Los buzos más veteranos alzan la voz y exponen sus duras condiciones de trabajo
Los buzos más veteranos alzan la voz y exponen sus duras condiciones de trabajo
Para tomar el pulso real a la profesión, la revista SubaQuatica Magazine ha realizado una encuesta a más de 75 buzos veteranos en activo o recientemente retirados.
Profesionales con décadas de experiencia en obras hidráulicas, offshore, trabajos portuarios o intervenciones en entornos complejos. El resultado dibuja un notable consenso en un sector tan diverso.
La primera de las conclusiones es que la gran mayoría considera inadecuado que un buzo profesional continúe realizando inmersiones operativas a partir de los 60 años. Las respuestas oscilan, pero el punto de corte más repetido se sitúa entre los 55 y los 60 años, con una fuerte tendencia hacia el límite inferior.
“Bucear con 63 años no es seguro. El medio en el que trabajamos no se para a preguntarte la edad”
Tengo 50 años y llevo cerca de tres décadas trabajando como buzo profesional. Desde mi experiencia, ver a un compañero de 63 años realizando trabajos bajo el agua no tiene sentido.No es seguro. Es una cuestión de lógica. El cuerpo no responde igual y el medio en el que trabajamos ni pregunta la edad ni perdona. Con el paso de los años he notado claramente el desgaste, tanto físico como mental. Antes podía encadenar inmersiones sin problema o bajar a más de 30 metros con normalidad. Llegabas a la siguiente inmersión totalmente recuperado. Ahora cada inmersión supone dolor y estrés. Lo notas en todo. En cómo te recuperas, cómo afrontas el trabajo y en la carga que llevas encima. Creo que las revisiones médicas deberían ser más frecuentes y, sobre todo, realizadas por especialistas en medicina subacuática. Muchas veces no reflejan el estado real en el que estamos. Para mí, un buzo debería dejar de bajar al agua como máximo a los 55 años. Después de tantos años trabajando en un entorno hostil y haciendo trabajos duros, deberíamos poder jubilarnos. Son secuelas que ya están ahí y que, con el tiempo, irán a más. Porque el desgaste no desaparece cuando sales del agua. Mi salud en la etapa de jubilación se va a ver comprometida. |
Valoraciones sin filtros
Las valoraciones no dejan lugar a dudas. “Tremendamente arriesgado”, “inadmisible”, “un despropósito legal” o “una aberración” son algunas de las expresiones utilizadas para describir la situación actual.
Más allá de la edad, los buzos coinciden en que el paso de los años no solo implica una pérdida de capacidades físicas, sino un aumento del desgaste acumulado. El cansancio aparece antes, la recuperación es más lenta y el estrés de las operaciones se intensifica.
Uno de los encuestados lo resume de forma directa. “El cuerpo se resiente ante jornadas largas, turnos nocturnos y trabajos pesados que hace años se afrontaban de otra manera”. Otro apunta a un factor menos visible pero igual de relevante. La concentración. Con la edad, cualquier distracción puede tener consecuencias mayores.
Una amplia mayoría de los consultados considera que 55 años es una edad justa para colgar el casco de buceo
En paralelo, se observa un cambio en la percepción del riesgo. Lejos de reducirse, el respeto hacia el trabajo aumenta con los años. No se trata de miedo, sino de una mayor conciencia de las limitaciones propias y del entorno. Esa experiencia actúa como mecanismo de autoprotección, pero no elimina el riesgo físico.
La cuestión médica también aparece de forma recurrente. Muchos buzos consideran que los reconocimientos actuales no son suficientes o no están adaptados a la realidad del sector. Es por eso que demandan una mayor profundidad en las pruebas, especialmente a partir de los 50 años, con controles más específicos sobre el estado cardiovascular, osteoarticular y neurológico.
Sin embargo, hay un matiz importante. Algunos profesionales sostienen que endurecer los reconocimientos no resolverá el problema de fondo. Si no se reconoce el desgaste acumulado ni se facilita la jubilación anticipada, los propios trabajadores pueden verse empujados a forzar su aptitud médica para seguir en activo.
Otro punto de consenso es el papel de los buzos veteranos dentro de los equipos. La mayoría defiende que su experiencia debería aprovecharse en funciones de supervisión, jefatura de equipo o prevención. Sin embargo, la realidad del sector limita estas opciones. Las estructuras son reducidas y no hay puestos suficientes para absorber a todos los profesionales que abandonan el agua.
Las secuelas físicas completan el diagnóstico. Dolencias articulares, problemas de columna, pérdida de audición o lesiones derivadas del esfuerzo repetitivo aparecen de forma constante en las respuestas. En muchos casos, estas patologías no están reconocidas como enfermedades profesionales, lo que añade una capa más de complejidad a la situación.
