Los Tigres hace un primer plano sobre la vida de los buzos profesionales

Los buzos profesionales llevados a la gran pantalla

Fotos: Julio Vergne/Disney Studios Spain/Movistar/O´kean

Para la mayoría del público, el buceo sigue siendo una actividad asociada al ocio, al turismo o, como mucho, a una imagen romántica del explorador submarino. Máscaras, aletas, botellas y fondos azules siguen marcando el imaginario colectivo.

Sin embargo, muy lejos de esa postal, existe una profesión dura, técnica y peligrosa que opera en la sombra y de la que dependen infraestructuras críticas. El buceo profesional es un oficio invisible que rara vez ha tenido reflejo fiel en la cultura popular y que, cuando ha aparecido en la ficción, lo ha hecho cargado de simplificaciones, errores y una excesiva dosis de posproducción.

Esa invisibilidad histórica es uno de los elementos que convierten a Los Tigres en un proyecto singular dentro del cine español. No porque la película gire exclusivamente en torno al buceo profesional, sino porque, por primera vez, un largometraje de alcance generalista ha decidido representar este trabajo con rigor, respeto y cercanía inéditos, integrándolo como parte orgánica del relato.

En ese contexto, la película dirigida por Alberto Rodríguez supone una ruptura consciente. El director, conocido por su meticulosidad y por el cuidado extremo del contexto en sus obras, se enfrenta aquí a un mundo ajeno para la mayoría de espectadores.

Pero decide hacerlo sin licencias innecesarias, apoyándose desde el primer momento en profesionales reales del sector.

Bárbara Lennie, César Vicente y Skone con equipos de buceo en una escena de la película. VERGNE

Entendiendo el buceo

Protagonizada por Antonio de la Torre y Bárbara Lennie, Los Tigres es un thriller con trasfondo social cuyo rodaje se ha desarrollado en distintas localizaciones de Huelva, Algeciras y Alicante. De forma deliberada, su trama no es el eje central de este reportaje. Lo relevante es cómo la película construye el entorno laboral del buceo profesional sin convertirlo en un simple decorado.

Desde las primeras escenas, el espectador asiste a una rutina reconocible para cualquier buzo comercial. La preparación en cubierta, la colocación del equipo, las comunicaciones, los silencios, los tiempos muertos, la tensión contenida. Nada parece impostado. Nada suena ajeno. Y eso no es casualidad.


“Este ha sido, sin duda, el rodaje más duro de mi carrera. Ponerte el casco ya impresiona mucho. Es un oficio que merece el máximo respeto”, Antonio de la Torre (actor que da vida a El Tigre)

Apenas tenía conocimientos previos sobre el buceo profesional antes de este proyecto. Ni siquiera había hecho el PADI. Lo único que había hecho en mi vida fue una experiencia turística en Australia, en la Gran Barrera de Coral, bajando unos diez metros, todo muy controlado, casi como un acuario. Nada que ver con esto.

La preparación para la película no fue un curso de buceo como tal, pero sí aprendimos lo necesario para rodar con seguridad y con realismo. Vino un equipo especializado desde Malta y nos entrenaron en piscina para manejar el equipo y las situaciones que íbamos a vivir en las escenas. Además, conté con el asesoramiento de Eduardo O´Kean, que fue mi doble bajo el agua.

Trabajamos con el Kirby, ese casco de unos 15 kilos conectado por umbilical a superficie. Solo ponértelo ya impone muchísimo.

Hubo momentos que generaban bastante angustia. Por ejemplo, cuando nos cortaban el suministro de aire y teníamos que activar nosotros la botella de emergencia. Estás dentro de un casco cerrado, sin aire durante unos segundos, y tienes que confiar en que vas a reaccionar bien. Ahí entiendes que esto no es ningún juego.

Pero lo que más me ha impactado del buceo profesional es el entorno en el que trabajan. Estamos acostumbrados a asociar el buceo con documentales, con aguas cristalinas o con ver peces.
Pero esto es todo lo contrario. Son aguas oscuras, turbias, sin visibilidad. Y ahí abajo hay gente soldando y haciendo todo tipo de trabajos. Son obreros bajo el agua. Es un oficio durísimo y peligrosísimo.
Me contaron casos de accidentes que te ponen los pelos de punta. Situaciones donde la presión es tal que puede ocurrir algo impensable.

Y lo que más me impresiona es cómo son capaces de mantener la calma en un entorno completamente ajeno al ser humano. A mí me costó, y estaba en condiciones controladas y rodeado de profesionales.
Este ha sido, sin duda, el rodaje más duro de mi carrera. Pero también me ha servido para entender mejor el oficio y respetarlo muchísimo más. Yo soy de Málaga y tengo relación con el mar, pero esto es otra dimensión completamente distinta.

