Ai Futaki, la artista que encontró la luz en el fondo del mar buceando con ballenas o cocodrilos

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El agua fue el elemento que la salvó de su crisis existencial

Tras un periodo de enclaustramiento debido a una profunda crisis existencial, la artista japonesa Ai Futaki debía encontrar algo que la rescatase de ese abismo en el que se encontraba. La respuesta fue: “El agua”.

Futaki nació en 1980 en Kanazawa, un pueblo costero donde se elaboran quimonos. A los tres años comenzó a dar clases de natación y siempre había practicado deportes acuáticos. A los 22 años, en plena crisis, tomó sus ahorros y fue a Honduras a bucear. Allí revivió. Hacer fotografías y los vídeos bajo el agua fue su mejor medicina.

Más tarde se mudó a México y siguió enganchada al buceo. En un viaje a Tailandia practicó el buceo libre, la apnea, y sintió que esa experiencia, sumergirse a pulmón y convivir con la mayor delicadeza posible con la fauna, le hacía sentirse pletórica. Sus fotos con animales como ballenas o cocodrilos son pura armonía, una danza perfecta en la que parece una sirena. “Ese es mi lugar”, dice. “Nunca estoy cómoda en tierra”.

 

Un Guiness bajo el agua

En 2011 registró su nombre en el libro Guinness por ser la mujer que había buceado a pulmón la distancia más larga (90 metros) sin ayuda de aletas, récord que conserva. Ha trabajado en documentales para canales como Discovery Channel o la televisión pública japonesa NHK. Ai Futaki  imparte charlas en las que llama a que los humanos “se reconecten con el agua”. Su objetivo es ser “un puente entre el mundo submarino y el humano”. “Antes de nacer ya estuvimos sumergidos en un océano, dentro de nuestra madre. Así que estar en el agua es regresar a nuestros orígenes”, dice.

“Los lobos marinos son como perritos, juegan mucho; los delfines son como adolescentes, te miran de reojo ; las ballenas son más profundas, como abuelos que saben de todo”.

buceando con ballenas o cocodrilos

Donde se encuentra más dichosa es entre mamíferos marinos. Para sus favoritos, usa estos símiles: “Los lobos marinos son como perritos, juegan mucho. Los delfines son como adolescentes que te miran de lado pero nunca se acercan. Las ballenas son más profundas, como abuelos que saben de todo”. La apnea ha sido clave para su modo limpio y silencioso de acercarse a ellos. “Con el tanque, al respirar y al exhalar se hace ruido y salen burbujas. Por eso, cuando buceaba con oxígeno se iban los animales. Me sentía como en Japón, fuera de la sociedad”. Al prescindir de la respiración, por fin Ai Futaki se pudo sentir integrada. “Me siento parte de su mundo, un mundo donde los animales marinos cuidan de mí”.

 

FUENTE: El País y SubaQuatica Magazine

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