“El Delta P no fue el único problema en Paria. El plan de emergencia tampoco estaba correctamente establecido”
Francis Hermans, autor de varios estudios sobre corte y soldadura subacuática.
Después de casi 47 años trabajando como buzo comercial, he seguido prestando atención a los accidentes de nuestra industria incluso después de retirarme en 2013. El ocurrido en febrero de 2022 en las instalaciones de Paria Fuel Trading Company, en Trinidad y Tobago, me llevó a revisar el informe de la comisión de investigación, declaraciones de testigos, sesiones públicas y miles de páginas de documentación para intentar comprender qué sucedió y, sobre todo, qué podemos aprender de ello.
El trabajo se desarrollaba sobre una conducción submarina de 30 pulgadas y aproximadamente 365 metros que comunicaba los atraques 5 y 6. La tubería había sido drenada prácticamente por completo y se encontraba a presión atmosférica, mientras los trabajos sobre el riser del atraque 6 se realizaban dentro de un hábitat hiperbárico seco presurizado aproximadamente a 1,45 bar absolutos. Ahí ya se daban las condiciones necesarias para generar un Delta P.
La secuencia de trabajo prevista contemplaba retirar una brida ciega y un tapón mecánico, inspeccionar la soldadura, conectar la nueva extensión del riser y abandonar el hábitat. Después debía despresurizarse y retirarse el hábitat y, solo entonces, desinflar y extraer el tapón que aislaba la conducción. Sin embargo, esa secuencia se modificó y el tapón fue retirado desde el interior antes de conectar la extensión.
Para mí, uno de los aspectos más significativos aparece incluso antes. Se había celebrado una reunión de seguridad para revisar el trabajo y sus riesgos, pero el Delta P no fue identificado. Por tanto, no estamos únicamente ante una maniobra que salió mal. Existía una diferencia de presión capaz de generar una enorme fuerza hidráulica y ese peligro no había sido suficientemente comprendido.
Cuando se desinfló el tapón, la diferencia de presión provocó un desplazamiento inmediato del agua que arrastró a los cinco trabajadores hacia el interior de la conducción. Poco después, las presiones se equilibraron, pero los cinco habían quedado atrapados a considerable distancia de la entrada y con lesiones de distinta gravedad.
Aquí comienza una segunda parte del accidente que considero fundamental. El interior de la tubería quedó aproximadamente a 2,57 bar absolutos, equivalentes a unos 15,7 metros de profundidad. Los trabajadores no estaban simplemente atrapados. Permanecían sometidos a presión y el tiempo de exposición empezaba a contar desde el punto de vista de la descompresión.
Christopher Boodram consiguió regresar y fue recuperado. Comunicó que sus cuatro compañeros continuaban vivos y proporcionó información sobre su situación. A partir de ese momento había que resolver simultáneamente dos problemas.
Era necesario acceder hasta ellos sin generar un nuevo Delta P, pero también controlar rigurosamente la combinación de presión, profundidad equivalente y tiempo de exposición.
Entiendo perfectamente que no podía enviarse otro buzo hasta comprobar que el sistema era seguro. Sin embargo, mientras se discutían alternativas y se preparaban cámaras y posteriormente un crawler (robot para tuberías), el reloj hiperbárico continuaba avanzando. La recuperación se hacía progresivamente más compleja porque cualquier estrategia debía contemplar también una descompresión adecuada.
Posteriormente se retiró la brida ciega situada en el extremo contrario para introducir el crawler. A mi juicio, aquello produjo otro momento crítico. La maniobra hizo descender el nivel de agua y provocó una rápida caída de presión dentro de la conducción después de muchas horas de exposición.
Mi conclusión es que Paria no debe analizarse únicamente preguntando por qué cinco hombres fueron arrastrados dentro de una tubería. Hay que preguntarse por qué el Delta P no fue identificado adecuadamente, por qué se modificó la secuencia prevista y por qué presión, profundidad equivalente y tiempo no ocuparon un lugar central en la estrategia de rescate.
Tampoco considero que el problema esencial fuese que los trabajadores no llevasen casco o band mask conectado a superficie dentro del hábitat. La fuerza del diferencial habría superado cualquier capacidad física para resistirla. Un umbilical o un arnés no eliminan la energía hidráulica.
De izquierda a derecha: Chris (el único superviviente); Kazim; Yusuf, Rishi y Fysal | CNC3
La verdadera barrera estaba antes. Había que comprender qué ocurriría al comunicar dos espacios sometidos a diferentes presiones, mantener una secuencia de trabajo que evitara esa comunicación mientras existiera exposición y disponer de un plan de emergencia basado en el comportamiento real del sistema.
Si algo falla, el rescate también debe estar previamente diseñado teniendo en cuenta cómo evolucionarán el sistema hidráulico, la presión y el tiempo. Cuando comienza la emergencia puede ser demasiado tarde para empezar a comprender esas variables.
Pedro Pérez Oliva es redactor, diseñador gráfico y maquetador en SubaQuatica Magazine. Licenciado en Historia por la Universidad de Huelva, lleva casi 20 años vinculado a distintos proyectos de comunicación y publicidad.
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