Cuando la regulación no aborda la realidad del problema: el buceo profesional en Chile

AUTOR: Sebastián Herrera -Consultora KASIC

En Chile, durante el primer trimestre del año 2026, dos accidentes fatales en buceo profesional volvieron a poner evidencia una realidad que el sector conoce, pero que sistemáticamente evita abordar en profundidad. Estos accidentes ocurrieron en dos rubros distintos, en industrias con dinámicas operacionales diferentes, pero que tienen un mismo patrón estructural. Ambos tienen condiciones de riesgo conocidas, pero no intervenidas de manera efectiva.

Cada vez que ocurre un accidente de un buzo, el sistema responde en base a la fórmula acción-reacción. Es decir, se buscan responsabilidades inmediatas, se revisa el cumplimiento normativo del caso concreto, se establecen hipótesis de error humano o del equipo o se apunta hacia alguna enfermedad preexistente del buzo accidentado. Como resultado, se produce un refuerzo puntual en los controles administrativos internos y fiscalizaciones de las autoridades.

Sin embargo, rara vez se centra el análisis profundo sobre las condiciones reales en las que se ejecuta el buceo, viendo más allá de ese accidente específico, ni tampoco se extrapolan las circunstancias o cadena de errores del incidente en cuestión, con otros hechos similares entorno al rubro.

No se trata de falta de información ni de diagnósticos insuficientes. Al contrario, existe claridad respecto a las causas, ya que suelen repetirse. El verdadero error está en la incapacidad de intervenir donde efectivamente se generan los accidentes

Aquí radica el problema central. No se trata de falta de información ni de diagnósticos insuficientes. Al contrario, existe claridad respecto a las causas, ya que suelen repetirse. El verdadero error está en la incapacidad de intervenir donde efectivamente se generan los accidentes, como en la operación y la cultura de seguridad, tanto en el lugar de trabajo como en lo referente a la preparación y toma de decisiones, ya sea por parte de empresas mandantes o subcontratadas.

Sebastián Herrera, fundador y gerente general de K-ASIC Consultorías.

 

Por otro lado, y en paralelo, la discusión pública o regulatoria, ha puesto énfasis en una supuesta nueva legislación para el buceo profesional. No obstante, centrar el debate en la norma desvía la atención del problema real. La accidentabilidad no responde a vacíos normativos, sino a una desconexión estructural entre lo que la normativa establece y lo que ocurre en la práctica.

Normativa y operaciones, una brecha persistente

El buceo profesional se desarrolla en entornos altamente variables, donde interactúan factores técnicos, humanos y organizacionales. A diferencia de otras actividades más controladas o con entornos más acotados, la seguridad no depende únicamente de procedimientos escritos, sino de la capacidad del sistema para gestionar el riesgo operacional en tiempo real y en equipo.

La normativa define estándares mínimos y responsabilidades, pero no controla, ni puede controlar, las decisiones que se toman bajo presión en una faena

En este contexto, la normativa cumple un rol necesario, pero no exclusivo. Define estándares mínimos y responsabilidades, pero no controla, ni puede controlar, las decisiones que se toman bajo presión en una faena. La brecha aparece precisamente ahí.

Hoy es posible encontrar operaciones que cumplen formalmente con la normativa vigente, pero que presentan condiciones de riesgo elevadas desde una perspectiva técnico-operacional. Esta paradoja evidencia uno de los principales problemas del sistema. El cumplimiento no garantiza la seguridad en la operación.

La mejora en las técnicas de buceo es aún una asignatura pendiente en el buceo de Chile

A esto se suman factores estructurales persistentes, tales como una supervisión técnica que puede resultar insuficiente o desalineada con la complejidad real de las operaciones; la planificación operacional que no siempre integra adecuadamente las variables críticas o la presión productiva que introduce una tensión constante entre cumplimiento de metas y seguridad.

Desde el punto de vista de los factores humanos, existen debilidades relevantes que también deben tenerse en cuenta. Fatiga acumulada, sobrecarga de trabajo, brechas entre certificación formal y experiencia real, malas praxis, y toma de decisiones bajo presión.

Estas variables inciden directamente en la probabilidad de error, pero no son gestionadas de manera sistemática; es decir, a nivel cultural, la seguridad sigue siendo predominantemente reactiva. Sencillamente, se aprende a partir del accidente y no antes de que ocurra. Esta lógica no solo limita el aprendizaje, sino que perpetúa la repetición de eventos similares.

Sencillamente, se aprende a partir del accidente y no antes de que ocurra. Esta lógica no solo limita el aprendizaje, sino que perpetúa la repetición de eventos similares.

Intervenir donde realmente importa

Si el objetivo es reducir la accidentabilidad en el buceo profesional, el foco debe desplazarse hacia la gestión efectiva del riesgo. El principal problema no es la falta de acción, sino la acción mal orientada.

Esto implica llevar a cabo una serie de medidas clave:

  • fortalecer la supervisión técnica en terreno.
  • mejorar la planificación operacional.
  • integrar de manera sistemática la gestión de factores humanos.
  • alinear la cultura organizacional para que la seguridad no compita con la producción.

Asimismo, es clave incorporar herramientas tecnológicas que permitan mejorar la supervisión, el monitoreo y la toma de decisiones en tiempo real.

Chile cuenta con capacidades técnicas y experiencia suficiente para avanzar hacia estándares más altos. Sin embargo, mientras la discusión continúe centrada en la norma y no en la operación, los avances seguirán siendo limitados.19

Los accidentes recientes no son hechos aislados, sino el reflejo de un sistema que no ha sido intervenido en sus dimensiones más críticas. La diferencia entre un sistema seguro y uno vulnerable no está en la cantidad de normas que posee, sino en su capacidad real de gestionar el riesgo en la operación. Ese es el desafío pendiente. La pregunta es ¿existe una voluntad real?

El uso de SCUBA o Hookah está aún muy arraigado en el sector de la salmonicultura chilena, donde se concentran muchos accidentes de buceo

Podría interesarte