“Necesitamos una legislación especifica para el buceo en Perú”

Con más de tres décadas de trayectoria vinculada a las operaciones subacuáticas, Juan Carlos Baldera Velásquez (Lima, Perú, 1976) representa a una generación de buzos forjada entre la disciplina militar y la exigencia del buceo comercial más técnico.

Formado inicialmente en la Marina de Guerra del Perú, ingresó en 1993 en el prestigioso CITEN (Centro de Instrucción Técnica y Entrenamiento Naval), donde se graduó como Oficial de Mar en la especialidad de Ingeniería Naval. Fue en 1996, dentro de la Escuela de Buceo de la propia Marina, donde obtuvo su primera calificación como buzo naval, especializado en Salvamento y Control de Averías, iniciando así una carrera marcada por la profundidad, el riesgo y la exigencia operativa.

Desde entonces ha participado en numerosas operaciones de recuperación, salvataje y mantenimiento de estructuras críticas tanto en Perú como en el extranjero. Durante su paso por compañías como Lufesa Divers, Diving del Perú S.A.C., PSA Marine o SEAMAR, acumuló experiencia en reflotamientos, reparación de plataformas offshore, instalaciones submarinas y mantenimiento de terminales y líneas de crudo.

Entre sus hitos personales destaca una inmersión operacional con aire a 210 pies (aproximadamente 64 metros) en la frontera norte del país, durante una misión de recuperación para la Armada, considerada una de las más profundas realizadas con esta mezcla respirable. Hoy día, continúa vinculado al sector, alternando labores operativas y de supervisión, especialmente en la zona del Callao.

P. ¿Cómo ha evolucionado el buceo comercial en Perú en los últimos 25 años?

R. La evolución del buceo comercial en Perú desde el inicio de siglo ha sido lenta. La mayor parte de las operaciones, exceptuando el buceo offshore, se realizaban mediante hookah, una técnica muy arraigada en el país. Se ha utilizado en salvamentos, espacios confinados y prácticamente en cualquier tipo de operación subacuática.

Por desconocimiento de configuraciones aprobadas o certificadas, ese sistema se ha llegado a utilizar incluso en operaciones de buceo comercial a profundidades cercanas a los 60 metros.

Hoy se observa un cambio de mentalidad. Los nuevos emprendedores del sector tienen una visión más técnica, con mayor voluntad de innovar y equiparse adecuadamente. El hookah está siendo progresivamente sustituido por cascos y máscaras con suministro desde superficie, que es hacia donde debería avanzar el buceo comercial no solo en Perú, sino en todo el mundo.

Juan Carlos Baldera durante una operación de buceo comercial offshore en Perú
Juan Carlos Baldera durante una operación de buceo comercial offshore en Perú

La falta de formación y las configuraciones inseguras

P. ¿Cómo se desarrollaban las operaciones entonces y cómo han mejorado en la actualidad?

R. La falta de capacitación en el sector es una pesada carga que arrastramos desde hace aproximadamente 30 años, que es el tiempo que yo he podido experimentar directamente en campo.

Ni siquiera una técnica obsoleta y peligrosa como el hookah se utilizaba bajo configuraciones aprobadas. El manual NOAA establece, por ejemplo, límites muy claros: profundidad máxima de 20 metros aproximadamente, longitud limitada de manguera, botella de emergencia, manómetro sumergible, arnés adecuado y bloque de válvulas con antirretorno. Hasta el día de hoy nunca encontré en una empresa peruana una válvula antirretorno antes del regulador de segunda etapa en una manguera hookah.

Aun así, actualmente algunas empresas sí han mejorado considerablemente sus medios y ya cuentan con equipos completos de cascos y máscaras Kirby Morgan, que son los sistemas más aceptados por el gremio en Perú.

P. ¿Qué papel jugaron las compañías extranjeras en la planificación y ejecución de trabajos subacuáticos?

R. El aporte técnico y operacional de compañías extranjeras fue muy importante, especialmente en la región norte de Talara. Empresas como SEATEC INTERNATIONAL introdujeron nuevas técnicas y equipos en una época en la que todavía se realizaban ciertos trabajos offshore con equipos autónomos SCUBA.