“Un coeficiente más alto no es un privilegio, sino una adaptación de la profesión a los límites del cuerpo”
José Antonio Moreno – Buzo y docente en el IPFP Marítimo Tras más de tres décadas como buzo profesional y más de 25 años dedicado también a la formación, tengo claro que esta es una profesión que deja huella. No solo por la experiencia acumulada, sino por el desgaste físico y mental que implica trabajar durante años en un entorno tan exigente como el subacuático. Desde mi experiencia, un buzo de 60 años no debería seguir realizando inmersiones operativas. No es una cuestión de actitud, sino de biología. El organismo no responde igual y la medicina hiperbárica lo respalda: a partir de cierta edad, especialmente tras más de dos décadas de exposición a presión y condiciones extremas, los riesgos aumentan de forma significativa. Por ello, considero que la edad razonable para dejar el trabajo activo bajo el agua debería situarse en torno a los 55 años. A partir de ahí, y según el estado físico de cada profesional, podría prolongarse la actividad algunos años más, pero nunca más allá de los 60 en tareas de inmersión. Esto no implica apartar a los buzos veteranos. Al contrario, su experiencia es fundamental y debería aprovecharse en superficie, en funciones como supervisión, jefatura de equipo o formación. Ese conocimiento acumulado resulta clave para mejorar la seguridad y evitar errores en las nuevas generaciones. Uno de los principales problemas es el desconocimiento real de la profesión por parte de quienes toman decisiones. Existe una visión idealizada del trabajo subacuático que no refleja su dureza. Cada intervención conlleva riesgos, y el desgaste se incrementa de forma notable con los años, aunque no siempre sea visible desde fuera. Por ello, el sector debe actuar de forma conjunta. Buzos, empresas, médicos y centros de formación deben trasladar una visión común que permita avanzar hacia un coeficiente reductor justo. No se trata de un privilegio, sino de adaptar la profesión a los límites del cuerpo humano. Aunque la motivación se mantiene, el paso del tiempo introduce limitaciones que aumentan el riesgo propio y del equipo. Garantizar una jubilación anticipada digna es, por tanto, una necesidad para proteger la salud y la seguridad de quienes han dedicado su vida a trabajar bajo el agua. |
En esta línea, uno de los buzos que han expresado libremente su opinión, apunta al desgaste físico prematuro que sufren los profesionales subacuáticos. “Padezco dolencias que no debería tener a mi edad”, asegura este buzo de 45 años y más de dos décadas bajo el agua. “El desgaste lo estoy notando desde hace años. El cansancio ahora es el doble o más que hace quince años. No es solo una sensación, es algo físico, real. Lo que antes era asumible, ahora cuesta mucho más. Ya arrastro dolencias que no corresponden a mi edad. Artrosis, problemas cervicales, lesiones en articulaciones y tendones. Todo derivado del trabajo”, argumenta.
Y es que la jubilación no es una preocupación exclusiva de quienes afrontan sus últimos años en la industria. “El problema es estructural. Es el tiempo que pasamos trabajando bajo el agua y el tipo de trabajo que hacemos. Para mí, el límite debería estar en los 55 años como máximo, y también debería tenerse en cuenta el tiempo acumulado. No más de 30 años buceando”, asegura, sabedor de que dentro de poco se verá en esa situación.
En conjunto, la consulta refleja un mensaje claro. No se trata de si un buzo puede seguir trabajando a determinada edad. Se trata de si debería hacerlo.
“Muchos compañeros cotizamos bastantes años fuera del régimen del mar y eso ahora nos penaliza”
Una profesión físicamente exigente debería tener una consideración especial y contar con mecanismos de protección como los coeficientes reductores. En el caso del buceo profesional, esta necesidad es aún mayor. Se desarrolla en un medio hostil y cualquier incidente, por leve que sea, puede tener consecuencias fatales. Por eso, prolongar la actividad más allá de cierta edad no es solo una cuestión laboral, sino de seguridad. Tras 30 años como buzo profesional y más de 42 años cotizados, comparto una situación común entre muchos compañeros. Hemos cotizado fuera del régimen del mar debido a vacíos legales, especialmente en Andalucía. Esto complica el acceso a una jubilación anticipada. Por ello, defiendo que el buceo profesional sea reconocido dentro del marco del Real Decreto 402/2025 como actividad de alto riesgo, permitiendo aplicar coeficientes reductores independientemente del régimen de cotización. También existe un claro desconocimiento institucional sobre la profesión. Se trata de un sector pequeño y poco visible, lo que dificulta que sus necesidades sean prioritarias. A ello se suma que muchos profesionales médicos no están preparados para evaluar adecuadamente el estado físico de un buzo ni los riesgos específicos asociados a su trabajo. En este contexto, los buzos veteranos deberían poder desempeñar funciones en superficie, como apoyo técnico, planificación o dirección de operaciones, aportando su experiencia sin comprometer su salud. Por todo ello, reconocer el buceo profesional como actividad de alto riesgo y garantizar una jubilación anticipada no es una reivindicación exagerada, sino una necesidad para proteger la salud y la vida de quienes hemos dedicado décadas a esta profesión tan importante para la sociedad. |
Entre la experiencia y el límite
El buceo profesional es una profesión con un marcado carácter vocacional. Muchos de los trabajadores que hoy superan los 50 años llevan toda la vida bajo el agua. Han trabajado en distintos países, en campañas largas y en condiciones extremas. Han visto evolucionar los equipos, los protocolos y el propio sector.
Esa experiencia es un valor incuestionable. Pero también tiene un coste. El caso de Jaén no es un episodio aislado, sino un recordatorio. Un punto de inflexión que vuelve a poner sobre la mesa que existe un evidente desgaste en quienes llevan años buceando. La exigencia es constante. Y el margen de error es mínimo.
El caso de Jaén no es un episodio aislado. Es un recordatorio de una realidad que el sector conoce bien
La falta de una regulación específica sobre la edad operativa y la jubilación anticipada sitúa a muchos profesionales en una zona de incertidumbre. Entre la capacidad técnica y la limitación física; entre la vocación y la seguridad.
El debate, en el fondo, no gira en torno a la edad. Gira en torno al reconocimiento de que el buceo profesional no es una actividad que pueda prolongarse indefinidamente y que el cuerpo tiene unos límites que hay que respetar.
El sector lo tiene claro desde hace años. Ahora, una vez más, la pregunta vuelve a estar en el aire. ¿Hasta cuándo?

Los buzos más veteranos alzan la voz y exponen sus duras condiciones de trabajo

