Desafíos del salvamento y el rescate en aguas poco profundas

Salvamento y rescate en aguas someras

El salvamento en aguas someras presenta una combinación de condiciones que no se da en otros contextos de buceo comercial, y que lo hace más exigente desde el punto de vista de la seguridad.

En buceo offshore sobre estructuras fijas o en intervención en grandes profundidades, el entorno está relativamente controlado. El fondo es estable, la estructura es conocida, los procedimientos están normalizados y el buzo trabaja sobre un objeto diseñado y documentado.

En salvamento, el objeto de trabajo es un buque accidentado cuyo estado exacto se desconoce, que puede estar escorado, enterrado, fragmentado o en proceso de desintegración estructural. No hay planos fiables del estado real del casco en ese momento, y el buzo entra en un entorno que se ha transformado por el propio accidente.

Las aguas someras añaden una presión operativa que la profundidad elimina. La visibilidad del entorno desde superficie, los plazos impuestos por condiciones meteorológicas, mareas y presión mediática, y la tentación de acelerar maniobras sin haber completado el reconocimiento subacuático.

Al mismo tiempo, la descompresión no es el factor limitante principal, como sí lo es en trabajos profundos, y eso puede generar una percepción errónea de que el riesgo es menor. El riesgo simplemente es diferente, y en muchos aspectos más impredecible.

El buzo de salvamento trabaja además en proximidad directa a maniobras de superficie: grúas, remolcadores, pontones, cables tensados, sistemas de bombeo, equipos de corte y elevación.

La coordinación entre lo que ocurre en superficie y lo que ocurre en el fondo es estructuralmente más compleja que en una intervención de buceo industrial estándar, donde el buzo trabaja sobre un objeto fijo sin maquinaria pesada simultáneamente en movimiento.

Buzo de Divership en una inspección previa a un salvamento

Principales condicionantes y riesgos operativos

Los riesgos potenciales que entraña este tipo de operaciones pueden clasificarse en dos grandes categorías, los que se identifican en el reconocimiento inicial y los que emergen durante la operación.

Entre los riesgos identificables durante la planificación de los trabajos, uno de los más comunes por el propio entorno donde se desarrollan, es el atrapamiento físico. Compartimentos inundados con una sola entrada, cubiertas colapsadas, aberturas que permiten el acceso pero no la salida con el equipo completo o cabos y redes enredados en la obra viva, condicionan la movilidad del buzo. Se trata de peligros detectables con un reconocimiento sistemático del área.

Igualmente, los buzos pueden sufrir cortes y enganches. Una chapa deformada, cristales rotos, refuerzos sueltos o tornillería expuesta se pueden convertir en peligros del entorno, donde el umbilical o el traje pueden engancharse con consecuencias que van desde la inmovilización hasta el daño del equipo de respiración.
Además, las cargas suspendidas son elementos que hay que tener muy en cuenta en esta fase previa a los trabajos. Un buzo no debe trabajar jamás bajo una carga en movimiento. Esta regla es fácil de enunciar y difícil de garantizar cuando la operación implica múltiples puntos de izado simultáneos.

Por último, podrían producirse accidentes por aplastamiento. Un pecio aparentemente estable puede responder a una variación de marea, a una ola de corto periodo o al propio izado con desplazamientos bruscos e imprevistos.

Operación de salvamento y reflote realizada por Divership

Por otro lado, existen riesgos difíciles de prever y que se deben gestionar en el transcurso de la operación.
Entre ellos, el riesgo más difícil de anticipar no es el más espectacular, sino el más silencioso: el colapso estructural diferido. Un buque que ha sufrido una varada, una colisión o una inundación tiene su estructura comprometida de formas que no siempre son visibles desde exterior.

Una cubierta puede soportar el paso del buzo repetidamente y ceder en el décimo inmersión por fatiga acumulada o por un cambio de carga inducido por el bombeo de agua. Los refuerzos internos pueden haber cedido sin que el casco exterior lo refleje visualmente.

