ADCI cierra el debate sobre el SCUBA comercial en operaciones subacuáticas

SCUBA comercial, una técnica poco segura con muchas restricciones

Pocas cuestiones dentro del buceo comercial han generado un debate tan persistente como el uso del SCUBA. Durante las últimas décadas, esta modalidad ha ido cediendo progresivamente terreno frente al desarrollo de sistemas de suministro desde superficie, cuya evolución tecnológica ha permitido realizar operaciones cada vez más complejas con mayores niveles de control, redundancia y seguridad para el personal subacuático.

Como consecuencia de esa evolución, numerosos países han restringido considerablemente la utilización de esta técnica de buceo en las operaciones comerciales o, directamente, lo han excluido de su normativa para determinadas actividades. La tendencia responde a una realidad ampliamente asumida por la industria: el suministro desde superficie proporciona mayores garantías en aspectos críticos como las comunicaciones, la supervisión continua, la disponibilidad de gas respirable y la capacidad de respuesta ante una emergencia.

La experiencia acumulada durante décadas y el análisis de numerosos accidentes han contribuido a consolidar esa filosofía preventiva. No obstante, el debate nunca ha desaparecido por completo.

En determinados países y bajo circunstancias muy específicas, algunas empresas continúan recurriendo al SCUBA para operaciones de inspección o trabajos en entornos donde el despliegue de un sistema de suministro desde superficie puede resultar técnica o logísticamente muy complejo.

Son escenarios excepcionales, pero suficientes para mantener viva una discusión que trasciende el propio equipo de buceo y alcanza cuestiones tan relevantes como la evaluación de riesgos, la formación de los profesionales y los criterios de seguridad aplicables a cada operación.

En este contexto, la permanencia del SCUBA Comercial dentro de las Consensus Standards de la Association of Diving Contractors International (ADCI) continúa suscitando interrogantes sobre cuál debe ser su verdadero papel dentro del buceo comercial moderno. ¿Por qué sigue contemplado en el estándar? ¿En qué circunstancias puede utilizarse? ¿Qué requisitos deben cumplirse para justificar su empleo? ¿Y cuáles son sus límites operativos?

Con el propósito de responder a estas preguntas, el vicepresidente del Capítulo Latinoamericano y del Caribe de ADCI, Hernán Rodríguez, de HS Water Solutions, ofreció recientemente una conferencia técnica en la que analizó en profundidad el contenido de la versión 6.5 de las Consensus Standards relativo al buceo autónomo comercial. Lejos de reabrir un debate entre partidarios y detractores del SCUBA, el objetivo de la sesión fue aclarar qué establece realmente el estándar, cómo debe interpretarse y por qué, en la práctica, su utilización queda reservada a situaciones muy concretas y rigurosamente justificadas.

La posición oficial de ADCI sobre el SCUBA Comercial

Antes de comenzar la exposición es necesario tener en cuenta la postura de ADCI sobre el SCUBA Comercial, emitida a través de una carta firmada por su director ejecutivo de la Association of Diving Contractors International (ADCI), Phillip Newsum.

El documento recuerda que el apartado dedicado al Self Contained Breathing Apparatus (SCUBA) define de forma precisa los requisitos mínimos de personal, operación y equipamiento necesarios para realizar inmersiones comerciales con este sistema. Sin embargo, insiste en que “el SCUBA Comercial no debe emplearse en operaciones de buceo industrial salvo cuando pueda demostrarse, mediante una adecuada evaluación de riesgos, que ofrece un nivel de seguridad igual o superior al del suministro de aire desde superficie”.

Además, también aclara un aspecto que con frecuencia genera confusión y especifica que “ninguna certificación de buceo recreativo, independientemente de su nivel, constituye formación válida para el ejercicio del buceo comercial”. En consecuencia, todo el personal que participe en operaciones comerciales con SCUBA debe estar certificado por ADCI como buzo profesional.

Finalmente, Newsum recuerda dos limitaciones especialmente significativas. El SCUBA comercial no puede utilizarse en trabajos de mantenimiento subacuático de buques (Underwater Ship Husbandry) ni en operaciones de construcción que requieran el empleo de herramientas subacuáticas, dos de los escenarios de mayor riesgo dentro de la actividad profesional.

Así pues, la carta reafirma la línea que ADCI viene defendiendo desde hace años: el SCUBA Comercial sigue contemplado dentro de las Consensus Standards, pero únicamente como una solución excepcional, sometida a estrictos requisitos técnicos y operativos, y nunca como una alternativa general al suministro desde superficie.

¿En qué casos excepcionales podría usarse el SCUBA Comercial?

A diferencia de otras normativas nacionales que han restringido o prohibido el uso del SCUBA Comercial en determinadas actividades de buceo profesional, las Normas de Consenso mantienen esta modalidad dentro de su marco normativo. Su presencia en este documento responde a la necesidad de regular aquellas operaciones excepcionales en las que el acceso al lugar de trabajo, las características del entorno o determinadas limitaciones logísticas dificultan el empleo de un sistema convencional de suministro desde superficie.

