“¿Héroe? No sé, mi sensación es que hicimos algo bueno”

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Fernando Raigal junto con dos ex Navy Seal tailandeses que participaron también en la operación de rescate.

Fernando Raigal, Buzo Profesional en Tailandia

Sencillo, equilibrado y con voz pausada. Fernando Raigal nos recibe a través de una vídeo llamada en su apartamento de Bangkok, un vigésimo segundo piso con espectaculares vistas a la ciudad, que por la noche se llena de llamativas luces de los altos edificios de la zona financiera de la ciudad. El ruido de esta urbe con más de 8,2 millones de habitantes, nos acompaña durante la entrevista.
Fernando lleva más de 2 años en Tailandia como buzo profesional trabajando en plataformas petrolíferas y haciendo buceo en saturación. Es natural de Ciudad Real y se introdujo en el mundo subacuático a través de la Armada Española, en la que ingresó con 18 años.
Tras cuatro años bajo disciplina militar, abandonó la Armada y comenzó a trabajar como profesional del buceo en España, aunque pronto decidió instalarse en Reino Unido por motivos sentimentales. Es allí donde empezó a ampliar su formación y forjó sus conocimientos durante 4 años de experiencia. Ahora, durante su estancia en el país asiático, su nombre se ha convertido en motivo de noticia por su participación en el rescate de los niños de la cueva de Tham Luang. Para muchos, Fernando es un héroe.

-¿Cómo fue el momento en que conoces la situación de los niños y decides ayudar?

Acababa de llegar a tierra de un trabajo en alta mar y me enteré por las noticias de que los niños estaban atrapados. El 1 de julio por la noche recibí un mensaje de un ex Navy Seal de la armada tailandesa y jefe de una empresa de buceo en la que trabajé, diciéndome que estaba en Tham Luang y preguntándome que si podía desplazarme allí para echar una mano. El único vuelo disponible a corto plazo salía en pocas horas, pero no dudé en marchar al lugar.

¿Qué encuentras cuando llegas a Tham Luang?

Tras una hora en coche llegamos al lugar por caminos de barro, pasamos un control y me encontré en el campamento con el equipo de rescate, familiares y medios de comunicación; había mucha gente allí. Fui el primer extranjero en llegar a mi unidad y me acogieron como a uno más.
Había varios grupos de buzos y me asignaron el de los ex Navy Seals, veteranos de entre 40 y 60. Me introdujeron en el equipo y asistí al briefing del día, donde me colocaron en la primera pareja que tendría que adentrarse ese día (2 de julio). Mi pareja a partir de ese momento sería un ex Navy Seal tailandés llamado Chairat (‘Khun’ Chairat), con quien compartí el rescate y ahora tengo un vínculo de amistad.

¿Cuál fue tu primera misión?

Fernando Raigal con ‘Khun’ Chairat

Nuestra primera misión era instalar un cabo guía desde la cámara 3, el último lugar donde se podía instalar un campamento dentro de la cueva, hasta un cruce en “T” donde se bifurca la gruta. Era un espacio de visibilidad prácticamente cero y difícil acceso y ‘Khun’ Chairat y yo comenzamos a colocar el cabo, teniendo en cuenta que había que reservar 2/3 de aire en la botella para volver.
No se veía nada y avanzar poniendo el cabo era complicado. Seguíamos la pared a tientas para llegar hasta la bifurcación, con mucha concentración; yo no tenía experiencia de buceo en cuevas. Llegamos hasta el cruce donde vimos que había un giro de más de 90 grados. Allí afianzamos el cabo y nos dimos la vuelta, pues se nos acababa la botella. Hicimos el relevo con una pareja de británicos que debían seguir colocando el cabo guía desde el cruce en dirección a la izquierda y ellos fueron quienes encontraron a los niños. Justo cuando estaban acabando el cabo, salieron a superficie y encontraron a los niños.

¿Cómo fue el momento en que encuentran a los niños?

Estábamos en la cámara 3 cuando los británicos que nos relevaron volvieron y se quitaron el regulador de la boca para gritar que habían encontrado a los niños y que estaban vivos. Fue un momento de alegría pero también de incredulidad. Inmediatamente dijimos, están ahí y están bien, pero ¿cómo los vamos a sacar?

A partir de ahí, cambia el operativo…

Sí. Hubo muchas ideas, muchas sugerencias, pero nadie sabía cómo sacarlos. Había que reducir los riesgos. Se barajaron varias opciones, como esperar a que bajasen las aguas cuando acabase el periodo de lluvias en octubre o sacarlos buceando, entre otras. Mientras se decidía qué hacer -durante 3 días- nosotros seguíamos introduciendo en la cueva botellas de aire y suministros de agua, alimento y medicina.
El buceo que había que hacer era muy complicado, ya que eran lugares angostos y sin visibilidad, con corrientes, aguas frías y rodeado de rocas cortantes. Era fácil entrar en pánico para alguien que nunca hubiese buceado. Los factores de riesgos eran muchos. Los buzos expertos en cuevas comentaban que ésta estaba en el Top 5 en cuanto a dificultad se trataba. Era poco probable que un niño bucease en su interior, era ingenuo pensarlo.
Teniendo en cuenta todos los factores y aun sin garantías de poder sacarlos a todos con vida, nosotros pensábamos que bucear era la mejor opción. Allí había un equipo lo mejor preparado posible para ello y había que sacarlos. La decisión final la tuvo el rey del país y creo que se tomó la mejor opción. Las demás opciones dejaban menos probabilidad de supervivencia para estos chicos.