El gas acumulado en compartimentos cerrados es otro riesgo difícil de prever. El proceso de inundación puede haber dejado bolsas de aire que, al ser perturbadas por el buzo o por el propio bombeo, liberan gas de forma brusca. Si ese gas contiene vapores de carga, combustible o productos de descomposición, el riesgo incluye toxicidad además del efecto físico.

La sinergia entre maniobras es el tercer factor impredecible por excelencia. Una maniobra que es segura de forma aislada puede volverse peligrosa cuando coincide temporalmente con otra que modifica las tensiones en el casco, la posición de la embarcación o la configuración de las líneas. Este riesgo emergente no se puede eliminar solo con la planificación individual de cada maniobra, sino que requiere una visión integrada de la operación en tiempo real.

Buzo comercial de Macperson Servicios Subacuáticos durante la operación de l salvamento de la draga Genil

Condicionantes del entorno

Todos estos riesgos sobre el papel se ven potencialmente aumentados por la inestabilidad del entorno donde se desarrolla, que escapan al control de los profesionales. Se trata de las condiciones inherentes al sitio de trabajo, entre las que destacan:

  • Visibilidad. La visibilidad nula no impide el trabajo, pero lo transforma radicalmente. El buzo ha de combinar sus sentidos para desarrollar la operación.
    La visión tiene que trabajar de forma coordinada con el tacto , con todo lo que eso implica en términos de orientación espacial, identificación de puntos de referencia, localización de herramientas y comunicación con superficie.
    La planificación debe asumir visibilidad cero como escenario base, no como excepción. Esto afecta directamente al tiempo de inmersión, a la complejidad de las tareas asignables y a los protocolos de emergencia.
  • Fondo y tipo de sedimento. Un fondo de fango fino puede ser removido con el primer movimiento del buzo y no recuperar visibilidad en toda la jornada. Un fondo de arena puede ocultar completamente la obra viva inferior del buque, impidiendo evaluar el grado de enterramiento. Un fondo rocoso puede haber comprometido la integridad de fondo en puntos que solo son detectables por contacto directo.
    El tipo de sedimento también condiciona la estabilidad del buque: un casco enterrado en fango puede estar retenido por succión, lo que modifica completamente los cálculos de izado.
  • Marea y corriente. En zonas con rango mareal significativo, el estado de la marea condiciona la ventana de trabajo útil, la exposición de zonas de acceso, la estabilidad de embarcaciones auxiliares y el comportamiento de las líneas.
    Una corriente moderada puede convertir el posicionamiento de un globo de elevación en una maniobra de alta dificultad.
    La planificación debe incluir predicciones de marea y corriente para toda la duración de la operación, con ventanas de trabajo claramente definidas.
  • Estructuras y geometría del pecio. La inclinación del buque, su grado de enterramiento, la distribución de compartimentos y la posición de las aberturas accesibles son los condicionantes básicos de toda la operación. Un buque muy escorado limita el acceso a determinadas zonas, altera la geometría de trabajo y puede crear trampas de gas o de agua a presión en compartimentos que en posición normal serían accesibles de forma segura. La evaluación inicial de la geometría del pecio no es una fase previa a la operación, sino el primer paso de la operación en sí misma durante las primeras inmersiones.

Diferencias del plan de seguridad

En una intervención de buceo industrial estándar (como inspección de pilotes, trabajos en plataforma o mantenimiento de infraestructura portuaria) el plan de seguridad responde a un entorno relativamente estático.
Los riesgos son conocidos, los procedimientos son repetibles y la coordinación con superficie es principalmente de control de tiempo y de emergencias.

En salvamento en aguas someras, el plan de seguridad tiene que ser dinámico por diseño, no por defecto. El entorno cambia durante la operación, el buque se mueve, el fondo se remueve, las tensiones estructurales varían con cada maniobra y el plan tiene que incorporar mecanismos de actualización en tiempo real.

