HYDRA 10, el proyecto que logró los 701 metros de profundidad

Hasta 701 metros de profundidad simuladas
En las últimas décadas del siglo XX, la extracción de petróleo en alta mar estaba experimentando una expansión frenética tras la crisis de 1972. Las grandes compañías petrolíferas buscaban otras fuentes de suministro fuera de Oriente Medio y la opción fue sondear el lecho marino, en busca del combustible fósil. Fue entonces cuando la profundidad comenzó a cobrar una especial relevancia para dichos propósitos.
La compañía líder a nivel mundial para los trabajos a gran profundidad en aquella época era Comex, ubicada en Marsella (Francia). Su especialidad era la intervención humana a gran profundidad y es por eso que fue la encargada de desarrollar nuevos métodos y nuevas técnicas de buceo en saturación, para llegar a los pozos petrolíferos situados a varios cientos de metros de profundidad.
Los experimentos que Comex realizó a lo largo de los últimos años del siglo pasado, se centraron en buscar mezclas de gases idóneas para descender a diferentes profundidades, ajustando las proporciones de manera segura. A partir de 100 metros se requiere la mezcla de oxígeno y helio, pero superando los 300 metros, el helio se vuelve tóxico.
Comex y su equipo de científicos comenzaron a probar mezclas con hidrógeno, un gas más ligero que es más fácil de respirar a alta presión.
Los buzos en saturación están expuestos a tres tipos de estrés ambiental. El primero de ellos es el síndrome nervioso de alta presión (HPNS o High-pressure nervous syndrome, en inglés), relacionado con los efectos de la presión hidrostática en el sistema nervioso central. Aparece hacia los 200 metros y aumenta con la profundidad, causando alteraciones motoras que pueden afectar la eficiencia de los buceadores. Otro de ellos es el causado por la densidad de la mezcla respirable. Respirar gas denso requiere mayores esfuerzos de ventilación que pueden reducir la capacidad de trabajo de los buzos. Por último, hay que tener en cuenta la fatiga de largos periodos de saturación, relacionada con pérdidas de peso corporal.

Para superar estas tensiones, el personal de COMEX utilizó las propiedades de los diferentes componentes de las mezclas de respiración.
Las primeras inmersiones profundas se realizaron utilizando helio como diluyente. El helio tiene un peso molecular bajo, pero no tiene propiedades específicas que eviten el HPNS, así la solución fue ralentizar la compresión. De esta manera, los buzos de Comex lograron los 610 metros con helio en 1972 dentro de la operación Physalie.
En 1975 la Universidad de Duke logró reducir el HPNS, agregando a la mezcla de helio y oxígeno un gas narcótico: el nitrógeno. La nueva mezcla se llamó “trimix” o “trimix de nitrógeno” para ser más específicos. Tanto Comex como la Universidad de Duke investigaron a fondo las posibilidades del trimix de nitrógeno, llegando la primera a alcanzar los 500 metros en mar abierto en el proyecto Janus IV (1977) y la segunda, los 685 en una inmersión simulada que bautizaron con el nombre Atlantis III (1983).
El proyecto HYDRA 8
En noviembre de 1987, Comex llevó a cabo el proyecto Hydra 8, una experiencia precomercial de buceo en la que participaron unos buzos en saturación en mar abierto. La idea que subyacía en el programa Hydra era investigar un nuevo gas de inmersión que fuera a la vez ligero y narcótico. La única posibilidad que quedaba en la tabla periódica de Mendeleyev era el hidrógeno.
Previamente a este ensayo, Comex realizó diferentes experimentos con animales para confirmar que el hidrógeno era un gas molecular no tóxico.
Los aspirantes a participar en Hydra 8 debieron superar un exhaustivo proceso de selección, con pruebas fisiológicas y psicológicas para demostrar sus condiciones para el buceo a más de 500 metros de profundidad.
Un total de seis buzos de Comex y de la Armada francesa fueron elegidos para la prueba, que contó con un amplio equipo técnico y personal médico altamente cualificado.
Durante las 22 inmersiones de la operación experimental, los buzos desarrollaron diferentes pruebas de esfuerzo a más de 500 metros. Realizaron ensamblaje de tuberías con bridas y tuercas de gran tamaño y peso sobre una plataforma submarina de pruebas, alcanzando los 534 metros de profundidad.
Los médicos monitorizaron el ritmo cardiaco y respiratorio, midieron con sondas térmicas la temperatura del gas inhalado y exhalado, la presión diferencial entre inspiración y expiración, así como la composición del gas respirado en tiempo real con un espectrómetro.
El equipo de científicos calibró las mezclas de helio e hidrógeno para contrarrestar sus efectos y consiguieron que los buzos mantuviesen una respiración adecuada. Así lograron llevar a cabo el trabajo físico en unas buenas condiciones mentales, nunca antes experimentadas por debajo de los 300 metros.
Los resultados y controles de la prueba permitieron demostrar que se podía bajar a más de 520 metros. Alrededor de los 180 metros detectaron anomalías hiperbáricas usando heliox, que desaparecieron al cambiar a la mezcla con hidrógeno.
Tras 96 horas entre 500 y 520 metros, los seis buzos del proyecto Hydra 8 comenzaron la descompresión para eliminar el hidrógeno gradualmente. Si bien la compresión inicial duró 3 días y 22 horas, la descompresión se prolongó durante 17 días y 11 horas.
Los trabajos en saturación en condiciones extremas que realizaron los buzos sirvieron como base para aplicar de forma novedosa estas técnicas a la industria del buceo en saturación. El dominio tecnológico demostrado en el manejo del hidrógeno a lo largo de Hydra 8 previó el uso regular de Hydreliox en los trabajos de saturación.