Además, he podido conocer un poco la realidad del sector. Es un colectivo pequeño, con condiciones muy duras y reivindicaciones aún pendientes. Me hablaron también del buceo en saturación y me decían lo duro que era también mentalmente.

Creo que es importante visibilizar profesiones así. Si esta película sirve para que se conozca mejor lo que hacen estos trabajadores y las condiciones en las que lo hacen, bienvenido sea. Porque es un oficio extremo y merece todo el respeto.


Un buzo en el equipo

Una de las piezas clave de ese realismo fue Eduardo O’Kean, buzo profesional, que pese a su juventud, cuenta con una amplia trayectoria en trabajos subacuáticos industriales y que conoce de primera mano la monoboya de Huelva, uno de los puntos centrales de la película.

Su implicación en Los Tigres comenzó mucho antes de que se rodara la primera escena. O’Kean empezó a aportar vídeos de sus propios trabajos y operaciones, material de referencia y experiencia directa durante la fase de preproducción. Su papel fue creciendo hasta convertirse en asesor en aspectos de buceo, instructor de los actores y buzo para la mayoría de las escenas subacuáticas.

Antonio de la Torre y Eduardo O´kean

Durante cerca de cinco meses, compaginó su trabajo habitual con la dedicación al rodaje, en periodos de quince días, acompañando al equipo en distintas localizaciones como Huelva, Algeciras o Alicante. No se limitó a corregir detalles. Participó activamente en la construcción de la historia, ayudando a que las acciones, gestos y decisiones de los personajes tuvieran sentido desde el punto de vista profesional.

Uno de sus mayores empeños fue evitar los errores clásicos del cine cuando se habla de buceo. El lenguaje es un claro ejemplo de ello. “Escuchar la palabra bombona en una película, en lugar de botella, te chirría como profesional”, comenta.

En Los Tigres, la jerga es real, tanto la que se utiliza en cubierta y bajo el agua. También la forma de equiparse, la manera de moverse en el barco, de interactuar con el stand-by o las comunicaciones se ajustan al día a día de una jornada de buceo.

Su relación con los actores fue especialmente estrecha. Antonio de la Torre, en particular, se apoyó mucho en él. Pasaron semanas trabajando juntos, entrenando movimientos, interiorizando rutinas y entendiendo la lógica del buceo profesional. Muchas de las acciones subacuáticas que aparecen en pantalla, salvo planos muy concretos, están realizadas por el propio O’Kean.

Para O’Kean, el valor del proyecto va más allá del cine. Durante las conversaciones con familiares y amigos, se dio cuenta de hasta qué punto el buceo profesional sigue siendo desconocido. “La gente piensa que te tiras al agua con una botella y ya está. Cuando ven lo que realmente implica, se quedan impactados”. Incluso su propia madre, tras ver fragmentos del rodaje, confesó no haber sido consciente de la dureza real del oficio de su hijo.

Marine Vision y el equipamiento

Si Eduardo O’Kean aportó el conocimiento operativo del buzo, el otro gran pilar del realismo técnico fue Marine Vision, con Pedro Argüello y Robert Börjesson como coordinadores.

La participación de Marine Vision en Los Tigres tuvo dos vertientes claramente diferenciadas, pero inseparables. Por un lado, el suministro de equipamiento de buceo comercial real, desde paneles de control de gases (en algunas secuencias puede verse el MV-DCP2AS, de fabricación propia), umbilicales, sistemas de comunicación, cámaras subacuáticas, focos y otros componentes utilizados habitualmente en operaciones industriales.

Panel de gases MV-DCP2AS fabricado de Marine Vision

Por otro, y con la misma o mayor importancia, el mantenimiento y certificación de todo ese material que se ha usado durante el rodaje, exactamente igual que si se tratara de una empresa de buceo comercial en activo.
Marine Vision es desde hace muchos años servicio técnico oficial certificado de Kirby Morgan, y Argüello fue tajante desde el principio. No habría atajos por tratarse de una película.

Cada casco, cada panel y cada sistema utilizado en el rodaje pasó por revisiones oficiales, registros de mantenimiento, controles de presión y certificaciones idénticas a las exigidas en el trabajo real. “Para nosotros no fue una colaboración, fue un trabajo”, explica Argüello.

Lo mismo ocurrió con los sistemas de comunicaciones. Se utilizaron equipos de audio de alta calidad, como los incorporados en operaciones de buceo.

El objetivo era grabar las voces de una forma realista y con la resolución suficiente para minimizar la edición en posproducción.