Los elementos diferenciales en el diseño del plan de seguridad son los siguientes:

  • Autoridad de parada distribuida. No solo el jefe de buceo puede detener una maniobra. En una operación de salvamento compleja, el buzo en el agua debe tener autoridad real (no solo teórica) para detener cualquier maniobra de superficie que perciba como riesgo inminente. El supervisor de buceo debe tener autoridad equivalente sobre las maniobras de grúa y remolcadores. Esto requiere una cadena de mando acordada antes de comenzar, no improvisada en el momento.
  • Secuenciación estricta de maniobras. Las maniobras de superficie y las inmersiones deben estar temporalmente separadas o explícitamente coordinadas. Un remolcador no puede tensar una línea mientras hay personal en el agua en el punto de tiro. Esta coordinación no puede depender de comunicaciones informales. Debe estar formalizada en el plan de operación con señales, confirmaciones y procedimientos de autorización.
  • Protocolo de emergencia específico para atrapamiento. El buzo de emergencia y el equipo de rescate deben estar en condiciones de intervenir de forma inmediata y deben conocer la configuración exacta del trabajo (posición del buzo, geometría del acceso, longitud del umbilical, etc.) en cada momento de la inmersión. En inmersión con suministro desde superficie, el control del umbilical es la primera herramienta de diagnóstico ante una pérdida de comunicación o una parada de movimiento.
  • Integración de comunicaciones. En una operación con múltiples actores como, grúa, remolcador, pontón de buceo, coordinación de salvamento, la fragmentación de las comunicaciones es por sí misma un riesgo. El supervisor de buceo debe tener acceso simultáneo a las comunicaciones con el buzo y con los operadores de superficie (grúa, maquinaria o embarcación, por ejemplo). Cualquier maniobra que afecte al entorno del buzo debe ser comunicada antes de ejecutarse.

Elevación, uso de eslingas y corte

En este tipo de operaciones, el equipo de trabajo ha de aplicar distintas maniobras y operaciones que requieren el uso de equipos específicos con una serie de particularidades a tener en cuenta en materia de seguridad. Entre ellas, las más habituales son:

  • Elevación. Los globos de elevación y los sistemas de izado con grúa comparten un riesgo fundamental. La carga puede moverse de forma brusca e impredecible cuando se supera el umbral de resistencia del fondo o cuando cede un punto de retención no identificado. La zona de exclusión alrededor del punto de izado no es una formalidad: define el espacio dentro del cual ningún buzo debe estar cuando la carga comienza a moverse. El cálculo de esa zona debe incluir la posible trayectoria de la carga si falla un punto de eslinga. La elevación asimétrica, cuando se iza desde múltiples puntos con cargas diferentes, es especialmente crítica porque puede inducir movimientos rotacionales del pecio que no estaban previstos y que modifican inmediatamente la geometría de trabajo en el fondo.
  • Uso de eslingas. Maniobras con eslingas en condiciones de visibilidad nula es una maniobra táctil que requiere verificación sistemática de cada punto de apoyo. Los factores críticos son: la capacidad real del punto de apoyo estructural, que en un buque accidentado puede diferir radicalmente de los cálculos teóricos, el ángulo de tiro de la eslinga, la interferencia con otros elementos del casco y la accesibilidad del punto en el momento del izado. Un error en el posicionamiento de una eslinga puede no manifestarse hasta que se aplica la carga, y en ese momento el buzo no puede estar en la proximidad inmediata del punto.
  • Corte. Las operaciones de corte con Oxicorte, disco abrasivo o herramienta hidráulica, tienen dos riesgos específicos que no están presentes en otras maniobras. El primero es la liberación brusca de tensión cuando se completa el corte. Una estructura que estaba bajo tensión puede moverse con violencia en el momento en que el último punto de unión cede. El segundo es la ignición de vapores en compartimentos con restos de carga o combustible, incluso en entorno subacuático, cuando el corte genera calor o chispas en la proximidad de una interfase gas/agua. El factor determinante en operaciones de corte es la evaluación previa de las tensiones presentes en la zona a cortar y la definición de la secuencia de corte para que los movimientos resultantes sean controlados y predecibles. Esto no puede improvisarse en el agua y requiere que el buzo y el supervisor hayan analizado la geometría estructural antes de comenzar y hayan definido explícitamente el comportamiento esperado en cada fase del corte.