Los buzos extranjeros trajeron nuevas prácticas y técnicas operacionales que aquí no existían o eran desconocidas. Gracias a esa intervención comenzó la era de los cascos de buceo y de los sistemas con suministro desde superficie.

Desde entonces, el norte de Perú se convirtió en una de las zonas donde el uso de equipos dependientes de superficie pasó a ser estándar incluso para operaciones sencillas. También introdujeron sistemas LARS y el uso de mezclas respiratorias como TRIMIX para trabajos a mayor profundidad.

“Hasta que no tengamos una legislación específica que regule el buceo comercial, nuestra seguridad seguirá quedando a voluntad de cada compañía”

La seguridad depende demasiado de lo que exija el cliente

P. ¿Qué nivel de autonomía tienen las compañías peruanas para desarrollar operaciones seguras y eficientes?

R. Creo que las compañías peruanas tienen capacidad para desempeñar operaciones subacuáticas con altos estándares. Sin embargo, existe una situación ambigua, porque muchas veces es el propio cliente quien determina el nivel de seguridad que se aplicará en la operación.

Si el cliente desconoce el sector o no exige determinadas medidas, el nivel de seguridad disminuye considerablemente.

A eso se suma la falta de regulación específica y una autoridad nacional insuficiente en materia de fiscalización y control. No contamos con una norma nacional con verdadero carácter técnico y operacional que permita elevar el nivel de seguridad del buceo comercial en Perú.

P. ¿Cuáles son las principales operaciones subacuáticas en Perú?

R. Existe una gran variedad de operaciones según la zona del país. En el norte, especialmente en Talara, se concentra gran parte del buceo offshore vinculado a la explotación de petróleo y gas. En Tumbes también existe actividad, aunque en menor intensidad.

En la zona del Callao y el resto del litoral predominan los trabajos de atención a buques, mantenimiento de amarraderos, limpieza de cascos y operaciones relacionadas con terminales de hidrocarburos. Los reflotamientos se realizan de manera más ocasional.

Finalmente, existe una actividad especialmente delicada, como es el buceo artesanal o bentónico dedicado a la extracción de recursos, donde todavía persisten importantes riesgos operacionales y de seguridad.

 

La seguridad sigue dependiendo demasiado de cada compañía

P. ¿Cuál es la percepción sobre la seguridad en las operaciones de buceo comercial en Perú?

R. Aún nos encontramos en un proceso de consolidación. Mientras no exista una norma específica con verdadero carácter técnico y operacional, la seguridad seguirá siendo desmerecida o minimizada por algunos sectores.

La Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo 29783, promulgada en 2011 y originalmente orientada al ámbito de la Armada, ha sido adoptada parcialmente por el gremio y, al menos, supuso un cambio de actitud respecto a la prevención.

Es duro decirlo, pero históricamente la seguridad en el buceo comercial peruano ha estado ligada a la reacción tras un accidente grave o fatal. Con frecuencia se ha actuado bajo la filosofía de esperar a que ocurra una tragedia para introducir mejoras.

Desde mi punto de vista, hasta que no exista una legislación específica que contemple realmente el carácter técnico y operacional del buceo comercial, la seguridad seguirá siendo únicamente una premisa que algunas compañías adopten voluntariamente.

Recientemente se ha constituido una asociación de buzos comerciales con intención de impulsar mejoras dentro del gremio, aunque todavía se encuentra en fase de formalización.

“La seguridad seguirá dependiendo de cada compañía mientras no exista una regulación técnica real, es mi opinión y la de otros muchos buzos de Perú

P. ¿Qué normativa regula actualmente el buceo profesional en Perú? ¿Existe una legislación clara y actualizada?

R. Lamentablemente no contamos con una norma nacional específica ni alineada con los estándares internacionales.

Existe el Decreto Legislativo N.º 1147, relacionado con las competencias de la Autoridad Marítima Nacional y la Dirección General de Capitanías y Guardacostas, que regula de manera general la actividad acuática. Sin embargo, únicamente dedica alrededor de quince artículos al buceo comercial dentro de su Título V.