¿Cómo se vivió el fallecimiento de Saman?

Saman Gunan, Navy Seal fallecido en las operaciones de rescate

Yo me ausenté del rescate un día y medio para renovar el visado. En ese periodo Saman falleció. Fue un golpe duro sin duda. El peor momento que vivimos. Pero ante la adversidad, la actitud del equipo fue positiva: la razón por la que estábamos allí seguía pendiente. Saman formaba parte de nuestro grupo y yo lo había conocido días antes de su muerte.
Su pérdida puso en evidencia los riesgos a los que nos enfrentábamos. Sin embargo, no había tiempo que perder ya que la misión aún estaba pendiente. Desafortunadamente hay varias versiones de lo que le sucedió y aún hoy en día los motivos de su muerte no están claros.

 

¿Cuál fue tu función en el nuevo operativo?

Al grupo de ex Navy Seals, del que yo formaba parte, nos encomendaron formar una cadena humana para sacar a los niños en camilla en las cámaras 1 y 2. Se trataba de un espacio peligroso incluso en seco porque había caídas y rocas inestables, no había que bucear pero era complicado avanzar. Cada uno de nosotros teníamos que memorizar los 3 o 4 metros alrededor para que no hubiese caídas que pudieran ser fatales mientras sosteníamos cada camilla. Fueron muchas horas de trabajo y poco descanso, pero nos coordinábamos bastante bien.

¿Cómo fue para ti la sensación de sacar a cada uno de los niños en la camilla?

Como comentaba, formaba parte de la cadena humana en la cámara 2 y había que esperar a que llegase cada niño en su camilla. El rescate de cada niño duraba unas 5 horas y hasta la llegada del siguiente, una hora y media después, apagamos las linternas para no consumir las baterías. Nos quedábamos a oscuras.
Lo vives con incertidumbre, pues no sabes si el niño llegaba con vida. Estaban débiles y hubo que administrarles un calmante para que no entrasen en pánico. Era inevitable mirarles a la cara con la máscara que les ayudaba a respirar fuera del agua y comprobar que estaban respirando. Ese era un momento de alivio.

¿Hubo más dificultad para sacar al entrenador?

No hubo mucha diferencia, pues el entrenador era un chico de 25 años y los thai no son gente muy corpulenta. Su papel fue vital ya que gracias a su condición religiosa les transmitió un mensaje de esperanza mientras esperaban a ser encontrados en la cueva. Él había recibido adiestramiento como monje budista.
El entrenador fue el último en salir porque era el que estaba más débil y ese criterio marcó el orden de salida. Él no había comido desde que quedaron atrapados hasta que los hallamos en la cueva. Cuando los encontramos estaban demasiado bien para el tiempo que estuvieron perdidos, eso fue impactante.

¿Cómo fue el momento en que salió el último niño?

Pues todos estallamos de alegría y gritamos 3 veces ¡hooyah!, su particular grito de guerra. Después, rápidamente comenzamos a recoger. Tuvimos un momento de tensión porque una bomba de agua se rompió mientras recogíamos los equipos y el nivel del agua comenzó a subir rápidamente. De hecho, mi compañero ‘Khun’ Chairat fue el ultimo en salir y tuvo que salir con la boca pegada a la bóveda de la cueva para poder respirar ya que había que salir urgentemente y no quedaban reguladores dentro de la cueva para poder montar equipos. Si hubiéramos tenido ese contratiempo durante el rescate, hubiera sido otra historia.

¿Cómo te sientes cuando todos en España te llaman héroe?

Héroe es una palabra muy grande. Allí estuvimos más de un centenar de buzos en un operativo de mil personas. Fui el único español y por eso creo que en mi país mi participación ha tenido más trascendencia. Agradezco las condecoraciones que me están otorgando, pero la única manera en que las puedo recoger es en nombre de todos los que allí estuvimos. Para mí es un reconocimiento a todos.
Lo más importante para mí es tener la sensación de que los que estuvimos allí hicimos algo bueno.

¿Te ha cambiado la vida participar en el rescate?

Mi vida sigue igual. Sigo con mi trabajo y con mi vida personal de la misma manera que antes. Sí es cierto que se ha creado un lazo de hermandad con los ex Navy Seals y ellos ahora me consideran parte del grupo; yo vengo de la Armada y ellos también tienen en cuenta mi pasado militar. Inevitablemente también esta experiencia ha generado en mí un vínculo especial con Tailandia y quizás eso dure para toda la vida.

Fernando Raigal con los ex Navy Seal de la operación

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