En todos estos casos, el elemento común es que la seguridad no emerge espontáneamente de la competencia individual del buzo. Emerge de la combinación de reconocimiento previo riguroso, planificación estructurada, coordinación efectiva con superficie y capacidad real de detener la operación cuando algo no cuadra.
La presión de tiempo es el principal enemigo de esa cadena, y gestionarla es una responsabilidad que recae sobre el responsable de salvamento, no sobre el buzo en el agua.

Buzo de Macpherson Servicios Subacuáticos en la operación de rescate y salvamento del Menavaa, donde se toparon con muchos espacios confinados

Espacios confinados

Los espacios confinados en el contexto del salvamento subacuático representan una categoría de riesgo que merece tratamiento propio. No es simplemente una variante del buceo en interior de estructuras: es una combinación de los riesgos del buceo comercial con los riesgos de los espacios confinados en tierra, con la particularidad de que muchos de los sistemas de control que funcionan en uno u otro contexto por separado no son directamente transferibles cuando se dan juntos.

En salvamento en aguas someras, un espacio confinado subacuático puede ser cualquier compartimento inundado del buque, como la sala de máquinas, bodega, pañol, cámara de lastre, túnel de hélice o cámara de cadenas. También pueden serlo espacios no diseñados como tales pero que han quedado parcialmente cerrados por el colapso estructural, como una cubierta hundida que crea una cavidad, una sección de casco deformada que atrapa al buzo entre dos superficies.

Lo que los define operativamente no es tanto su geometría como sus consecuencias: acceso limitado, salida no garantizada, imposibilidad de asistencia directa desde exterior y atmósfera o entorno no controlado. En el contexto subacuático, a esto se añade que la visibilidad interior suele ser peor que en el exterior, que el umbilical tiene longitud y radio de curvatura limitados, y que una emergencia dentro del espacio no puede resolverse con la misma rapidez que una emergencia en agua abierta.

Riesgos específicos en estos entornos

Los espacios confinados suponen un capítulo aparte en la planificación de trabajos bajo el agua. Por su propia naturaleza, presentan riesgos propios que pueden llegar a ser muy peligrosos para la seguridad de los buzos. Entre ellos, podemos catalogar los siguientes:

  • Bolsas de gas atrapado. Es el riesgo más característico y más subestimado. Un compartimento inundado puede contener bolsas de aire, dióxido de carbono, metano por descomposición de materia orgánica, vapores de combustible o vapores de carga. Cuando el buzo accede al compartimento y perturba el agua, o cuando el propio suministro de aire desde superficie aumenta la presión en el espacio, esas bolsas pueden liberarse de forma brusca. Si el gas es tóxico, el buzo puede verse expuesto sin advertencia previa. Si el gas es inflamable y hay una fuente de ignición, como por ejemplo una operación de corte, herramienta que produce chispas, el riesgo de explosión es real incluso en entorno húmedo.
  • Desorientación espacial total. En un espacio confinado con visibilidad nula, el buzo pierde todas las referencias visuales y en muchos casos también las táctiles, porque la geometría interior del compartimento puede ser compleja, asimétrica y diferente de lo que indican los planos. La desorientación en este contexto no es solo un problema de navegación: puede llevar al pánico, al consumo acelerado de aire y a decisiones incorrectas sobre la dirección de salida.
  • Gestión del umbilical. El umbilical es en condiciones normales la línea de vida del buzo: suministro de aire, comunicaciones, guía de retorno. En un espacio confinado, el umbilical se convierte también en un factor de riesgo. Puede engancharse en estructuras internas, puede quedar atrapado en una abertura que el buzo ha atravesado, puede crear tensión en una dirección que no corresponde a la salida, puede impedir que el buzo dé la vuelta en un espacio estrecho. La gestión del umbilical dentro de un espacio confinado requiere técnica específica y coordinación constante con el “tender” en superficie.
  • Imposibilidad de asistencia directa. Si un buzo queda atrapado o incapacitado en agua abierta, el buzo de respaldo puede acceder en segundos. Si está dentro de un compartimento inundado, el buzo de respaldo tiene que recorrer el mismo camino de entrada, en las mismas condiciones de visibilidad, sin saber exactamente dónde está el accidentado ni en qué estado. El tiempo de respuesta se multiplica y la probabilidad de que el rescate tenga éxito disminuye con cada minuto. Esto no es un argumento contra el buceo en espacios confinados: es el argumento central para planificarlos con un nivel de rigor cualitativamente superior al del buceo en agua abierta.
Buzo de la US Navy-Senior-Chief-Petty-Officer-Andrew-McKaskle