Se trata de una norma genérica que prácticamente no aborda aspectos técnicos ni de seguridad. Básicamente reconoce categorías de actividad, límites de actuación y algunos requisitos administrativos.

Es imposible regular adecuadamente parámetros técnicos y operacionales complejos en tan pocos artículos. Aspectos fundamentales como características de los equipos, configuraciones de seguridad, procedimientos operacionales o estándares mínimos quedan completamente fuera.

Por esa razón, el gremio suele apoyarse principalmente en los estándares de Association of Diving Contractors International y, en menor medida, en referencias de International Marine Contractors Association.

 

La evolución de la figura del supervisor

P. ¿Cómo ha cambiado el reconocimiento del supervisor respecto a décadas anteriores?

R. La figura del supervisor cumple un papel fundamental en cualquier operación de buceo. Tanto las compañías como el propio gremio reconocen su importancia. El problema es que todavía no existe un proceso realmente competente de evaluación y selección para designar supervisores.

La falta de capacitación y de formación especializada provoca que muchas operaciones se desarrollen con omisiones importantes en los procedimientos.

Recuerdo que hace décadas la figura del supervisor recaía habitualmente en personal que había cursado estudios técnicos de enfermería dentro de las escuelas de la Marina y que posteriormente realizaba el curso de buceo y salvamento. En aquel momento se consideraba que eran los más adecuados porque comprendían mejor aspectos relacionados con la fisiología y las enfermedades del buceo, aunque realmente no existía una formación específica en supervisión.

Hoy entendemos que la supervisión va mucho más allá de controlar un programa de descompresión. Un supervisor debe tener conocimientos amplios sobre emergencias de buceo, límites operacionales, análisis de riesgos, seguridad operacional y procedimientos actualizados.

Además de la experiencia de campo, debería existir una formación formal y especializada. Lamentablemente, eso todavía no se exige en Perú debido a la falta de una normativa clara y alineada con estándares internacionales.

Contar con supervisores sometidos a procesos serios de capacitación y selección incrementaría considerablemente los niveles de seguridad en el buceo comercial peruano.

Juan Carlos Baldera en labores de buceo comercial con suministro desde superficie
Juan Carlos Baldera en labores de buceo comercial con suministro desde superficie

P. ¿Existen hoy más supervisores y las compañías exigen esta figura?

R. Sí, actualmente existen supervisores dentro de la mayoría de las compañías de buceo. Muchos de ellos son profesionales consagrados por años de experiencia en el sector, los llamados supervisores empíricos.

En la mayoría de los casos son designados por su trayectoria y experiencia de campo, no necesariamente porque hayan recibido una capacitación técnica formal o especializada en un centro de formación competente.

Aun así, hoy ya se entiende dentro del sector que la presencia de un supervisor de buceo es una figura necesaria en prácticamente cualquier operación profesional.

 

Mejora del equipamiento y necesidad de regulación

P. ¿Cómo ha evolucionado el nivel de equipamiento en el buceo comercial peruano?

R. En los últimos años he podido apreciar un interés serio por mejorar el equipamiento dentro del buceo comercial peruano. Y no solo por parte de las compañías más consolidadas o con mayor capacidad económica, sino también de empresas jóvenes que han apostado por modernizar sus operaciones mediante la adquisición de equipos más actualizados y seguros.

Sin embargo, todavía existen compañías que continúan realizando prácticas propias de otra época, como reutilizar mangueras fuera de servicio o desarrollar operaciones profundas trabajando únicamente con un compresor, por citar algunos ejemplos.

En ese sentido, hace mucha falta una verdadera normativa nacional que establezca estándares mínimos de equipamiento y límites operacionales acordes a los criterios de seguridad que actualmente rigen el buceo comercial a nivel internacional.

P. ¿Crees que se ha avanzado en el uso e implantación de los ROV dentro de la industria?

R. Claramente sí. El empleo de vehículos operados remotamente representa un avance muy importante para el sector. Su desarrollo ha sido especialmente notable en el norte del Perú, principalmente en tareas de búsqueda y localización de objetos de interés a grandes profundidades.

