El Estado obliga a los buzos comerciales a seguir trabajando con más de 60 años

¿Cuál es la edad límite para bucear profesionalmente?

El 24 de octubre, en el embalse del Rumblar, en Jaén, un buzo profesional de 63 años perdió la vida durante una operación de mantenimiento. Según algunas fuentes cercanas al accidente, la causa podría haber sido un infarto agudo de miocardio. La intervención se desarrollaba con normalidad, sin fallos en los protocolos ni en los equipos. El accidente fue súbito e imprevisible. Pero su impacto ha vuelto a colocar en primer plano un debate que el sector lleva décadas intentando resolver.

La muerte de este trabajador veterano no se ha interpretado como un fallo operativo, sino como la evidencia de un problema estructural. Hasta qué punto es razonable que un buzo profesional continúe en activo a edades avanzadas. Hasta qué punto el actual coeficiente reductor de 0,15 responde realmente a las condiciones de una profesión marcada por la exigencia física, la exposición al medio hiperbárico y el desgaste acumulado a lo largo de los años.

En una conversación con SubaQuatica Magazine, el propio responsable de la operación, desde la empresa Instalsub, lo resumía con claridad. A partir de los 55 años, el buceo profesional diario deja de ser recomendable desde el punto de vista médico. Sin embargo, en España no existe un marco normativo que limite la edad operativa ni que permita una retirada anticipada acorde a esa realidad a la que tienen que enfrentarse en cada inmersión.

Como resultado, se genera una situación con un riesgo añadido para los buzos. Profesionales con décadas de experiencia, plenamente capacitados desde el punto de vista técnico, se ven obligados a seguir descendiendo porque el sistema no contempla otra salida viable.

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Una reivindicación histórica que ha logrado unir a todo el gremio del buceo profesional

El debate sobre las condiciones en las que los buzos profesionales pueden acceder a una jubilación anticipada no es nuevo. Desde hace más de veinte años, sindicatos y patronales vienen reclamando una revisión del coeficiente reductor aplicado al buceo profesional. Actualmente fijado en 0,15, se considera insuficiente para compensar la penosidad, la peligrosidad y el desgaste fisiológico del trabajo bajo presión.

Tras el accidente en Jaén, las principales organizaciones del sector han vuelto a alzar la voz. La Asociación Nacional de Empresas de Buceo Profesional (ANEBP), ha insistido en que la actualización de la edad de jubilación no responde a intereses corporativos, sino a una cuestión de seguridad y salud laboral. Evitar que los buzos prolonguen su actividad más allá de un umbral razonable es, en palabras de la asociación, una responsabilidad colectiva.

Por su parte, la Patronal Española de Buceo Comercial (PESBUCO), se ha sumado igualmente a la petición de resolver esta demanda histórica, destacando la unidad de criterios entre empresas y trabajadores. Sostienen que un gremio del mar, que desarrolla su oficio en un medio hostil y bajo condiciones que encarnan un alto riesgo de amenaza contra su salud, deben contar con un coeficiente mayor.

Desde el ámbito sindical, el tono ha sido más contundente. El Sindicato Estatal de Buceo (SEB), adscrito al sindicato Solidaridad, ha denunciado la falta de avances normativos y han vinculado directamente la situación a un abandono institucional prolongado.

Consideran que el actual coeficiente reductor obliga a los profesionales a seguir trabajando hasta edades incompatibles con las exigencias del medio hiperbárico, pese a que la actividad está reconocida como de alto riesgo desde hace décadas.

Incluso desde el Instituto Social de la Marina (ISM) han mostrado su disconformidad con el coeficiente fijado. Como conocedores de las condiciones de otros gremios adscritos al entorno marino que sí cuentan con índices más altos, consideran que debería aumentarse, al menos, hasta una cifra de 0,30.

Las propuestas sobre la mesa son varias. Incrementar el coeficiente reductor de forma significativa, aplicarlo a toda la vida laboral del buzo y establecer un marco específico que reconozca las particularidades del sector.
También se plantea la creación de un código propio que permita visibilizar la actividad dentro de las estadísticas laborales y facilitar el acceso a derechos específicos.

El problema, tal como coinciden todos los actores, no es la falta de diagnóstico, sino la ausencia de decisiones.

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Medicina y prevención

El tema de la edad en el buceo profesional no puede abordarse únicamente desde la percepción del sector. La medicina hiperbárica y la prevención de riesgos aportan un marco técnico que ayuda a entender las limitaciones del cuerpo humano en este entorno.

A diferencia de otras profesiones, el buceo implica una exposición directa a variaciones de presión, esfuerzo físico intenso y condiciones ambientales adversas. El organismo debe adaptarse constantemente a cambios en la respiración, la circulación y la respuesta neurológica.

A partir de ciertas edades aumentan considerablemente las probabilidades de padecer patologías cardiovasculares crónicas o agudas

Los estándares internacionales no establecen una edad máxima estricta para el buceo comercial. Sin embargo, sí insisten en la necesidad de evaluar de forma rigurosa las patologías asociadas a la edad. El criterio no es solo la capacidad para realizar el trabajo, sino la posibilidad de que determinadas condiciones médicas comprometan la seguridad del propio buzo o del equipo.

Entre los factores críticos se encuentran la aptitud cardiovascular, la capacidad aeróbica, la función respiratoria y el estado cognitivo. La pérdida de conciencia, la desorientación o los ataques de pánico en un entorno hiperbárico pueden tener consecuencias fatales.

La condición física también juega un papel determinante. En situaciones de emergencia, un buzo puede verse obligado a realizar un autorescate o a asistir a un compañero. Estas acciones requieren un nivel de exigencia que no siempre es compatible con el deterioro asociado a la edad.

Algunos especialistas señalan que la edad, por sí sola, no debería ser el único criterio. “Un buzo de 60 años puede estar en mejor condición que uno de 55”. Pero también reconocen que, “a partir de determinadas edades, aumenta la probabilidad de patologías crónicas y de eventos agudos, especialmente cardiovasculares”.

Este enfoque introduce un elemento de complejidad. La evaluación individual es necesaria, pero no suficiente. En un entorno de alto riesgo, la prevención debe anticiparse a la probabilidad, no solo reaccionar a la capacidad.

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