Buzos portugueses se suman al debate europeo sobre jubilación y reconocimiento laboral
Portugal se suma al debate llevado al Parlamento Europeo
La reciente comparecencia del Sindicato Estatal de Buceadores (SEB-S) y la Patronal Española de Buceo Comercial (PESBUCO), ante la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo el pasado 23 de junio, ha empezado a generar eco más allá de las fronteras españolas. La intervención, centrada en reclamar una revisión de la protección social, la armonización de coeficientes reductores y la jubilación anticipada para el buceo profesional en Europa, ha abierto un debate que ahora empieza a movilizar a otros países del sector.
Portugal es uno de ellos. La reacción no ha tardado en llegar y lo hace desde la voz de Paulo Daniel Da Cunha Bento, buzo profesional y portavoz de un grupo de trabajadores portugueses que reconoce sentirse plenamente identificado con las reivindicaciones elevadas en Bruselas. Su diagnóstico es contundente: “En Portugal la situación de los buzos profesionales es vergonzosa. Portugal ni siquiera reconoce el buceo profesional como profesión”. Sus declaraciones, junto a una propuesta formal de reforma presentada en forma de petición pública, dibujan un escenario aún más precario que el expuesto por españoles e italianos.
Una profesión invisible para el Estado portugués
Portugal cuenta con una actividad subacuática profesional amplia y diversa. Los buzos trabajan en puertos, diques, presas, inspecciones navales, recuperación de estructuras hundidas, acuicultura y mantenimiento de cables submarinos en Azores y Madeira. “Donde haya agua, ahí estamos”, resume Bento.
Sin embargo, pese a esa transversalidad, el sector continúa sin reconocimiento oficial. No existe un código económico específico ni una clasificación profesional propia, algo que, según Bento, coloca a los trabajadores en un limbo administrativo y fiscal.
“El buceo profesional en Portugal sigue siendo un sector esencial pero invisible, atrapado entre la falta de reconocimiento, la dureza del oficio y una crisis generacional que amenaza su futuro. Somos imprescindibles en el agua, pero seguimos siendo invisibles para la administración, y eso está poniendo en riesgo el futuro de la profesión”, Paulo Bento
El problema, explica, no es solo de identidad laboral, sino también de sostenibilidad. La profesión mantiene cierto volumen de actividad, pero con un carácter estacional marcado por la dureza del Atlántico. Los inviernos reducen notablemente la operativa y obligan a muchos a depender de trabajos puntuales.
Ese contexto está generando una fuerte crisis de relevo generacional. Paulo Bento lo explica con crudeza: “Solo se quedan los más viejos”. Los jóvenes, dice, llegan con una imagen idealizada del oficio, pensando en aguas claras y buenos ingresos, pero pronto se enfrentan a la realidad: “Visibilidad cero, aguas frías, contaminación y peligro real de muerte”. El resultado es una fuga temprana de talento.
Riesgos permanentes y una red sanitaria insuficiente
Uno de los puntos más críticos del discurso portugués es el sanitario. Bento denuncia que Portugal solo dispone de tres cámaras hiperbáricas operativas para todo el país, una en Matosinhos y dos en Lisboa. Pero el verdadero problema no es solo la escasez, sino el acceso.
“No existe una línea clara de atención para accidentes de buceo”, denuncia. Eso significa que un buzo accidentado debe pasar primero por urgencias generales y esperar una posible derivación. En patología hiperbárica, donde cada minuto puede marcar la diferencia entre la recuperación o la secuela permanente, ese retraso es determinante.
A ello se suman riesgos operativos habituales: redes fantasma, estructuras pesadas, herramientas hidráulicas, corrientes y visibilidad nula. Bento recuerda que muchas veces trabajan junto a encofrados o elementos de varias toneladas: “Pueden aplastar al buzo o destrozarle parte del cuerpo”.