Los ROV se han convertido en un complemento fundamental para las operaciones de buceo profundo, ya que permiten realizar inspecciones preliminares antes de enviar a los buzos al agua. Además, también participan en trabajos de calibración y determinadas maniobras submarinas.

El uso de estos sistemas optimiza notablemente las operaciones de buceo y mejora la seguridad general de los trabajos subacuáticos.

Desde mi experiencia, el modelo más utilizado en Perú es el Saab Seaeye Falcon, seguido del Cougar.

 

Una tecnología todavía en desarrollo

P. ¿Son las compañías peruanas autosuficientes en el mantenimiento y operación de ROV?

R. En términos generales, el uso de estos equipos todavía se encuentra en una etapa relativamente incipiente. Aun así, hay que destacar el trabajo que desde hace tiempo vienen desarrollando pilotos y técnicos ROV en la zona de Talara.

Solo unas pocas compañías de buceo cuentan hoy con equipos propios y, de las que conozco, únicamente una realiza de manera integral tanto el mantenimiento como la operación con personal capacitado específicamente para ello.

P. ¿Existe una oferta educativa suficiente y de calidad sobre buceo comercial en Perú?

R. En este aspecto estamos mejorando. Durante mucho tiempo, los únicos profesionales que recibían una preparación sólida eran los buzos formados dentro de la Marina de Guerra del Perú, gracias a la histórica Escuela de Buceo y Salvamento, que cuenta con más de 80 años de existencia.

De esa escuela ha salido gran parte de los buzos profesionales peruanos. Paralelamente, también existe un importante número de buzos civiles procedentes del ámbito artesanal o acuícola que posteriormente migraron hacia el buceo comercial.

En la actualidad, ya existen algunos centros de formación privados dedicados al buceo comercial, aunque todavía se encuentran en proceso de desarrollo y certificación. Una formación competente exige infraestructura adecuada, equipos modernos y personal docente verdaderamente capacitado.

Es muy importante que los futuros buzos pasen por procesos de formación formal. Muchos buzos civiles artesanales nunca tuvieron acceso a una capacitación básica en seguridad, a pesar de desempeñar una actividad de alto riesgo como el buceo comercial.

 

La teoría y la práctica siempre deben ir de la mano

P. ¿Qué retos afrontan los jóvenes que quieren dedicarse al buceo comercial en Perú?

R. Un buzo comercial debe mantenerse en buenas condiciones físicas y preocuparse constantemente por su formación. Tiene que comprender realmente lo que implica trabajar bajo el agua, en un entorno hostil y lleno de factores de riesgo.

Es fundamental dominar conceptos básicos y avanzados de física del buceo, fisiología y teoría de la descompresión, además de adquirir experiencia práctica en campo. En el buceo, teoría y práctica siempre deben avanzar juntas.

El mundo del buceo es muy amplio y complejo. Un profesional debe estar siempre predispuesto al aprendizaje continuo. Como decía Isaac Newton, “el conocimiento es como el océano y lo que sabemos es apenas una gota”. Siempre existe algo nuevo por aprender.

P. Desde tu experiencia, cómo valoras a los buzos comerciales y supervisores peruanos? ¿Qué aptitudes destacarías de ellos?

R. Los buzos comerciales peruanos son, en su gran mayoría, personas muy proactivas, con mucho ímpetu y actitud. La mayoría de compañeros con los que he trabajado ama realmente esta profesión y siente verdadera pasión por lo que hace.

Técnicamente, el buzo peruano suele ser muy hábil en el trabajo práctico. Sin embargo, existe también un aspecto negativo: se lee poco y se dedica poca atención a la actualización teórica. En ocasiones, la formación y el estudio quedan relegados a un segundo plano.

Si el gremio otorgara a la capacitación la importancia que realmente merece, tendríamos mejores buzos y también mejores supervisores.

 

La implantación de los estándares internacionales

P. ¿Qué nivel de implantación y aceptación tienen los estándares ADCI e IMCA en Perú?

R. Solo algunas empresas del sector adoptan o intentan adoptar estos estándares, principalmente porque no existe una reglamentación nacional sólida sobre la actividad. Respecto a los estándares de International Marine Contractors Association, en Perú todavía estamos bastante lejos de su implantación real.