Cómo condiciona la planificación

La planificación de una inmersión en espacio confinado dentro de una operación de salvamento debe tratarse como una operación dentro de la operación. No puede resolverse con los mismos procedimientos que el resto de las inmersiones.

  • Reconocimiento previo del acceso. Antes de que ningún buzo entre en el espacio, debe conocerse con la mayor precisión posible la geometría del acceso: dimensiones de la abertura, longitud del recorrido interior hasta el punto de trabajo, obstáculos previsibles, puntos donde el umbilical puede engancharse. Si el reconocimiento no puede completarse desde el exterior, la primera inmersión es exclusivamente de reconocimiento, sin herramientas ni carga de trabajo.
  • Análisis de la atmósfera interior. En espacios que pueden contener gas acumulado, la evaluación previa de la atmósfera es obligatoria. Esto puede requerir introducir sensores antes de que entre el buzo, o establecer protocolos de comunicación específicos para detectar síntomas de exposición a gas tóxico en el propio buzo durante la inmersión.
  • Definición explícita del punto de no retorno. Para cada inmersión en espacio confinado debe definirse un punto a partir del cual el buzo no tiene reserva de aire suficiente para salir sin apoyo externo.
    Ese punto debe conocerlo el buzo, el supervisor y el tender. Cuando se alcanza, la inmersión termina independientemente del estado del trabajo. Buzo de respaldo configurado para el mismo entorno. El buzo de respaldo en una inmersión en espacio confinado no puede estar simplemente en el agua. Debe conocer el recorrido de acceso, debe tener el equipo adecuado para recorrerlo y debe estar en posición de entrar en el menor tiempo posible.
    Esto puede requerir que el buzo de respaldo esté ya en el agua, en la entrada del espacio, durante toda la inmersión.
  • Comunicaciones continuas como condición, no como objetivo. La pérdida de comunicación con el buzo en un espacio confinado es una emergencia inmediata, no un problema a resolver progresivamente. El protocolo ante pérdida de comunicación debe estar definido con anterioridad y debe incluir cuándo y cómo se activa el rescate.
US-Navy – Navy-Senior-Chief-Petty-Officer-Andrew-McKaskle

Desprendimiento de piezas y objetos

La seguridad del buzo puede verse comprometida por el desprendimiento de piezas y objetos de la estructura o del pecio. Este riesgo es estructuralmente diferente a otros debido a que no se conoce la integridad de dichos elementos.

En la mayoría de los riesgos del buceo de salvamento, existe algún tipo de señal previa. Una estructura que cruje, una tensión que aumenta o un fallo en las comunicaciones. El desprendimiento de piezas no avisa. Una brida que lleva años oxidándose en su posición cede en el momento en que el buzo apoya la mano. Una escotilla que parecía fijada por su propio peso se desplaza cuando el buzo modifica ligeramente la presión del agua al moverse cerca. Un tramo de tubería corroída que ha perdido todos sus apoyos cae en el instante en que el umbilical roza su último punto de contacto.

