además de facilitar la conectividad global con cables de fibra óptica”. Su impacto es estructural. Sin ellos, muchas de estas operaciones simplemente no serían posibles.

La seguridad es otro de los pilares. “Nos permiten trabajar en profundidades y condiciones donde el ser humano no puede llegar. Ambientes con altas presiones y temperaturas”. En ese sentido, el ROV no sustituye al buzo, pero redefine los límites de la operación.
Cuando se le pregunta por quienes quieren empezar en este mundo, su respuesta es directa. “Que se preparen lo mejor posible en conocimientos técnicos. Esto no es solo un trabajo, es una forma de vida”. Y añade algo más. “Es una carrera que puedes desarrollar tanto como quieras”.
Después de años de experiencia, sigue viendo el mismo atractivo que al principio. Resolver problemas bajo el agua, enfrentarse a lo desconocido, trabajar en entornos extremos. Todo eso sigue ahí. Y es precisamente lo que lo mantiene.




