Es decir, pueden existir situaciones muy concretas en las que, tras una evaluación rigurosa de los riesgos, el empleo de un sistema autónomo resulte la opción más adecuada. Para ello, el contratista debe demostrar que esta ofrece un nivel de seguridad igual o superior al que proporcionaría una operación realizada con suministro desde superficie. El SCUBA Comercial no constituye una alternativa por razones económicas, de comodidad o de rapidez, sino únicamente cuando el análisis de riesgos justifica técnicamente su utilización.

Para ello, el estándar exige una planificación detallada de la operación y una evaluación de riesgos que tenga en cuenta las características del entorno, el acceso al lugar de trabajo, los medios disponibles y la capacidad de respuesta ante una emergencia. Solo a partir de ese análisis puede justificarse el empleo de un sistema autónomo.

“En la práctica, estos escenarios suelen limitarse a determinadas inspecciones en pilotes, puentes o estructuras situadas en lugares de difícil acceso, donde la movilización de un sistema convencional de suministro desde superficie puede resultar especialmente compleja. Incluso en estos casos, el estándar considera el SCUBA Comercial una solución excepcional y no una alternativa habitual para el buceo comercial”

ADCI propone la seguridad es un sistema de trabajo donde esta no depende únicamente del buzo, sino del sistema que lo rodea. Esa filosofía explica por qué el suministro desde superficie constituye el modelo de referencia para el buceo comercial y por qué el SCUBA Comercial queda sometido a condiciones mucho más restrictivas.

Frente a la autonomía propia del SCUBA Comercial, el suministro desde superficie incorpora varias capas de protección adicionales. Así pues, dispone de uno o varios sistemas alternativos de respiración capaces de mantener el suministro de gas si falla el sistema principal, supervisión permanente, comunicaciones continuas y la disponibilidad inmediata de un buzo de reserva. El objetivo es que la respuesta ante cualquier incidencia no dependa exclusivamente de la actuación del buzo, sino de un sistema diseñado para anticiparse al fallo y minimizar sus consecuencias.

¿A qué operaciones se limita? Si algo caracteriza al tratamiento que ADCI hace del SCUBA Comercial es el amplio conjunto de limitaciones que acompañan a su utilización. Entre ellas, fija una profundidad máxima de 30 metros, restringen las inmersiones a los límites de no descompresión y prohíben operar con corrientes superiores a un nudo o durante la noche.

Las restricciones se amplían cuando se analiza el entorno de trabajo. El estándar prohíbe expresamente las inmersiones de penetración, los espacios confinados, las zonas con riesgo de Delta P, los trabajos en obras de construcción activas y las operaciones de Underwater Ship Husbandry, además del uso de herramientas hidráulicas, neumáticas o eléctricas.

En conjunto, estas limitaciones reducen su empleo a operaciones muy concretas, principalmente trabajos de inspección y documentación, alejándolo de la mayoría de las actividades habituales del buceo comercial. Las Normas define con precisión el reducido espacio operativo donde su utilización puede justificarse sin comprometer los niveles de seguridad exigidos por ADCI.

El SCUBA comercial y el personal de la operación

Una de las ideas que más se repitió durante la conferencia fue la necesidad de aclarar que el SCUBA Comercial contemplado por el Consenso de Normas no es el mismo que utiliza un buceador recreativo. Aunque ambos comparten el principio de respirar a partir de un suministro autónomo de gas, las similitudes prácticamente terminan ahí.

ADCI exige una configuración específicamente diseñada para el trabajo profesional. El buzo debe disponer de una fuente principal de gas y otra completamente independiente para emergencias (bailout), ambas conectadas mediante un bloque de conmutación que le permita seleccionar de forma inmediata el suministro respiratorio. Cada sistema debe contar con su propio regulador y manómetro independiente, garantizando en todo momento el control de la presión disponible.

A ello se suma el uso de máscaras faciales completas con comunicaciones, chalecos compensadores adaptados al trabajo profesional, arneses, sistemas de señalización y otros elementos de seguridad que no forman parte de la configuración habitual del buceo recreativo.

“El SCUBA comercial de ADCI deja de ser un equipo ligero pensado para la autonomía del buzo y pasa a convertirse en un sistema altamente protocolizado, concebido para integrarse dentro de una operación de buceo comercial donde la seguridad continúa siendo el objetivo prioritario”

Pero las exigencias no se limitan al equipamiento y establece también unos requisitos mínimos de personal que ponen de manifiesto otra diferencia fundamental respecto al buceo recreativo: una inmersión comercial con SCUBA nunca depende exclusivamente del buzo que trabaja bajo el agua.