Pero más allá del accidente inmediato, el problema es acumulativo. Osteonecrosis, pérdida auditiva, acúfenos, fibrosis pulmonar, hernias o secuelas neurológicas forman parte del desgaste habitual de una carrera larga.
Y, pese a ello, Portugal no realiza estudios médicos específicos ni seguimientos a veteranos.

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Trabajar hasta los 66 años bajo presión
Si hay un punto que conecta directamente con la iniciativa llevada a Bruselas por el SEB y los colectivos italianos es el de la jubilación.
Portugal mantiene para los buzos profesionales la misma edad legal que para cualquier trabajador: 66 años y 9 meses. Para Bento, esto es simplemente inviable. “Un buzo con 50 años y más de 15 de profesión ya supone un riesgo para él y para todo el equipo”, afirma. El desgaste físico y neurológico acumulado convierte, a su juicio, esa permanencia prolongada en una amenaza operativa.
La reivindicación portuguesa plantea una jubilación entre los 50 y 55 años, con un mínimo de 15 años cotizados en actividad subacuática, una línea muy similar a la defendida por España e Italia, aunque en el caso portugués parten de un nivel de protección prácticamente inexistente.
Sin sindicato, pero con una voz común
A diferencia de España, donde el SEB ha logrado estructurar una representación formal, Portugal carece hoy de una organización sindical específica para el buceo profesional. Eso no significa que no exista movimiento.
Paulo Bento se ha convertido en uno de los rostros visibles de esta nueva etapa. Tras meses enviando correos y buscando interlocución política, logró reunirse con dos partidos portugueses junto a veteranos como Renato Parreira y Vítor Sousa.
Ese encuentro, asegura, marcó un punto de inflexión. “Hubo una unión nunca antes vista entre los buzos”.
Actualmente han iniciado una recogida de firmas y han elaborado una propuesta legislativa que reclama el reconocimiento formal de la profesión, una jubilación anticipada a los 50 años, bonificación del tiempo trabajado, beneficios fiscales, vigilancia médica vitalicia, seguros específicos y un protocolo sanitario prioritario para accidentes hiperbáricos.
El eco de Bruselas
La comparecencia de los representantes españoles e italianos en el Parlamento Europeo ha sido recibida con entusiasmo en Portugal. “Excelente”, responde Bento al valorar la iniciativa.
No es solo una cuestión simbólica. Para él, la acción del SEB y de los colectivos italianos ha servido para legitimar internacionalmente un problema que muchos países siguen tratando como marginal. “Estuvieron en la mayor instancia parlamentaria y se hicieron oír”, afirma.
Y comparte plenamente el diagnóstico expuesto allí: el trabajo hiperbárico genera un desgaste acumulativo que Europa todavía no ha integrado de forma homogénea en sus sistemas de protección social. “Lo que sufre el cuerpo es igual en Portugal, España, Francia, Italia, China o Estados Unidos”, subraya.
Por eso defiende que la Comisión Europea debería intervenir para obligar a los Estados miembros a establecer reglas comunes que protejan al colectivo.
Una futura alianza europea
La posibilidad de crear una plataforma europea de sindicatos, asociaciones y colectivos de buzos empieza a tomar forma. Portugal se muestra dispuesto. “Sin ninguna duda. Estamos aquí para llegar más lejos juntos”, afirma Bento.
Esa predisposición, sumada a las reacciones que también están llegando desde Francia, dibuja un escenario nuevo: por primera vez, la problemática del buceo profesional empieza a plantearse como una cuestión transnacional dentro de la Unión Europea.
“Que escuchen a quienes trabajan en el fondo de estas aguas del planeta, donde pocos se atreven a ir, para mantener funcionando infraestructuras cruciales”, reivindica Paulo Bento
Una frase que, en el fondo, conecta con la esencia de la idea llevada a Bruselas para sacar a la superficie una profesión que durante demasiado tiempo ha permanecido invisible.

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