Recuerdo que alrededor del año 2015, durante mi etapa en una compañía que prestaba servicios offshore, promovimos dentro de un comité de seguridad y salud la necesidad de limitar el buceo con aire a 190 pies aproximadamente y no a 220 pies, como se realizaba anteriormente.

Después de cierta resistencia inicial, la propuesta fue aceptada y desde entonces esa compañía continúa respetando ese límite operacional.

El problema es que el respaldo legal en materia de seguridad sigue siendo muy débil debido a una normativa precaria y llena de vacíos técnicos.

P. ¿Las compañías que operan bajo estándares internacionales lo hacen por exigencia de los clientes o por convicción propia?

R. Desde mi punto de vista todavía existen carencias, pero también debo reconocer que en muchas compañías sí existe una verdadera voluntad de mejorar tanto la seguridad como la calidad del servicio.

Cada vez hay más conciencia sobre la necesidad de profesionalizar las operaciones y adaptarse a estándares internacionales.

Accidentes y falta de control estatal

P. ¿Cuál es la situación actual respecto a los accidentes de buceo comercial en Perú?

R. Debido al riesgo inherente de nuestra actividad, la posibilidad de accidentes y enfermedades de buceo siempre está presente.

El gran problema es que, debido a la precariedad de la legislación actual, los accidentes de buceo prácticamente no son supervisados ni controlados por el sector Salud ni por el sector Trabajo. En la práctica, las propias empresas gestionan internamente este tipo de incidentes sin una fiscalización real por parte del Estado.

En los últimos años sí he observado una reducción importante del uso de equipos autónomos SCUBA en operaciones comerciales, y cuando se utilizan, su incidencia es mucho menor.

Respecto al hookah, todavía sigue teniendo cierto margen de aplicación. Algunas compañías han mejorado ligeramente sus configuraciones incorporando botella de emergencia, pero continúa siendo un sistema con importantes limitaciones de seguridad debido a la ausencia de comunicaciones por voz, válvulas antirretorno o líneas de refuerzo.

Por ello, considero que debería quedar relegado principalmente a actividades extractivas o deportivas y siempre bajo configuraciones aprobadas.

P. ¿Cómo ves el presente y el futuro del buceo comercial en Perú?

R. El buceo comercial en Perú ha experimentado cierta evolución y crecimiento, tanto a nivel operacional como empresarial. Hoy existe una mayor cantidad de compañías, más buzos profesionales y nuevos centros de formación.

También algunas empresas ya han comenzado a realizar trabajos fuera del país, aunque todavía con una frecuencia relativamente baja.

A comienzos de los años 2000 existían muy pocas compañías dedicadas al sector. El mercado ha crecido notablemente y la demanda de buzos comerciales también ha aumentado.

La ampliación de operaciones portuarias en el Callao, las actividades vinculadas al gas natural en Melchorita y la reciente apertura del megapuerto de Chancay probablemente seguirán impulsando el crecimiento del sector en los próximos años.

Debemos capacitarnos antes de repetir errores que otros países ya sufrieron

P. ¿Qué aspectos consideras que todavía deben mejorar dentro de la industria peruana?

R. Siempre insisto en la necesidad de capacitar mejor a nuestros buzos y, especialmente, a los supervisores.

El buceo evoluciona constantemente y quienes dirigen las operaciones deberían estar lo más actualizados posible. Todavía existe cierta resistencia cultural hacia la innovación y la capacitación.

Durante años se realizaron operaciones complejas utilizando sistemas hookah a profundidades extremas, sin configuraciones aprobadas y sin elementos básicos de seguridad como válvulas antirretorno.

Lo primero que debemos mejorar es la reglamentación nacional del buceo comercial, incorporando estándares técnicos y operacionales modernos.

En conclusión, cuesta aceptar que los estándares internacionales actuales nacieron precisamente tras grandes accidentes y fatalidades ocurridas en otros países. Lo que esos estándares ofrecen hoy es experiencia y conocimiento acumulado para evitar que nosotros tengamos que repetir esos mismos errores y sufrir nuevas pérdidas humanas dentro del buceo comercial peruano.

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