Algunos elementos tuvieron que adaptarse por exigencias narrativas, como la instalación de anillos LED en el interior de los cascos para iluminar los rostros de los actores en las escenas bajo el agua. Pero incluso esas modificaciones se realizaron de forma técnica, segura y reversible, respetando la integridad del equipo.
Argüello, Börjesson y su equipo estuvieron implicados durante meses, no solo en la parte técnica, sino también como interlocutores constantes con la producción, resolviendo problemas, adaptando soluciones y manteniendo el equilibrio entre cine y realidad. “Había estrés, claro, pero era otro tipo de presión. Nosotros estábamos en nuestro medio”, recuerda Argüello.

El realismo de Los Tigres se completa con el trabajo del cámara subacuático Eric Börjesson (hermano de Robert Börjesson), especialista en tomas bajo el agua y con experiencia en grandes producciones internacionales. Börjesson y su equipo se integraron en el dispositivo como un elemento más de la operación, coordinándose con los buzos profesionales y respetando protocolos y tiempos.

Engranaje subacuático

El tercer pilar del proyecto fue la coordinación integral del rodaje subacuático, una tarea que exigió una estructura humana y logística muy superior a la habitual en una producción cinematográfica.

Para ello, la película contó con la empresa maltesa Divemed, especializada en rodajes subacuáticos de gran complejidad, con Abigail Borg como supervisora. Su incorporación marcó un punto de inflexión en la planificación de las escenas bajo el agua, ya que ha participado en grandes proyectos por todo el mundo, incluido Hollywood.

Borg y su equipo asumieron la coordinación total de las operaciones subacuáticas, desde la seguridad de intérpretes y técnicos hasta la gestión de equipos, tiempos de inmersión y protocolos de emergencia, en una película donde cerca de una quinta parte de la acción transcurre bajo el agua.

Desde el inicio se estableció que todo el personal que trabajara bajo el agua debía ser buceador. Esto transformó el set subacuático en un entorno regido por procedimientos propios del buceo profesional, no del cine.


Detrás de las cámaras: un making-of desde el buceo

Además de su implicación técnica a través de Marine Vision, Pedro Argüello participó en Los Tigres desde otra vertiente complementaria. Su productora, A&N Servicios Multimedia, se encargó de realizar buena parte de las tomas subacuáticas para el making-of de la película, principalmente en la Bahía de Algeciras.

Un trabajo que no se planteó como un simple documento promocional, sino como un registro fiel del proceso subacuático y humano que rodeó al rodaje. Argüello y su equipo, en el que estaba Manolo Crespo, un buzo con una amplia experiencia en grabaciones por los siete mares, asumieron el reto como un proyecto profesional en sí mismo, integrándose en la dinámica de la producción sin alterar los flujos de trabajo ni las condiciones de seguridad.

Muchas de las imágenes se captaron en paralelo a las propias escenas de la película, grabando y documentando cómo se desarrollaban las operaciones bajo el agua, la interacción entre equipos y la convivencia diaria entre buzos y el personal.

La suma de conocimientos de buceo y técnicas de rodaje marcaron la diferencia. El resultado es un making-of que refleja no solo el rodaje, sino la realidad del buceo profesional trasladada al cine.

Este material audiovisual puede verse a través de la plataforma Movistar.

Una ventana a una profesión extrema

Tanto Antonio de la Torre como Bárbara Lennie han destacado públicamente el impacto que supuso acercarse a esta profesión. Entrenar con equipos reales, asumir el peso del casco, comprender la dependencia absoluta de la superficie y experimentar la presión transformó su aproximación a los personajes.

Alberto Rodríguez, por su parte, ha insistido en el desconocimiento social que rodea a este oficio. “Dependemos de ellos más de lo que creemos. Trabajan en sectores estratégicos”. Esa conciencia está presente a lo largo de toda la película.

Los Tigres no idealiza el buceo profesional ni lo convierte en espectáculo. Lo muestra como lo que es. Un trabajo duro, técnico y peligroso, con rutinas precisas y un desgaste acumulado que rara vez se ve desde fuera.
Por primera vez, una película representa el buceo comercial de forma reconocible. Sin disfraces y sin tópicos.
Más allá de su valor cinematográfico, Los Tigres cumple la función añadida de dar visibilidad a un oficio real, con personas de verdad. Por primera vez, muchos profesionales se ven reconocidos en la pantalla.

En un momento en el que el sector debate cuestiones como la jubilación anticipada, la seguridad o el reconocimiento laboral, proyectos como este ayudan a sacar la profesión de la sombra y a explicar al público general qué implica realmente trabajar bajo el agua.

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