“En uno de mis buceos, el cuchillo me salvó la vida”

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Osmel Flores, buzo comercial de Venezuela

Osmel José Flores Belisario cuenta con 35 años de experiencia en el sector del buceo industrial; todo un veterano en la profesión en Venezuela con 54 años de edad.

Cuenta que desde niño le interesó el mundo subacuático y era un fiel seguidor de los programas de Jacques Cousteau. Eso fue probablemente lo que le llevó a ingresar en la Armada y pasar la selección para instruirse como buzo naval. “Desde ese momento entendí que mi destino era el Mar; esta es mi pasión”, rememora en su entrevista a esta revista.

Comenzó su formación en la Unidad de Buceo y Salvamento de la Armada de Venezuela, certificándose como Buzo de Salvamento en 1988. Durante su servicio en la Armada, su capacitación fue enfocada en el apoyo a la flota de la Fuerza Armada Bolivariana del país y otros entes gubernamentales. Su misión fue el reflotamiento de buques, recuperación de objetos, reparaciones subacuáticas o inspecciones a estructuras sumergidas. Recuerda que fueron las operaciones donde comenzó a usar suministro de superficie con el Super Lite -27 de Kirby Morgan.

Tras de 8 años ascendió como instructor de buceo naval y pasó a la escuela de buceo y salvamento, donde estuvo más de 15 años formado a buzos navales y de salvamento.

Osmel se especializó en el uso de explosivos, como técnico hiperbárico y de salvamento, viajando por Estados Unidos y algunos países europeos como Alemania o España, en intercambios de la Armada.

Osmel se especializó en el uso de explosivos, como técnico hiperbárico y de salvamento, viajando por Estados Unidos y algunos países europeos como Alemania o España, en intercambios de la Armada.

Actualmente, sigue trabajando como buzo comercial y supervisor de buceo con suministro de superficie acreditado por el Instituto Nacional de Espacios Acuáticos (INEA) y buzo de inspección de clase certificado por la Organización Internacional de Sociedades de Clasificación (IACS).

Confiesa que sigue siendo un apasionado de la formación y la capacitación dentro del rubro.

Recuerda que en uno de sus buceos el cuchillo le salvó la vida. “En un ejercicio de remolque de un buque de la Armada venezolana, la línea de remolque se cortó y a nuestro remolcador se le enredó la línea en la hélice. Durante la maniobra de corte del cabo de 8 pulgadas, había un fuerte oleaje y la corriente fue acercando al buque a la costa. Cuando logramos zafarlo me percaté de que yo mismo estaba enredado al cabo. La costa ya estaba a 500 yardas cuando informé y necesita subir para que el capitán arrancase el barco y no embarrancar. Gracias a dios mi cuchillo estaba nuevo y logré liberarme rápido. Esto me marcó mucho, por la gran responsabilidad y reputación que tenemos los buzos de salvamento”, describe.

Recomienda a las nuevas generaciones ser disciplinados con las instrucciones, evitar la prepotencia en la profesión, no callar las situaciones o problemas que existan en el equipo y nunca ser confiado.

Al futuro le pide, seguir aportando y apoyando el buceo industrial en Venezuela y aboga por la formación y la capacitación permanente para lograr un gran nivel de seguridad, tanto de los buzos como de las empresas.

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