Hay un inmenso patrimonio sumergido que sigue esperando bajo el mar

Buzos hallaron platos cuencos y vajilla de época romana en el fondo del lao Neuchatel

El océano sigue siendo una de las grandes fronteras desconocidas del planeta. A pesar de los avances tecnológicos de las últimas décadas, los expertos calculan que solo conocemos una pequeña parte del fondo marino con el nivel de detalle necesario. Bajo esas aguas, además de ecosistemas todavía por estudiar, descansa uno de los mayores archivos históricos de la humanidad: miles de pecios y restos arqueológicos que aún no han sido descubiertos.

La arqueología subacuática estima que podrían existir más de tres millones de barcos hundidos repartidos por océanos, mares, ríos y lagos de todo el mundo. Desde pequeñas embarcaciones comerciales hasta grandes galeones, navíos de guerra, barcos romanos o convoyes completos de la Segunda Guerra Mundial, el patrimonio sumergido representa una inmensa biblioteca histórica todavía por explorar.

Los arqueólogos estiman que más de tres millones de barcos permanecen hundidos en todo el mundo. Gracias a las nuevas tecnologías y al proyecto Seabed 2030, apenas estamos empezando a descubrir el mayor museo oculto del planeta

 

Cada semana aparecen nuevos hallazgos y los descubrimientos se suceden con una frecuencia cada vez mayor. Solo en el Mediterráneo, uno de los grandes epicentros del comercio marítimo de la Antigüedad, se localizan nuevos pecios de forma habitual. En las últimas semanas, Italia ha anunciado el hallazgo de un barco griego de hace 2.500 años cargado con más de 300 ánforas frente a Calabria. En Suiza, el denominado ‘Eagles’ Wreck’ ha permitido recuperar más de un millar de objetos romanos en un lago alpino. Mientras tanto, en Noruega, un pecio del siglo XVIII localizado a 600 metros de profundidad ha conservado porcelanas y objetos de lujo en un estado excepcional.

Imagen de Seabed 2030

Pero estos descubrimientos son solo una pequeña parte de lo que continúa oculto bajo el mar.

Uno de los proyectos internacionales más ambiciosos para cambiar esta situación es Seabed 2030, una iniciativa cuyo objetivo es cartografiar todo el fondo oceánico antes de que finalice la década.

Aunque el proyecto avanza a buen ritmo, una gran parte del lecho marino sigue sin haberse cartografiado con suficiente resolución. Y cada vez que una nueva zona es estudiada en detalle, aparecen restos arqueológicos desconocidos.

La tecnología está revolucionando la arqueología submarina

El crecimiento de los parques eólicos offshore, los cables submarinos, los gasoductos o las nuevas infraestructuras energéticas está obligando a realizar campañas de prospección cada vez más extensas y precisas.

Estas operaciones emplean tecnologías como el sonar de barrido lateral, los sistemas multihaz, la fotogrametría submarina y vehículos ROV, herramientas que están transformando la forma de localizar y documentar yacimientos arqueológicos.

Lo que comenzó como una necesidad técnica para desarrollar infraestructuras marinas se ha convertido también en una extraordinaria oportunidad para descubrir el patrimonio sumergido.

 

El mayor museo oculto del planeta

Los arqueólogos coinciden en una idea: el océano es probablemente el mayor museo sumergido del mundo. Bajo sus aguas podrían permanecer intactas grandes flotas desaparecidas, barcos fenicios, rutas comerciales romanas aún desconocidas, galeones españoles cargados de metales preciosos y miles de embarcaciones cuya historia todavía permanece enterrada bajo sedimentos.

Y quizá lo más fascinante de todo sea que apenas hemos empezado a mirar.

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