La ausencia de señal previa, combinada con la visibilidad nula o reducida, hace que el buzo no pueda anticipar ni esquivar. La reacción humana ante un objeto que cae o se desplaza requiere verlo o escucharlo. Bajo el agua, en un casco inundado, ninguna de las dos cosas es fiable.

Pero los desprendimientos pueden tener causas diferenciadas, que han de ser igualmente analizadas para poder anticiparse o incluir alternativas en la planificación de las operaciones, como:

  • Corrosión diferencial. Un buque accidentado lleva tiempo expuesto a condiciones que aceleran la corrosión: agua salada, corriente galvánica, fango anóxico, ciclos de inmersión y exposición al aire.
    Los elementos que primero pierden integridad estructural son los que tienen menor sección, tornillería, bridas, abrazaderas, soportes de tubería, pero son también los que sostienen piezas de mayor masa.
    Una tubería de gran diámetro puede estar aparentemente en su posición porque tres de sus cuatro bridas siguen aguantando. Pero el buzo no puede saber cuál es el estado real de cada punto de sujeción sin inspeccionarlo directamente, y la inspección táctil en visibilidad nula no siempre permite distinguir una brida intacta de una que está a punto de ceder.
  • Efecto de la perturbación hidrodinámica. El movimiento del buzo genera corrientes locales que pueden ser suficientes para desplazar objetos que están en equilibrio inestable. Una herramienta abandonada en una cubierta hundida, un panel de acceso que ya no tiene sus fijaciones, una tapa de registro apoyada sobre su propio peso. Cualquiera de estos elementos puede desplazarse con el movimiento del agua inducido por el buzo antes de que este llegue a tocarlos. En espacios confinados, donde el buzo se mueve en un volumen de agua pequeño, este efecto es más pronunciado.
  • Liberación de tensión acumulada. Algunas piezas no caen por gravedad, sino que están bajo tensión y se liberan cuando el buzo altera su punto de equilibrio. Una cubierta deformada que está siendo mantenida en posición por la tensión de los refuerzos adyacentes puede rebotar violentamente si el buzo corta o retira uno de esos refuerzos. Un cabo o cable que está tenso y medio enredado en la estructura puede liberarse con fuerza cuando se desenreda parcialmente. Este mecanismo es especialmente peligroso porque el movimiento resultante no es predecible en dirección ni en magnitud.
  • Acción de la marea y la corriente sobre objetos no fijados. En zonas con corriente, los objetos sueltos en el interior del casco no permanecen donde estaban en la inmersión anterior. Entre una inmersión y la siguiente, el estado del interior puede haber cambiado. Un objeto que el buzo apartó en la inmersión anterior puede haber sido devuelto a su posición por la corriente, o puede haber migrado a una posición diferente que bloquea un acceso o crea un nuevo riesgo de enganche.
Reflotamiento del Galatea realizada por Macpherson Servicios Subacuáticos

Consecuencias sobre el buzo

Estos potenciales desprendimientos de partes de la estructura pueden ser especialmente peligrosos para los buzos, tanto por incidencia directa como indirecta. Así pues, se pueden producir las siguientes consecuencias:
Aplastamiento de extremidades. Las manos y los pies son las partes del cuerpo más expuestas, porque son las que el buzo usa para apoyarse, orientarse y manipular objetos en condiciones de visibilidad reducida.

Una pieza de masa moderada como una tapa de válvula, un tramo de tubería o un panel de cubierta que cae desde escasa altura bajo el agua puede generar fuerza de impacto suficiente para fracturar huesos o atrapar una extremidad contra otra superficie. El traje de buceo ofrece protección térmica pero no protección mecánica significativa frente a impactos.

