“Hacer el curso de piloto ROV me cambió la vida. Ahora mi meta es ser supervisor”

Una nueva carrera como piloto técnico ROV

Hay decisiones que cambian tanto la vida como la trayectoria profesional. Para Alexandre Francés Rico, natural de Onil, un pequeño pueblo de Alicante, la decisión fue apostar por la industria submarina a través del universo de los vehículos operados remotamente (ROV).

Hoy, con 27 años, vive entre aeropuertos, puertos y plataformas offshore, pilotando en algunos de los escenarios más exigentes del mundo submarino.

“Mi hermano Jordi fue el que me invitó a conocer este sector, convencido de que esto me podía gustar. Su invitación me empujó a dar un paso adelante y apostar por el pilotaje de vehículos submarinos”, recuerda.

No era una decisión menor. El curso suponía un esfuerzo económico y Alexandre no venía de una tradición marítima ni del mundo del buceo profesional. Su formación estaba más ligada a la informática que al mar, pero su capacitación en QSTAR ROV Training Centre le abrió un horizonte profesional apasionante y lleno de oportunidades.

“ Los ROVs aumentan la seguridad en todo tipo de operaciones. No se trata de sustituir a los buzos, sino de servir de ayuda bajo el agua”

“De estar en una fábrica encerrado diez o doce horas, a trabajar en el mar… eso no tiene precio”, afirma. La formación como piloto ROV no solo le abrió un sector, le cambió la filosofía de vida.

Su primer contacto con el sector fue revelador. “Al principio me impactó mucho la parte técnica y toda la seguridad que conlleva trabajar en este sector. La seriedad”, explica. Para alguien de su generación, habituado a comandos y simuladores, el manejo del ROV tenía una familiaridad inicial. “Creo que la gente joven hoy en día tiene más habilidades para este tipo de tareas y eso me dio cierta ventaja en mi aprendizaje con el ROV”.

Pero pronto entendió que aquello no era un videojuego. “Cuando te das cuenta de que ese pilotaje va mucho más allá y que de ti depende la seguridad, cambia todo”, reconoce. El entorno hiperbárico, los protocolos, la precisión técnica y la responsabilidad transforman el gesto aparentemente sencillo de mover un mando en una operación donde cada error cuenta.

Alex durante su formación en QSTAR

Consciente de que necesitaba ampliar conocimientos, decidió complementar su formación con cursos básicos de seguridad marítima y marinero de puente, entre otros. “Disfrutaba todo lo que tenía que ver con el mar. Iba a clase y me encantaba. Sabía que necesitaba experiencia y formación complementaria”. Esa actitud es la que ha marcado hasta hoy su trayectoria.

Aprender desde abajo

Tras algunas experiencias como marinero en el Galeón Andalucía, una reproducción de un barco de época, regresó al entorno de formación como asistente en QSTAR. “Empecé primero en prácticas y completé con ellos dos años de trabajo, llegando a ser instructor para los nuevos pilotos en formación. Eso también me dio mucha seguridad”, cuenta.

Al principio, participar de la industria fue duro. “Como todo, tienes que aprender, pelear, cometer errores. Hay momentos en los que dudas mucho de tus capacidades y los errores te desmoralizan”, confiesa.

Describe esa etapa como un proceso de maduración profesional. “Hay un momento en que algo hace clic y te das cuenta de que ya eres profesional”. Y poco a poco llegaron las operaciones en Noruega o Taiwán y experiencias con la Armada española y con la Armada francesa, que consolidaron su perfil técnico.

Desde el inicio se marcó el objetivo de llegar a la industria offshore. “Era una de mis metas”, afirma. Trabajar en entornos energéticos y grandes proyectos internacionales representaba el siguiente paso. “Ahí fue cuando todo se volvió real. Ya estaba donde quería estar”, recuerda.

El offshore exige preparación técnica y mental: jornadas largas, presión operativa y responsabilidad constante. “Es una industria muy exigente. Tienes que estar siempre aprendiendo y mejorando”, explica. También reconoce la incertidumbre: “He visto gente muy buena quedarse por el camino. Hace falta constancia y algo de suerte”.

Servicio y espíritu de aventura

En su trayectoria ha trabajado en coordinación con buzos profesionales y cuerpos de seguridad. Recuerda intervenciones en la DANA de Valencia con la Guardia Civil en la que colaboró junto a su hermano para localizar vehículos y posibles cuerpos en aguas turbias. “Era un escenario difícil, pues el agua estaba tan turbia que no había visibilidad”, explica.

Para Alexandre, el ROV no sustituye siempre al buzo, pero sí multiplica la seguridad. “Depende del tipo de ROV. Si es de observación, puede complementar. Si es más grande, es mejor que no haya buzos”.

Ha pilotado equipos de distintas clases, desde modelos compactos como el Falcon (uno de sus favoritos) hasta equipos de categoría workclass. “El Falcon me gusta mucho porque es compacto, sencillo. Y también me gusta Blue Robotics por el código abierto. Te dan todo, puedes hacer lo que quieras”.

Si tuviera que resumir por qué recomendaría esta profesión, no hablaría solo de técnica ni de salarios. Habla de aventura. “Si te gusta la aventura, creo que te va a llenar mucho. Siempre vas con la sensación de estar explorando”.

“El Falcon me gusta mucho porque es compacto, sencillo. Y también me gusta Blue Robotics por el código abierto. Te dan todo, puedes hacer lo que quieras”.

El océano sigue siendo uno de los territorios menos conocidos del planeta. Cada inspección, cada descenso del ROV, cada operación offshore es una pequeña ventana a ese mundo oculto. Para Alexandre, ese misterio es parte del atractivo.

Cambió la rutina de la fábrica por la incertidumbre del mar. Cambió la seguridad de lo conocido por la exigencia constante de un sector técnico y competitivo. Pero lo hizo con convicción.

Hacer el curso me cambió la vida”, afirma sin titubeos. “Ahora aspiro a convertirme en supervisor dentro del mundo de los ROV, esa es mi próxima meta”.

Y cuando habla, no parece alguien que haya llegado por casualidad. Parece alguien que encontró, bajo el agua, el lugar donde quería estar. “Mi paso por el buque Neptuno en Cartagena fue muy especial. Allí estuvo mi hermano cuando trabajaba como buzo de gran profundidad, y años después estuve yo como instructor de ROV. Ver una foto suya enmarcada en las oficinas de QSTAR, en ese mismo buque durante el curso de pilotaje, me hizo pensar que, de alguna manera, todo estaba conectado”, concluye Alex.

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