El reto de recuperar a los buzos con enfermedad descompresiva medular

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Recuperar a buzos con enfermedad descompresiva medular

La enfermedad descompresiva con afectación de la médula espinal es uno de los escenarios más serios de la medicina en el ámbito del buceo. Puede aparecer tras una inmersión en la que la eliminación de gas inerte no se produce de forma adecuada y se forman burbujas que afectan al sistema nervioso central. En estos casos, la rapidez en el reconocimiento de los síntomas, la administración de oxígeno y el acceso a una cámara hiperbárica son factores decisivos. Pero una nueva línea de trabajo publicada en Diving and Hyperbaric Medicine pone el foco en una fase que muchas veces recibe menos atención: ¿qué ocurre con el paciente después del tratamiento inicial?

Las nuevas guías basadas en la evidencia para la atención prolongada de pacientes con enfermedad descompresiva relacionada con la médula espinal recuerdan que la recuperación no termina cuando el buzo abandona la cámara. Según el resumen de este trabajo, los autores revisaron literatura científica publicada entre 1996 y 2025 para identificar evidencias aplicables al seguimiento a largo plazo de estos pacientes.

Una lesión que puede cambiar la vida del buzo

La enfermedad descompresiva puede afectar a articulaciones, piel, oído interno, pulmones o sistema nervioso. Sin embargo, cuando compromete la médula espinal, el cuadro adquiere una gravedad especial. El paciente puede presentar debilidad en las piernas, alteraciones de la sensibilidad, pérdida de coordinación, dolor, hormigueos, problemas para caminar, trastornos urinarios o intestinales y, en los casos más graves, déficits neurológicos persistentes.

En estos accidentes, el problema no es solo salvar al buzo durante la fase aguda, sino preservar su capacidad funcional y evitar que las secuelas condicionen su vida personal y profesional.

Este punto tiene una importancia evidente en el buceo profesional. “Para un buzo comercial, científico, militar o técnico, una lesión medular no supone únicamente un episodio médico grave. Puede afectar a su capacidad de volver al agua, a su situación laboral, a su autonomía y a su futuro dentro de una profesión físicamente exigente”

El tratamiento de referencia para la enfermedad descompresiva sigue siendo la recompresión con oxígeno hiperbárico. Las guías sobre accidentes de buceo insisten en la importancia de reconocer pronto los síntomas, administrar oxígeno y trasladar al paciente a una instalación hiperbárica adecuada. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC-Centers for Disease Control and Prevention), recuerdan que el tratamiento definitivo de la enfermedad descompresiva comienza con el reconocimiento temprano de los síntomas y continúa con la recompresión con oxígeno hiperbárico.

Sin embargo, en los casos medulares, la cámara no debe entenderse como el final del proceso asistencial. Puede reducir la carga de burbujas, mejorar la oxigenación de los tejidos y limitar el daño, pero no siempre revierte de forma inmediata todos los síntomas neurológicos.

La cámara hiperbárica debe ser siempre usada por personal cualificado

Algunos pacientes mejoran claramente tras la recompresión. Otros mantienen déficits residuales, evolucionan lentamente o necesitan tratamientos repetidos y rehabilitación. Las guías alemanas S2k sobre accidentes de buceo señalan que, si los síntomas no se resuelven completamente durante el tratamiento hiperbárico, la sesión inicial puede prolongarse, y que la aptitud para volver a bucear debe evaluarse conforme a las recomendaciones de sociedades especializadas en medicina del buceo.

La atención prolongada es una fase que no debe olvidarse

La gran aportación de las nuevas guías es desplazar parte de la atención hacia el seguimiento posterior. La pregunta ya no es solo si el buzo recibió tratamiento hiperbárico, sino si después tuvo acceso a una evaluación neurológica adecuada, rehabilitación, control de secuelas y una valoración realista de su recuperación.

En la práctica, esto puede incluir varios niveles de atención. El primero es el seguimiento neurológico, especialmente cuando persisten debilidad, alteraciones sensitivas, problemas de equilibrio o dificultades para la marcha. El segundo es la rehabilitación física, orientada a recuperar fuerza, movilidad, coordinación y autonomía. El tercero es la vigilancia de síntomas menos visibles, como dolor neuropático, fatiga, alteraciones urinarias o intestinales, espasticidad, problemas sexuales o impacto psicológico.

Una enfermedad descompresiva medular no debe valorarse solo por la evolución durante las primeras horas. En algunos casos, la verdadera dimensión del accidente aparece durante las semanas posteriores.