Como norma general, la operación debe contar con un supervisor de buceo, un buzo operativo, un buzo de reserva (stand-by diver) preparado para intervenir de inmediato y el personal de apoyo necesario para asistir la inmersión. Es decir, el personal mínimo para una operación de buceo con SCUBA comercial es de 4 profesionales en dichos roles. Cuando el buzo no permanece conectado a superficie mediante una línea de vida, el estándar exige además que trabaje acompañado por otro buzo, manteniendo contacto visual o físico permanente.

Durante la conferencia se insistió especialmente en que estos requisitos representan el mínimo exigido por las Normas de la asociación. Cada operación debe analizarse individualmente y, si las condiciones del trabajo lo requieren, incrementar tanto la dotación de personal como los medios disponibles.

Como adelantábamos anteriormente, la seguridad no depende únicamente del equipo que porta el buzo, sino del conjunto de personas que supervisan, apoyan y están preparadas para responder ante cualquier emergencia. Incluso cuando se utiliza un sistema autónomo, el trabajo sigue siendo el resultado de una operación coordinada desde superficie.

La formación y experiencia en la industria

Uno de los aspectos que más consenso generó durante la conferencia fue la importancia de la formación. Las Normas de Consenso establecen los requisitos mínimos para operar con SCUBA en el ámbito comercial, pero su correcta aplicación depende, en gran medida, de que los profesionales comprendan la filosofía que hay detrás de cada procedimiento.

En este sentido, el debate que las empresas mantuvieron tras la exposición, cabe destacar dos ideas básicas directamente relacionadas con la aplicación y el desarrollo de las normativa que ADCI exige a las empresas miembro y recomienda al resto de compañías de la industria:

La primera de ellas es la necesidad de homogeneizar la enseñanza del SCUBA comercial entre las escuelas acreditadas por ADCI. Los participantes coincidieron en que la formación no debe limitarse al conocimiento del equipo, sino incluir la planificación de la inmersión, la evaluación de riesgos, la configuración del sistema, las comunicaciones y, especialmente, los procedimientos de emergencia.

En este sentido, también se insistió en diferenciar claramente el buceo recreativo del SCUBA comercial. Mientras el primero persigue desarrollar la autonomía del buceador en un entorno deportivo, el segundo forma parte de una actividad industrial donde cada procedimiento responde a criterios de seguridad operacional. Por ello, las certificaciones recreativas no son reconocidas por ADCI como formación válida para el ejercicio del buceo comercial.

“Formar a un buzo comercial no consiste únicamente en enseñarle a trabajar bajo el agua, sino en prepararlo para tomar decisiones seguras dentro de un sistema de trabajo mucho más complejo”

La segunda idea se centra en la naturaleza de las Normas de Consenso. Su contenido no es pura teoría, sino fruto de décadas de experiencia acumulada por contratistas, supervisores, fabricantes, instructores e investigadores que han analizado la evolución del buceo comercial y las causas que han estado detrás de numerosos accidentes.

Varias de las intervenciones recordaron que muchas de las limitaciones actuales nacieron precisamente tras estudiar incidentes ocurridos durante operaciones reales. La prohibición de determinadas actividades con SCUBA, la exigencia de sistemas redundantes o la incorporación de procedimientos cada vez más estrictos responden a lecciones aprendidas por la industria a lo largo del tiempo.

Varios responsables de empresas miembro de ADCI se pronunciaron al respecto del uso del SCUBA, con una opinión crítica sobre la utilización de una técnica que consideran fuera del cánones de seguridad que la entidad recomienda. Puedes conocer sus opiniones en el siguiente artículo: Opiniones sobre el uso de SCUBA Comercial.

Especialmente significativa resultó la reflexión compartida por algunos de los profesionales con mayor trayectoria, quienes defendieron la necesidad de transmitir esa experiencia a las nuevas generaciones. Más allá de la técnica o del conocimiento del estándar, la seguridad también se construye a partir de situaciones vividas, errores analizados y decisiones que han contribuido a mejorar la forma de trabajar bajo el agua.

En definitiva, no son un documento estático y constituyen la expresión de una experiencia colectiva que continúa evolucionando al mismo ritmo que lo hace la propia industria.

Conclusiones

Después de analizar el tratamiento que las Normas de Consenso hacen del SCUBA Comercial, queda claro que el debate no gira en torno a una técnica de inmersión, sino a un modelo de seguridad. ADCI mantiene el SCUBA dentro de su estándar porque reconoce que existen operaciones muy concretas en las que puede estar justificado, pero limita su utilización a escenarios excepcionales y siempre condicionados a una rigurosa evaluación de riesgos.

En realidad, el mensaje de las Normas de Consenso es mucho más amplio que decidir si el SCUBA está permitido o prohibido. Su filosofía parte de la idea fundamental de que la seguridad no depende únicamente del equipo utilizado, sino de un sistema de trabajo capaz de anticipar los riesgos, responder ante los fallos y proteger al buzo en cualquier circunstancia. Esa es la razón por la que el suministro desde superficie continúa siendo el modelo de referencia para el buceo comercial.

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