HYDRA 10 y los -701 metros
El ambicioso proyecto Hydra de Comex tuvo un nuevo reto un lustro más tarde. El equipo de la compañía francesa estaba convencido de que se podían superar los 600 metros y en 1992 lanzó el proyecto Hydra 10.
Esta vez, el experimento contó con tres buzos: Serge Lart, Régis Peilho y Théo Mavrostomos. Si este último fue tenido en un principio como buzo de reemplazo, terminó convirtiéndose en el principal protagonista del proyecto. Y es que Mavrostomos es aún la única persona que ha soportado condiciones simuladas a mayor profundidad en una cámara hiperbárica en tierra: un total de 701 metros.
Hydra 10 se desarrolló en el centro experimental Comex en Marsella y las pruebas se llevaron a cabo en cámara y no en mar abierto, como ocurrió en 1987.
La compresión hasta una profundidad simulada de 675 metros duró 13 días. Una vez comprimidos en estas condiciones atmosféricas, los buzos respiraron una mezcla que contenía un 20 por ciento de hidrógeno, 50,6 de helio y otros gases, con sólo 0,4 de oxígeno.
La presión se mantuvo a 67 bares durante tres días. Fue entonces cuando los buzos comenzaron a experimentar los primeros síntomas de HPNS.
Además de los efectos tóxicos de los gases, los buzos llevaban más de dos semanas viviendo en un espacio muy reducido y respirando una mezcla densa. El calor era considerable y la preparación psicológica entró entonces en juego.
El nerviosismo entre los buzos se hacía latente y los científicos decidieron finalizar el experimento, que ya era un éxito por los resultados obtenidos. Sin embargo, Mavrostomos insistió en aumentar la profundidad y, tras horas de negociación, logró convencer al jefe del proyecto sobre las posibilidades de conseguirlo.
El 20 de noviembre de 1992, después del consentimiento del equipo médico, realizaron una compresión a 71,1 bares, equivalente a 701 metros de profundidad.
La presión corporal era máxima y el buzo necesitaba hacer apnea cada vez que articulaba palabra. Sin embargo, consiguió completar tres horas de trabajos técnicos e incluso realizó una inmersión simulada en una pequeña piscina instalada en la cámara.
Después de nueve horas a 701 metros simulados, finalizó la prueba y el equipo comenzó con la descompresión, que duró 24 días. Tras 46 días, los buzos abandonaron la cámara y fueron recibidos entre sonrisas y abrazos. Habían hecho historia.
Aplicaciones y Nueva Tecnología
En conclusión, los nuevos conocimientos que aportaron los experimentos Hydra de Comex supusieron una revolución para el buceo a gran profundidad que, si bien no tuvo una aplicación inmediata, fue progresivamente adoptada por la industria offshore.
Los ensayos que la compañía francesa llevó a cabo a finales del siglo XX sentaron las bases para el uso de gases respirables en las mezclas para el buceo en saturación.
Por otro lado, las tecnologías de extracción de recursos a grandes profundidades han desarrollado nuevos métodos más seguros que evitan la exposición de los buzos a los riesgos propios de este tipo de operaciones.
Comex, cuya subsidiaria es en la actualidad Comanex, ha seguido su curso en la investigación de tecnología para alcanzar grandes profundidades, con el desarrollo de vehículos de control remoto o ROV, así como de sumergibles más viables para llevar a cabo operaciones en áreas de ingeniería y construcción submarina con máxima seguridad