“Para el buceo profesional, este enfoque es especialmente relevante. Un trabajador puede sentirse presionado para reincorporarse rápido o minimizar síntomas residuales. Sin embargo, una vuelta precipitada al trabajo puede aumentar riesgos, tanto para el propio buzo como para el equipo. La decisión de regresar al buceo debe ser individualizada y tomada por médicos con experiencia en medicina del buceo, no solo por la impresión subjetiva de mejoría”

Imagen de un paciente recibiendo tratamiento dentro de una cámara hiperbárica

Rehabilitación, secuelas y vida laboral

La rehabilitación tras una lesión medular por enfermedad descompresiva debe plantearse con objetivos concretos: recuperar la marcha, mejorar el equilibrio, reforzar la musculatura, reducir el dolor, prevenir complicaciones por inmovilidad y favorecer la independencia del paciente. En los casos más graves, también puede ser necesario apoyo urológico, fisioterapia prolongada, terapia ocupacional y seguimiento psicológico.

Este aspecto abre una reflexión importante para empresas, contratistas y responsables de seguridad: “un plan de emergencia no debería terminar en la evacuación ni en la recompresión. Si el accidente deja secuelas, la atención posterior forma parte de la responsabilidad sanitaria y preventiva del sistema. El seguimiento puede determinar si el buzo vuelve a trabajar, si necesita adaptación laboral o si debe abandonar definitivamente la actividad subacuática

Divers Alert Network también subraya que cualquier persona que haya sufrido enfermedad descompresiva debe recibir una evaluación adecuada y, cuando sea necesario, seguimiento por médicos conocedores de los problemas médicos relacionados con el buceo.

La cadena asistencial empieza antes del accidente

La prevención y la respuesta ante una enfermedad descompresiva medular empiezan antes de la inmersión. Esto es algo que toda la cadena de contratación y seguridad debe tener en cuenta dentro de la industria de buceo comercial.

“La Prevención y la respuesta ante una enfermedad descompresiva medular empieza antes de la inmersión. En operaciones profesionales, la planificación debe contemplar profundidad, tiempo de fondo, mezcla respiratoria, condiciones ambientales, esfuerzo físico, frío, corrientes, repetición de inmersiones, disponibilidad de oxígeno, comunicación con un médico hiperbárico y evacuación a una cámara operativa”.

El CDC recuerda que factores como inmersiones profundas, repetitivas, varios días consecutivos de buceo, esfuerzo físico, frío, corrientes, mala visibilidad o situaciones de techo, como cuevas o pecios, pueden aumentar el riesgo de enfermedad descompresiva.

En este contexto, la cámara hiperbárica es una pieza esencial, pero no la única. Debe formar parte de una cadena que incluya primeros auxilios con oxígeno, diagnóstico precoz, transporte seguro, personal entrenado, comunicación médica, protocolos claros y seguimiento posterior.

Volver al buceo una decisión delicada

Uno de los puntos más sensibles es la aptitud para volver a bucear. En una enfermedad descompresiva medular, la autorización no debería basarse únicamente en la desaparición de los síntomas principales. Deben valorarse la extensión del cuadro, la evolución neurológica, la existencia de secuelas, los factores de riesgo individuales, el tipo de buceo que realiza la persona y las condiciones reales de trabajo.

No es lo mismo un buzo recreativo que realiza inmersiones poco profundas que un buzo comercial sometido a esfuerzo físico, herramientas, corrientes, frío, visibilidad limitada, umbilicales, campanas, operaciones de mantenimiento o intervenciones offshore. En el ámbito profesional, el margen de seguridad debe ser mucho más estricto.

Volver al agua después de una enfermedad descompresiva medular no es una simple decisión laboral. Es una decisión médica especializada.

 

Una lección para la industria

Las nuevas guías refuerzan una idea que debería estar presente en toda operación de buceo y que afirma que la medicina hiperbárica no termina en la cámara. La recompresión urgente puede ser decisiva para salvar funciones neurológicas, pero la recuperación completa exige continuidad asistencial.

“Para empresas, supervisores, médicos examinadores y centros hiperbáricos, el mensaje es que un accidente medular por descompresión requiere protocolos de emergencia, pero también planificación del después, con rehabilitación, seguimiento, documentación clínica, valoración laboral y criterios prudentes de reincorporación”

La enfermedad descompresiva medular recuerda que, en buceo profesional, la seguridad no puede medirse solo por la capacidad de responder a una emergencia. También debe medirse por la capacidad de acompañar al buzo durante todo el proceso de recuperación. En algunos casos, la diferencia entre una lesión transitoria y una discapacidad persistente puede depender de lo que ocurre después de salir de la cámara.

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