Atrapamiento del umbilical. El umbilical es el elemento más vulnerable al desprendimiento de piezas porque ocupa espacio en el entorno del buzo de forma continua y no puede retirarse. Lo que hace especialmente crítico el atrapamiento del umbilical por desprendimiento es que no siempre genera una señal clara. Un umbilical que está pinzado por un objeto de gran masa puede estar físicamente intacto, pero totalmente bloqueado.

El buzo siente resistencia al moverse, el tender nota tensión inusual en superficie, pero identificar el punto exacto del atrapamiento y liberarlo requiere tiempo y maniobra en un entorno que puede seguir siendo inestable.

Integración en la planificación

Al preparar el plan de inmersión, ha de realizarse una evaluación específica de la estabilidad de objetos antes de cada inmersión.

No basta con evaluar la integridad estructural del buque en términos generales. La planificación debe incluir una evaluación específica de qué objetos sueltos o semifijados existen en la zona de trabajo y cuál es su comportamiento previsible.

Esto requiere que las primeras inmersiones de reconocimiento incluyan explícitamente la identificación y catalogación de estos elementos, no solo la evaluación de la geometría del espacio.

Igualmente, han de definirse claramente las zonas de trabajo y zonas de exclusión por riesgo de caída. En operaciones de superficie, las zonas de exclusión bajo cargas suspendidas son un estándar consolidado.
En buceo de salvamento, este concepto debe extenderse a las zonas donde existe riesgo de desprendimiento de piezas, como bajo cubiertas con elementos sueltos, en proximidad de tramos de tubería sin soporte o en accesos donde la perturbación hidrodinámica del paso del buzo puede desestabilizar objetos sobre él.

También es fundamental que se establezca un protocolo específico para el tender ante tensión anómala del umbilical.

El tender es, con frecuencia, el primero en detectar que algo ha cambiado en el entorno del buzo, porque siente la tensión del umbilical antes de que el buzo pueda comunicarlo verbalmente. La respuesta ante tensión anómala no puede ser tirar del umbilical para evaluar.

Si el atrapamiento es por desprendimiento de pieza, tirar puede empeorar la situación. El protocolo debe incluir comunicación inmediata con el buzo, evaluación de la posición y, si no hay respuesta, activación del protocolo de rescate.

Estos riesgos no desaparecen con la experiencia ni con el equipo. Se gestiona con reconocimiento sistemático, con humildad ante lo que no se puede ver, y con la disciplina de no asumir que un entorno que fue seguro en la inmersión anterior sigue siéndolo en la siguiente.

El estrés psicológico como factor añadido

En el salvamento existe una presión permanente hacia la eficiencia. Cada hora tiene un coste, las condiciones meteorológicas cierran ventanas de trabajo, el estado del buque puede empeorar.

Esa presión afecta a todas las fases de la operación, pero tiene consecuencias especialmente graves cuando se aplica a las inmersiones en espacios confinados.

La tentación de entrar en un compartimento sin haber completado el reconocimiento, de alargar una inmersión más allá del punto de seguridad de aire, de asumir que un espacio que parece accesible es accesible, es mayor cuando la operación lleva días y hay resultados que mostrar.

La experiencia del personal de salvamento no elimina este riesgo: en algunos casos lo amplifica, porque la competencia técnica puede reducir la percepción del peligro por debajo del nivel de precaución necesario.
El responsable de la operación debe tratar las inmersiones en espacios confinados como una categoría con sus propios criterios de autorización, independientemente de la presión general de la operación.

Si el reconocimiento no está completo, si el análisis de atmósfera no se ha realizado, si el buzo de respaldo no está en posición: la inmersión no comienza. No como opción, sino como norma de operación. Los espacios confinados en salvamento subacuático son el punto donde convergen los riesgos más graves de toda la operación.

Son también, con frecuencia, donde está el trabajo más crítico: los puntos de vaciado, los mecanismos de gobierno, las válvulas de fondo, los pasos de casco. Ignorarlos no es una opción. Tratarlos con los mismos procedimientos que el resto del buceo tampoco lo es.

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